Claudia López: “La candidatura y la presidencia son solo un paso para construir la socialdemocracia colombiana”
La anterior alcaldesa de Bogotá reclama como propio el espectro de centroizquierda en una campaña marcada por la dispersión. “Llevo 40 años en esta tarea, aunque inicialmente no lo supiera”, explica

Los colombianos no están obligados a escoger entre el candidato de Gustavo Petro y el de Álvaro Uribe, defiende con vehemencia Claudia López (Bogotá, 55 años), quien lanzó su aspiración, independiente y por firmas, a la Presidencia de Colombia. A ambos los critica sin tibieza. La primera mujer elegida en las urnas como alcaldesa de Bogotá postula la necesidad de una socialdemocracia en Colombia en esta entrevista con EL PAÍS, que atiende en la sala de su apartamento en el tradicional barrio de Chapinero.
Hija de una maestra, López se comenzó a involucrar en la vida pública con el movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta, que desembocó en la Constitución de 1991. Profesional en Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales, con una maestría en Administración Pública y un doctorado en Ciencia Política en universidades estadounidenses, se dio a conocer como investigadora cuando, al estudiar votaciones atípicas, destapó a partir de 2004 los vínculos de políticos con grupos paramilitares y narcotraficantes, antes de incursionar en el terreno electoral como senadora y alcaldesa.

Pregunta. La derecha la critica con insistencia por haber votado en su momento por Gustavo Petro. ¿En qué momento decidió dejar de apoyarlo?
Respuesta. Una las cosas que me enorgullece es que la derecha me da bala, y la izquierda también. Eso me hace sentir tranquila. Es el espacio que llevo 10 años tratando de abrir en la política colombiana, uno en el que ni los violentos con sus fusiles, ni los narcos y corruptos con su billete, nos impongan el país que tenemos. Esa ha sido mi vida entera, como ciudadana y como política. Yo siempre he votado por el cambio, soy una ciudadana que viene de abajo, hecha a pulso, en un país que tiene casi nula movilidad social. Si no eras el hijo de no-sé-quién, no tenías el menor chance de nada hasta la Constitución del 91. Me siento muy orgullosa de la evolución de Colombia, y de mi historia en ese recorrido. Abrir ese espacio ha sido muy duro. Todo esto para explicar lo de 2022. Yo me hubiera podido esconder, escudada en que era alcaldesa, pero hubiera sido hipócrita. Yo realmente estaba contenta con la victoria de Petro. El cambio seguía adelante, la apertura democrática daba un salto, cuantitativo y cualitativo. Claro, que embarrada que no lo dio en cabeza del espectro partidario que yo había tratado de construir, el Verde. El Pacto Histórico era en ese momento mi oposición en la Alcaldía y mi relación con Petro siempre ha sido muy tensa. Siempre. Entonces mi celebración era como ciudadana. La élite no me perdona mi alegría. No me importa; yo no nací para consentir a la élite colombiana, sino para defender e incluir a la gente.
P. La relación sigue siendo tensa...
R. Petro es un pequeño Napoleón y todo el mundo cree que en este país hay que ser petrista o uribista. El poder político quiere que creamos que el mundo se divide en dos y tenemos que escoger entre ellos. Eso es falso. Ahí encuentro una enorme oportunidad. La veo en la calle, en las encuestas: la mayoría de la gente está buscando una alternativa a Uribe y a Petro. No la ve, y no la va a ver hasta cuando haya menos de diez candidatos, pero la está buscando. Espacio sí hay. A nosotros se nos ha ido la vida tratando de domesticar a los unos y a los otros. Ahora es nuestro turno. Mi responsabilidad es abrir lo que en otros lugares llamarían la socialdemocracia. Siento que es mi papel en esta elección. Y me encanta.
P. Usted fue parte del movimiento estudiantil que desembocó en la Constitución de 1991. ¿Qué piensa ahora cuando escucha al presidente invocar una y otra vez un nuevo proceso constituyente?
R. Es parte del populismo sectario, muy decadente, en el que ha caído Petro. No solamente que en sus memorias sugiera que Antonio Navarro era neoliberal, sino que ahora se quiere tirar hasta la Constitución del 91. Él no existiría en la política colombiana, posiblemente estaría muerto, política y físicamente, si no fuera por la Constitución. Como no le pasaron sus reformas a la berraca, como quería, ahora se quiere jugar a la ruleta la democracia colombiana. Nos ha costado 40 años, sangre, sudor y lágrimas, hacer una democratización institucionalizada. No vamos a arriesgarla por la ambición de un populista de atornillarse en el poder. Es una irresponsabilidad suprema con la gente que dice representar.

P. La izquierda y la derecha han construido partidos, estructuras ¿cómo crear la socialdemocracia fuera de ellos?
R. En la derecha había muchos partidos difusos hasta que se organizó el Centro Democrático, que remplazó a un Partido Conbsverador convertido en una asociación de manzanillos. En la izquierda, el Pacto Histórico existe porque el Partido Liberal dejó de representar las causas progresistas, sociales y democráticas. Lo mismo pasa en el espectro de la socialdemocracia, donde el Verde ha tratado de ocupar ese espacio pero se convirtió en un atrapatodo sin identidad. Creo que este ciclo, las elecciones nacionales de 2026 y las locales de 2027, son nuestro turno. Es nuestro espacio y nuestra responsabilidad consolidar la socialdemocracia.
P. ¿Y cómo hacerlo?
R. Las sociedades que han pasado por procesos muy, muy violentos, como Alemania, Italia, España o Chile, han terminado organizando partidos de derecha, de centroderecha, de izquierda y de centroizquierda. Vamos en ese sentido, aunque hoy se sienta despelotado y fragmentado. Veo que los tres tristes tigres de la selfie -Mauricio Cárdenas, David Luna, Juan Manuel Galán- tienen el propósito político legítimo, aunque no explícito, de ser la centroderecha. Lo que pasa es que también les sale del hígado y ven rentable centrarse en el “fuera Petro”. Pero, así, nadie va a entender que son la centroderecha y se van a estancar en el medio por ciento de intención de voto, porque en el antipetrismo hay unos más rabiosos, más bandidos y más mafiosos que ellos. Más por mi espectro, no sé dónde está ubicado Sergio Fajardo, aunque para mí siempre ha sido de centroderecha. Si los tres tristes tigres se asustan de decirlo sin ambigüedad, imagínese a Sergio, a quien siempre le cuesta salir de la ambigüedad. En todo caso, no sé si se echarán al hombro la tarea de construir ese espacio, pero yo sí lo haré con la socialdemocracia. La candidatura y ganar la presidencia son solo un medio para avanzar en esa tarea, una en la que llevo 40 años.
P. ¿Siempre se vio como forjadora de la socialdemocrcia?
R. No, empecé tratando de que Pablo Escobar no nos matara a todos. Pero hoy creo que todo fue un paso hasta esto. Haber sido líder estudiantil, haber sido servidora pública, haber sido investigadora, haber sido senadora, haber sido la primera mujer electa a la Alcaldía de Bogotá –bueno, ese fue un paso enorme para la mujer–. Ahora será un enorme paso que por primera vez una mujer gane la Presidencia, y una con el propósito de liderar la socialdemocracia y terminar de asentar la Constitución del 91.
P. ¿Cree que se debe reformar?
R. ¡Pero no para esa irresponsabilidad de Petro! Sino por dos cosas. La descentralización municipalizadora ayudó mucho a 120 municipios, al sistema de ciudades que creció de forma exponencial y es muy poderoso. También ayudó a crecer, aunque de forma aritmética, a otros 400 municipios. Pero llegó a su techo y no le sirvió a los 600 municipios restantes, que no logran manejar un catastro, recaudar, traer inversión y empleo privado, ni proveer bienes públicos. Descentralizamos poder sin tener control territorial y el remedio terminó siendo peor que la enfermedad. Ahora mandan poderes de facto: los narcos, los mineros ilegales, los traficantes de personas, los políticos corruptos. Una amalgama de todo eso que ahora está legitimada como poder político. Así que necesitamos descentralizar a una escala más regional. Esa reforma se necesita para atacar la corrupción, proveer bienes públicos, seguridad, justicia y empleo. Llevamos 10 años de patria boba en seguridad y justicia. Salimos de las FARC, que eran un paraestado brutal y criminal, pero barato. Uno solo, con las mismas botas y el mismo fusil, era soldado, policía, director de catastro, recaudador y juez. Había que reemplazarlas por ciudadanía, Estado y mercado, algo que costaba mucho. Y Santos no hizo esa inversión, porque le tocó ver cómo sobrevivía tras haber perdido el plebiscito; no la hizo Duque porque estaba contra la paz; ni la ha hecho Petro, convencido de que sacar leyes es lo que cambia la historia de Colombia.
P. Y la segunda cosa que cambiaría...
R. Se necesita sí o sí reformar la justicia, no solamente porque los niveles de impunidad son alarmantes, sino porque los procesos judiciales se demoran 20 años... Toda nuestra historia, todo nuestro diseño institucional, todo nuestro mundo político ha girado alrededor del conflicto armado político y, aunque haya lastres, esa época se acabó. Nos toca pensar cómo serían las instituciones de Colombia si nunca hubiéramos tenido guerrilla, paramilitares, ni delito político. Acá lo que tenemos son mafias, se llamen ELN, disidencias o Clan del Golfo. Y no somos el único país con mafias: hay en Italia, en Estados Unidos o en Japón ¿Cómo las enfrentan las democracias? Con un esquema en el que el crimen organizado tiene garantías mínimas y accede a negociaciones judiciales, no políticas. Claro, también hay que atacar la violencia contra las mujeres, los feminicidios, las lesiones personales, las riñas... pero hay que crear una Fiscalía antimafia y eliminar la idea de que un presidente pueda dar estatus político a un criminal.
P. Critica que petro se centre en el Congreso pero propone dos reforma constitucionales...
R. Como presidente solo propongo esos dos cambios y tres leyes. Solo tres. Primero, unas facultades para enfrentar una emergencia económica y social, porque vamos a llegar a un déficit fiscal del 8% del PIB, estamos pagando intereses de gota a gota y el presupuesto está falseado. Con ella vamos a rescatar la salud, cobrar una contribución de seguridad y desarrollo regional para enfrentar a los 25.000 hombres en armas, y crear una regla fiscal que permita bajar los impuestos a medida que haya mayor inversión privada y más crecimiento, para alinear los incentivos del sector privado y los del público. Las otras son el plan de desarrollo y el presupuesto. Y listo. Acoto porque este país necesita volcarse a esos 600 municipios, no pasarse la vida en el Congreso.
P. ¿Qué haría en ellos?
R. Construir la socialdemocracia colombiana. En concreto, crear un sistema de cuidado y protección social con organizaciones de mujeres parteras en el Pacífico, wayuú en la Guajira, campesinas en el Eje Cafetero que administren la salud, la educación y el cuidado. En un Estado socialdemócrata, del cuidado se encarga una alianza público-privada, que así permite a las mujeres que hoy cuidan gratis tener tiempo libre, una vida libre de violencias y sacar a su familia adelante. Esa es la infraestructura más importante de Colombia, más que cualquier 5G, cualquier carretera, cualquier aeropuerto. Asegura que los niños estudian, que las mujeres pueden formarse y trabajar, y que se reduce la economía informal... ya pude hacerlo en Bogotá, puedo hacerlo en Colombia. Es enorme lo que se puede hacer en cuatro años. Si uno no roba, nombra gente competente y llega a la hora a las citas en vez de pasársela corrompiendo el Congreso, uno produce resultados.
“Somos los más afectados por la narcodictadura que lleva 20 años empobreciendo Venezuela”
Pregunta. ¿Cómo propone manejar las relaciones internacionales de Colombia, hoy tensas con Trump y muy difíciles con Maduro?
Respuesta. La política exterior colombiana debe ser multipolar, porque así es el mundo. No solo existe Estados Unidos, está China, India, Rusia, Ia Unión Europea, Brasil, Chile... Ahora, Estados Unidos va a seguir siendo nuestro aliado más importante, claro. Pero la relación debe cambiar. Durante 40 años ha estado marcada por la guerra contra las drogas. Esa era se acabó, el enfoque fracasó. Yo me reuní con el señor embajador, John McNamara. Le dije que ha sido perversa la receta actual, en la que Colombia usa plomo y glifosato en su territorio, a cambio de que Estados Unidos subsidie la seguridad. No ha funcionado. Entonces, que ellos se encarguen de la interdicción y de su problema de salud pública, y nosotros ejercemos control territorial con infraestructura, un sistema de protección social y empleo legal. Más bien hagamos un Plan Colombia – Venezuela, concentrémonos en donde tenemos intereses alineados y la necesidad de actuar multilateralmente. Que Venezuela recupere la libertad y la democracia. Los colombianos somos los más afectados por la narcodictadura que lleva 20 años empobreciendo a Venezuela. Por fortuna, parece que es parte de las prioridades de seguridad nacional del presidente Trump ¡Qué dicha! ¿Cómo íbamos a lidiar nosotros con Maduro? ¿A lo Duque, con conciertos en la frontera? Se necesitan esfuerzos diplomáticos, económicos y disuasivos, y no tenemos la capacidad. Así que le dije al señor embajador que cuente conmigo para un esfuerzo multilateral, de largo plazo, que no solamente saque a Maduro, sino que recupere la economía y haga inversión privada en transición energética. Desarrollo económico y una democracia que merezca el nombre. Si es para eso, que cuenten conmigo. Si es para una bravuconada, eso no nos sirve.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.










































