Colombia, un año de desequilibrio entre la agresividad de Donald Trump y el autoritarismo de Nicolás Maduro
El Gobierno de Gustavo Petro arranca el año en medio de la creciente tensión entre su principal socio estratégico y el país con el que comparte la frontera más extensa


Colombia ha vivido uno de los años más intensos de su historia reciente en materia de política exterior. El país estuvo envuelto en la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, el conflicto diplomático que más marcó agenda en Latinoamérica en 2025. Las amenazas de Donald Trump contra Nicolás Maduro han puesto al Gobierno de Gustavo Petro a buscar un delicado equilibrio entre la denuncia y el camuflaje en un contexto tan inflamado desde enero, tras el regreso del republicano a la Casa Blanca y la revalidación muy cuestionada del mandato del chavista.
Trump avisó en diciembre que Petro “será el siguiente” en su campaña contra el narcotráfico, inicialmente enfocada en Venezuela. “Más le vale [a Petro] andarse con cuidado porque tiene fábricas de droga”, aseguró el republicano en una rueda de prensa. A inicios de diciembre, el estadounidense ya había manifestado que cualquier país que trafique estupefacientes al suyo “está sujeto a ataques”, incluida Colombia. Petro afirmó entonces que estas declaraciones eran una amenaza a la soberanía nacional, lo que se traduce en “declarar guerra”. A dos días de terminar el año, sin embargo, denunció el narcotráfico que hace la guerrilla del ELN en el estado venezolano de Zulia, y volvió a repetirle a Estados Unidos que él no es un aliado del tráfico de drogas.
Colombia tiene “la tarea más ingrata” este año, resume Manuel González, analista internacional y catedrático de la Universidad Javeriana. “Bogotá está en la posición más incómoda porque, por un lado, tiene la tensión de su vecino, con el que comparte su frontera más extensa y todos los retos que eso significa. Por otro, tiene a su mayor socio estratégico, que ahora lo ve como un aliado frágil y con ojos de desconfianza”, señala en una conversación telefónica. El experto añade que Petro incurre, así como en el tenis, en “errores no forzados”, pues, pese a sus buenas intenciones, por ejemplo, en defender el derecho internacional, termina cayendo en la defensa de “un régimen deslegitimado”.
Las declaraciones de Trump contra Colombia y Venezuela se enmarcan en una campaña militar iniciada en agosto con los bombardeos de supuestas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico. Aunque en principio era una estrategia supuestamente para acobardar a los contrabandistas venezolanos, pronto fue evidente que un gran número de estas embarcaciones atacadas tenían alguna relación con Colombia. Es por eso que el presidente Petro ha instado a Washington en varias ocasiones a frenar la ofensiva, pues, según él, configura un “crimen de guerra”. En los últimos cinco meses, los bombardeos han matado a más de un centenar de personas, la mayoría de ellas sin identificar.
Pero entre más escala la presión sobre Caracas, más parece aumentar también la resistencia del Gobierno colombiano. Trump abrió la puerta a emprender ataques aéreos sobre territorio venezolano y por eso ordenó a finales de noviembre el cierre del espacio aéreo del país caribeño. Decenas de aerolíneas cancelaron vuelos y varios países recomendaron no viajar a Venezuela durante estas fechas. Petro fue el único, además de Maduro, que refutó la orden: “EE UU no tiene el derecho de cerrar el espacio aéreo venezolano. Lo puede hacer con sus aerolíneas, pero no con las del mundo. Colombia restablece el servicio aéreo civil con Venezuela e invita al mundo a hacerlo. Es hora de diálogos, no de barbarie”, dijo.

El mandatario colombiano también ha sido muy crítico de la nueva estrategia de la Casa Blanca, lanzada a mediados de diciembre, de incautar buques petroleros que salen de Venezuela. “Es piratería (...) Secuestraron a los tripulantes, se robaron el barco y han inaugurado una nueva era de la piratería naval criminal en el Caribe”, indicó Petro, que también hizo un llamado a otras naciones de la región: “Ni un solo presidente latinoamericano ha llamado a otro presidente latinoamericano para preguntarse qué hacer ante el hecho de que estamos siendo invadidos”.
Pero para Petro ha sido casi imposible pasar de la retórica a la acción. Este año estuvo marcado por las demostraciones de fuerza de EE UU sobre Colombia, pasando por las amenazas arancelarias, los llamados a consultas de su embajador, las intimidaciones comerciales y la descertificación del país como aliado en la lucha contra las drogas. A nombre propio, Washington también ha arremetido contra Petro: le quitó la visa, lo incluyó en la llamada lista Clinton y lo ha llamado “hostil”, “alborotador” y “líder del narcotráfico”.
Aun así, una ofensiva terrestre en Venezuela, como ha amenazado el republicano, es también una cuestión existencial para Colombia, que ya acoge a 2,8 millones de venezolanos y que teme una nueva oleada migratoria si la tensión se traduce en un conflicto bélico.
Es por eso que Petro ha recalcado a Caracas que busque una salida negociada. “Me opongo a salidas que no sean dialogadas y que intenten el triunfo de un sector sobre el exterminio del otro”, señaló. Además, pidió que se instale un gobierno de transición y una amnistía general como salida política a la crisis: “El Gobierno de Nicolás Maduro debe entender que la respuesta a una agresión externa no es solo un alistamiento militar, sino una revolución democrática”. Esto lo dijo apenas unos días antes de que llamara a Maduro “dictador” por primera vez desde las cuestionadas elecciones de 2024.
Para el analista González, Petro ha profundizado la posición incómoda de Colombia “por sus comentarios ambiguos”. “Está muy bien que defienda el derecho internacional, pero se debe hacer por canales diplomáticos. Cuestionar directamente la narrativa de Trump sobre la lucha contra las drogas hace que en Washington sea visto como un cómplice de Maduro”, apunta. Si en un momento parecía que Colombia podía ser, junto con México y Brasil, un país mediador para aliviar la crisis venezolana, González cree que la oportunidad se ha perdido. “[Joe] Biden se apoya en sus aliados; Trump quiere que sean ellos los que lo busquen”.
En cualquier caso, Washington ya reconoce que Colombia se adentra brevemente en época electoral y que Petro saldrá de la presidencia muy pronto. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo en una rueda de prensa la semana pasada que, incluso, no importa si hay un ganador de ideología de izquierda si quiere mantener la cooperación con EE UU. “Esto no se trata de izquierda ni de derecha, se trata de tener en el poder a un presidente que coopere con nosotros. Obviamente, la postura que él [Petro] ha tomado en contra de Estados Unidos ha afectado a nuestra relación. Estamos tratando de limitar eso lo más posible”, manifestó. Trump también personalizó la falta de concertación en el presidente: “Amo a los colombianos, son grandes personas, energéticas e inteligentes. Pero su nuevo líder es un alborotador”.
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