La agenda de género de Paloma Valencia y Vicky Dávila: las candidatas de la derecha apelan al liderazgo de la matriarca
Aunque ninguna de las dos se identifica como feminista, y difieren en sus posturas frente al aborto, concuerdan en exaltar el perfil de las madres en la competencia por ser la primera mujer presidenta


La agenda por la igualdad de género en Colombia siempre ha estado más cercana a sector más progresista del país, y varios movimientos de mujeres aún hoy se sienten más afines a ese lado del espectro político. Pero, en la actual contienda electoral donde hay cinco mujeres compitiendo por la presidencia, hay dos candidatas en la derecha política de Colombia que, si bien no apelan al feminismo, sí apelan a lo que consideran son las cualidades de ser gobernados por una mujer. Especialmente, por una madre. La experiodista de la revista Semana, Vicky Dávila, y la senadora Paloma Valencia, tienen altas posibilidades de ganar la Gran Consulta de los nueve candidatos de la derecha, y compiten también para convencer a los colombianos de reemplazar el poder de un patriarca, el como del expresidente Álvaro Uribe Vélez al que ambas admiran profundamente, por el de una matriarca.
“No me considero feminista en el sentido de que el feminismo se ha vuelto parte de la izquierda, y yo no desprecio a los hombres, ni considero que el aborto sea un derecho”, dijo la senadora Paloma Valencia a EL PAÍS, en referencia a la sentencia de la Corte Constitucional del 2022 que despenalizó el aborto hasta la semana 24 de embarazo. En el pasado ha explicado que eso no implica que quiera criminalizar a las mujeres que aborten, pero sí implica que solo apoya esa decisión de abortar en las tres causales que antes había establecido la Corte (cuando hay un abuso, o riesgo en la vida de la madre o del feto).
Sin embargo, al mismo tiempo que Valencia no se identifica como feminista, ni carga la bandera del derecho, sí defiende la igualdad de derechos para las mujeres, la que es técnicamente es la bandera del feminismo. “Yo tengo el gran honor de ser sobrina-nieta de Josefina Valencia, que logró concretar el derecho al voto de las mujeres”, afirma sobre quien fue exgobernadora del departamento del Cauca y exministra de educación en el siglo XX. “Una líder como ella no surge en una familia que no entienda la importancia de la reivindicación de las mujeres. Yo no me identifico con todos los postulados feministas, pero sí con la lucha por los derechos de las mujeres para tener una sociedad con igualdad de derechos”.
Pasa algo parecido con Vicky Dávila frente al feminismo. Si bien no menciona al movimiento como asociado a la izquierda, no se apropia tampoco de la palabra feminista, a pesar de que afirma defender la igualdad de género. “No me importa cuál es el nombre que se le ponga a eso, califíquelo como quiera”, dice a EL PAÍS. “Me gusta la equidad, pido que nos respeten, que nos valoren, que nos dejen competir, que no nos paguen menos”, añade. Le parece ofensiva la ley de cuotas del 30%, que obliga a tener al menos un tercio de ministras mujeres, porque no va suficientemente lejos: “yo tendría un 40 o 50%”.
Frente al aborto, Dávila tiene una postura más liberal de lo que suele mostrar ante las cámaras desde que se lanzó a la contienda electoral como una opción conservadora. “Yo respeto lo que la Corte ha dicho”, afirma en referencia a la sentencia del 2022. “Esa es una lucha de muchas mujeres, y un gobernante no puede gobernar con sus sentimientos. Si me preguntas si me he hecho un aborto, te digo que no, que tengo dos hijos que amo con toa mi alma. Pero no juzgo a esa mujer que toma esa decisión. Además siempre la sociedad a criminalizar a la mujer y ¿dónde está el papá que abandona a su hijo? No me gusta ahondar en este tema, pero respeto lo que dice la Corte Constitucional".
“Creo que las mujeres de las élites políticas se avergüenzan del feminismo, cuando su liderazgo es producto de ese proceso de emancipación de las mujeres, pero alguien como Vicky Dávila dice más bien que ella fue hecha a pulso”, considera Rocío Pineda, analista y activista feminista quien fue cofundadora de la Red Nacional de Mujeres. “Muchas mujeres en la política tienen temor a llamarse feministas porque eso se traduce en ser insultadas de lesbianas, de bigotudas, de feminazis. Las feministas ya estamos acostumbradas a esos epítetos, pero ellas dos no fueron formadas en el feminismo, más bien vienen impulsadas por hombres en la política o en las empresas”, añade.
La palabra de la que se apropian con más seguridad, si bien no es el feminismo, es la maternidad. Las dos candidatas apelan a la maternidad como símbolos de su liderazgo. “Si las mujeres somos capaces de parir, somos capaces de todo”, dice Dávila, quien asocia ese liderazgo con “ser disciplinada, trabajadora”. “Yo haría un gobierno maternal, porque Colombia necesita a alguien que la cuide, que la corrija, que imponga disciplina”, añade. “Yo me siento representante de la mayoría de las mujeres de este país, que somos mamás que solo queremos sacar a nuestros hijos adelante. Yo acá soy candidata presidencial y al mismo tiempo sé donde están mis hijos en todo momento”.
Paloma Valencia hace eco a la misma imagen de una matriarca, la mujer que sola ha puesto la casa en orden, a pesar del desorden masculino. “Yo creo que las mujeres somos capaces de organizar la casa, de ahorrar, somos capaces de imponer disciplina con afecto. Esas son todas virtudes que hoy el país necesita. Yo creo que un gobierno de una mujer, para Colombia, sería algo transformador”, dice a EL PAÍS. “Tenemos un país que ha sido gobernado 200 años por hombres y creo que estamos en nuestro legítimo derecho de aspirar a que una mujer pueda gobernar”.
Para Pineda, de la Red Nacional de Mujeres, este de la maternidad “es un discurso muy tradicional en la política, porque las mujeres son reconocidas no en cuanto sujetos y pares en la escena pública, sino en cuanto madres, como madres sacrificadas y como invaluables”.
Es un discurso sutilmente distinto al que tiene otra candidata mujer en la contienda, la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, más cercana al centro político. “Nosotras las mujeres nos enorgullecemos mucho de ser madres cabeza de familia, pero eso es una sobrecarga brutal”, dijo recientemente en una entrevista al diario El Espectador. No brutal porque rechaza la maternidad, pero porque la entiende como un rol que ha sido económico y que en muchos momentos ha limitado el rol público. López, en la alcaldía, buscó fortalecer unas ‘Manzanas del Cuidado’, instituciones donde se permita a las mujeres madres tener un apoyo en el cuidado de sus hijos, además de otros trabajos del hogar, para que la maternidad no sea un obstáculo.
Distinto también al discurso de Clara López, exministra de trabajo de Gustavo Petro, quien recientemente resaltaba para la revista Cambio las políticas del actual gobierno para reconocer económicamente “la carga doméstica que sumen muchas mujeres”. Políticas como reconocer, en la última reforma pensional, 50 semanas de trabajo en el sistema de pensiones por cada hijo que las madres han cuidado. Ninguna de las dos se perfila como una matriarca.
Vicky Dávila y Paloma Valencia han hablado más sobre cómo darle más trabajo a las mujeres sobrerepresentadas en la informalidad: cómo atacar la brecha salarial entre hombres y mujeres en el mercado, o cómo darle más oportunidades de estudio a las niñas que quieran liderar en el mundo del trabajo. Pero feministas o no, pro aborto o no, énfasis en la economía del cuidado o en la búsqueda del empleo, ninguna candidata niega lo evidente: que sería un hito para Colombia ser liderada por una mujer por primera vez.
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