La transición española como modelo para Venezuela
Quienes protagonizamos la transición española desde la dictadura franquista a la democracia vemos signos alentadores en los primeros movimientos de la nueva presidenta venezolana


Nadie sabe cómo será la transición democrática de Venezuela después del asalto de Trump. Tampoco sabemos si Estados Unidos se esforzarán en ello, una vez bajo su control la recuperación petrolera y la estabilización económica. Lo que parece incuestionable es que se ha abierto un horizonte político hacia la normalización democrática llena de incertidumbres, dificultades y esperanzas.
Quienes protagonizamos la transición española desde la dictadura franquista a la democracia, aquellos años setenta del pasado siglo, vemos signos alentadores en los primeros movimientos de la nueva presidenta y apreciamos ciertas semejanzas con la hoja de ruta que guio -con éxito- nuestro proceso. Recordarla y adaptarla, puede ser útil para ese atribulado pueblo.
- ¿Quiere ser Delcy Rodríguez el Suárez español de los setenta? La presidenta encargada parece empeñada en dirigir al chavismo hacia el juego democrático limpio, pretendiendo con ello evitar un final traumático y el desmoronamiento político del chavismo y jugar así sus propias opciones en unas elecciones libres. Aprovecha para ello la confianza pragmática que el Gobierno norteamericano ha depositado en ella, aplica las instrucciones energéticas y económicas que le dicta Washington y comienza un proceso de normalización democrática con la liberación de presos políticos y la promulgación de una amnistía.
Salvando otras evidentes diferencia, esa estrategia se parece mucho a la del joven presidente español que desde el aparato del régimen quería avanzar hacia la democracia con la intención de aprovechar su ventajosa posición en el gobierno para ganar las primeras elecciones democráticas. Es un movimiento tan oportunista como necesario, pero nosotros no olvidamos que la primera condición del éxito español es que hubo alguien en el franquismo que quiso acabar con él.
- ¿Quiere la oposición venezolana pactar una hoja de ruta hacia un nuevo comienzo democrático?Nosotros exigimos libertades democráticas, legalización de todos los partidos, igualdad de condiciones y limpieza en el juego electoral y una convocatoria para elegir un parlamento democrático.
Ese pacto en la Venezuela de hoy, exige garantías plenas para que todos los partidos políticos sean legalizados, para que todos los líderes y representantes políticos gocen de plenos derechos para el ejercicio de su acción política en el interior del país y para que se eliminen las arbitrarias limitaciones que han sufrido sus candidaturas ante la justicia electoral. En pocas semanas, los líderes y sus partidos volverán a la escena democrática y un pacto sobre el proceso es imprescindible.
El pacto, por eso, exige fijar una fecha para las elecciones a la Asamblea Nacional. Estas elecciones son básicas en la Venezuela de hoy porque es preciso saber el peso electoral de las fuerzas políticas. Al respecto, conviene recordar que tras el triunfo de Edmundo González y María Corina Machado el 28 de julio de 2024, había una plataforma de fuerzas políticas diversas que tienen tanto derecho como el candidato a atribuirse a aquel triunfo colectivo y que objetivamente hoy no se sienten representadas por las decisiones de la señora Machado, de manera que es imprescindible clarificar el peso electoral de cada fuerza política en el seno del país.
- La amnistía del pasado. La nueva Asamblea tendrá toda la legitimación para adoptar una decisión necesaria: el perdón del pasado. Se trata de construir un futuro común, sin agravios ni venganzas, sin olvidar, pero perdonando. Una Venezuela de todos y para todos que supere estas dos décadas sin exigencias penales para nadie y que aborde una etapa de reconciliación nacional con memoria, pero sin heridas abiertas. En España también hubo dos leyes de amnistía: una antes de las primeras elecciones democráticas y otra, recién celebradas estas, que abordó la condición necesaria de reconciliación nacional: el perdón del pasado.
- Esa Asamblea decidirá soberanamente si se proclama Constituyente y elabora una nueva Constitución, que en su caso, sería consensuada en su seno y sometida a referéndum del pueblo para su ratificación.
En ese caso, las elecciones presidenciales deberían ser convocadas inmediatamente después de ese referéndum, al mismo tiempo que las elecciones para una nueva Asamblea Nacional, esta vez elegida ya sobre la base de la nueva Constitución aprobada.
Si la voluntad mayoritaria de las fuerzas políticas entiende que no es necesario un proceso constituyente porque la actual Constitución es válida para guiar la convivencia democrática, la Asamblea Nacional debería dar lugar a un gobierno de concentración en proporción a las fuerzas representativas de los principales partidos. La tarea de ese gobierno sería la convocatoria de las próximas elecciones presidenciales, así como la de las elecciones locales a alcaldes y gobernadores.
Este esquema es solo una sugerencia. La clave, más allá de los detalles, es el diálogo entre los actores políticos internos del país que dé lugar a un pacto sin tutelas y que permita recuperar así la soberanía democrática de Venezuela sobre el futuro del país.
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