Entre oraciones y votos, las iglesias evangélicas entran en la recta final de la campaña
A 10 días de las elecciones legislativas, varios candidatos hacen campaña entre cultos, líderes religiosos y estructuras de congregación


Dos vallas de gran formato de candidatos del partido Salvación Nacional flanquean la entrada de la sede de la Misión Carismática Internacional (MCI), una de las iglesias evangélicas con mayor influencia en Colombia. En el interior, la publicidad política de la pastora Sara Castellanos, senadora por el Partido Liberal, se entrelaza con los mensajes religiosos del famoso templo. El púlpito que han ocupado por años sus padres, el pastor César y la exsenadora Claudia de Castellanos, se convierte también en tarima, en un espacio desde el que se predica la fe y se proyectan consignas que amplifican la visibilidad de las campañas políticas ante una congregación cautiva. A 10 días de las elecciones legislativas, la contienda electoral se juega también desde el altar.
De acuerdo con la página Voto Cristiano, al menos 33 candidatos a la Cámara y el Senado se identifican como evangélicos. Diez de ellos tuvieron el aval del tradicional Partido Conservador; nueve están inscritos en el pequeño pero creciente Salvación Nacional, el partido que avaló al candidato presidencial ultraderechista Abelardo de la Espriella; seis están en el Centro Democrático, el partido del expresidente de derecha Álvaro Uribe Vélez. Todos, en respuestas cortas que entregaron a esa plataforma, aseguran estar en oposición a derechos constitucionales como el aborto, y mencionan “la ideología de género”, un término difuso que se utiliza para desestimar la diversidad sexual, como un riesgo “cuando se hace la imposición desde el Estado”.
En la recta final de la campaña, distintos candidatos han desfilado por templos evangélicos en varias ciudades del país. Allí participan en cultos, reciben oraciones públicas o incluso toman la palabra ante los asistentes. La más visible es Castellanos, quien no abandona su trabajo como líder religiosa de MCI, una congregación consolidada bajo el modelo de los 12 apóstoles, lo que se traduce en tener 12 líderes que, en época electoral, se convierten también en parte del equipo de campaña, sin una remuneración a cambio. Óscar Guzmán, uno de los fieles, explica que “no es que estemos contratados por la campaña, algunos de los voluntarios siguen ejerciendo sus actividades diarias”.

La iglesia MCI tiene una larga trayectoria de participación política que le ha valido una representación en el Congreso durante buena parte de las últimas tres décadas. Durante los servicios, la presencia de las aspirantes es frecuente: suben al escenario, son mencionadas desde el micrófono, circulan en volantes de campaña entre los asistentes. Guzmán defiende ese activismo dentro del templo. “Encontramos en la participación política una oportunidad para establecer los principios de justicia, verdad, fe y amor que nos representan. Nunca hay una exigencia de un número [de votantes] con el que se deba cumplir. Los líderes que nos identificamos con nuestras candidatas vamos a trabajar por la mayor cantidad de votos posibles”.
En ese templo aterrizó De La Espriella, quien ha hecho una suerte de gira religiosa por Colombia. En enero pasado, el candidato llegó al templo en medio de la Convención Internacional G12, un evento anual de la congregación en la que resaltó, desde el altar, que “la lucha no es solo política, sino también espiritual”. Llegó en medio de un culto junto a Enrique Gómez, director y cabeza de la lista al Senado de Salvación Nacional. El aspirante presidencial agradeció a los pastores y afirmó que obedece a un llamado especial. “Yo tuve la fortuna de ser llamado por Dios hace cinco años y él me ha guiado hasta este momento”. Durante 40 minutos, el culto religioso se convirtió en un evento de campaña.
De la Espriella explica que hasta hace cinco años se identificaba como ateo. Su conversión ha sido una bandera electoral. Durante la primera semana de febrero también visitó la icónica y católica Basílica de Buga, en el Valle del Cauca. En la Costa Caribe, el pastor Miguel Arrázola, el más influyente de Cartagena y quien se hizo famoso en 2020 por pedir recibos de los diezmos en medio de la pandemia, ya ha adherido a su campaña, afirmando que Abelardo, como se le conoce, es “un designio de Dios” y “el cirio que necesita el país”.
El abogado no es el único aspirante en busca de votos entre la fe. También ha hecho campaña en iglesias evangélicas el senador ultraconservador Jota Pe Hernández (Alianza Verde), quien estuvo los primeros días de febrero en la iglesia Centro Mundial de Avivamiento, en Bogotá. Allí aprovechó el saludo del pastor Ricardo Rodríguez para grabar un video que acumula más de 100.000 visualizaciones en sus redes sociales. “Creo que ha sido el senador más guerrero. Él no está aquí por votos, está aquí porque es miembro de Avivamiento”, dijo el líder espiritual frente a 15.000 creyentes. El pastor negó estar haciendo proselitismo, y luego dijo: “Necesitamos a los nuestros allá. Así que vamos a apoyar a los nuestros”.
En ese mismo templo, otro de los más grandes de Colombia, también han estado los candidatos Lorena Ríos y Ricardo Arias Macías, del partido cristiano Colombia Justa Libres. La presencia de aspirantes en estos espacios religiosos es recurrente en las temporadas electorales, pero ha levantado ampolla incluso en la misma derecha. El concejal Daniel Briceño, también cristiano y candidato a la Cámara de Representantes por Bogotá en el uribista Centro Democrático, ha criticado abiertamente esa estrategia. “La gente llega a las iglesias a veces muy triste o muy preocupada buscando una solución o una salida, y lo primero que hacen es subirle un político a la tarima. Eso es un grave error”, señala.
Según él, hay una mayoría silenciosa de cristianos que rechaza la mezcla de cultos religiosos y campaña política. “Esos lugares son sagrados y no son para la política. Pero son sitios cómodos para los políticos de púlpito porque la logística ya está puesta: hay un escenario montado, una cantidad de gente reunida, un nicho político alineado con uno. Hay efectividad”, advierte. En su crítica, desde un partido que compite con De la Espriella por tener la candidatura más viable en la derecha, dice que el político no necesita montarse en más tarimas de iglesias para ganar los votos religiosos. El candidato ultra, sin embargo, sigue sumando templos a su agenda de campaña.
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