“Necesitamos una alianza con el sector educativo para fomentar el interés por la cultura en Colombia”

María Mercedes González, directora del Museo de Arte Moderno de Medellín, celebra que el Festival de las Ideas valora el rol de la cultura en “imaginar” el futuro del país andino. “El pensamiento artístico te permite pensar cosas absurdas e improbables”, remarca

La directora del Museo de Arte Moderno de Medellín, María Mercedes González, durante el Festival de las Ideas, en Villa de Leyva, el 26 de noviembre de 2022.
La directora del Museo de Arte Moderno de Medellín, María Mercedes González, durante el Festival de las Ideas, en Villa de Leyva, el 26 de noviembre de 2022.Edwin Motta

María Mercedes González (Bucaramanga, 45 años) dirige desde hace 10 años el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), un icono de la transformación de la capital de Antioquia. Lo que más le gusta de su trabajo es observar a los visitantes y verlos conmovidos con las obras del museo. Para ella, eso lleva a la reflexión, algo esencial en un país fragmentado por la violencia. “La cultura es un espacio de relacionamiento que te permite oír y entender al otro”, afirma.

Por ello, González participa en el Festival de las Ideas, realizado el viernes y este sábado en Villa de Leyva (Boyacá). El evento es una iniciativa de PRISA Media, la sociedad editora de EL PAÍS, para promover un diálogo franco entre más de 150 líderes colombianos. La directora del MAMM participó del panel cultural, junto a la ministra del sector, Patricia Ariza, y el director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá (IDPC), Patrick Morales Thomas.

Pregunta. ¿Cómo define a Medellín?

Respuesta. Es un lugar de contrastes, que estuvo marcado por la violencia en los años 80 y 90. Es una ciudad muy valiente, con un sentido de pertenencia muy fuerte que le ha permitido superar las dificultades.

P. ¿Qué lugar tiene el museo en la ciudad?

R. Ha sido parte del proceso de transformación. Estuvimos más de 30 años en una sede pequeña, en un espacio que cedieron los vecinos del barrio Carlos E. Restrepo. En 2009, nos mudamos a Ciudad del Río, un proyecto de regeneración urbana en El Poblado. Estamos en un edificio en el que funcionaban los talleres de una antigua siderúrgica y mantenemos un vínculo vibrante con la ciudad. En unos días vamos a inaugurar la exposición Medellín, pulso de la ciudad, que refleja como distintas comunidades han mejorado la metrópoli a través de prácticas culturales.

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P. El Poblado es una de las zonas más ricas de Medellín. ¿El museo refleja la diversidad urbana?

R. Es un pequeño reflejo de la ciudad. Nuestros visitantes vienen de barrios como Laureles, Conquistadores y Belén. Participamos de un programa de la Alcaldía que subsidia la entrada de los habitantes de los estratos 1, 2 y 3. Sin embargo, para el tamaño de Medellín, podemos crecer más. Recibimos 130.000 personas cada año, en una urbe en la que viven 2.500.000. Pero es complicado, los colombianos tienen una participación limitada en los museos: menos del 10% tiene interés, según una encuesta de consumo cultural.

P. ¿Por qué?

R. No es suficiente con los esfuerzos de difusión que hacemos los museos. La falta de interés tiene causas estructurales. El interés por la cultura hay que cultivarlo en la escuela, necesitamos una gran alianza entre el sector educativo y el cultural.

P. El panel de cultura en el Festival de las Ideas tuvo niveles de asistencia significativamente menores a los debates sobre la agenda legislativa, la paz total y la economía.

R. Yo celebro que un evento como este incluya un panel cultural, pero es difícil. La cultura aún es vista como un tema accesorio en la sociedad. El Ministerio de Cultura tiene un presupuesto ínfimo, del 0,06% del Presupuesto Público Nacional. A nosotros nos aporta solo el 1,7% de nuestros recursos. La mayor parte de nuestro financiamiento es privado.

P. ¿Por qué importa que el Estado apoye a la cultura?

R. Es un instrumento cognitivo, que fomenta la creatividad. El teórico uruguayo Luis Camnitzer decía que estamos creando analfabetos de la imaginación sin el pensamiento artístico. La cultura te permite pensar cosas absurdas e improbables. Es un espacio de relacionamiento humano y con otras especies, que te permite oír y entender al otro.

P. ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

R. He tenido la oportunidad de conocer artistas y aprender de ellos. Además, me encanta cuando el museo está lleno y me pongo a ver la cara de los visitantes. Me gusta cuando se conmueven, pero también cuando algo no les agrada y piensan que estamos locos.

P. ¿Y qué obra del MAMM le conmueve a usted?

R. La de Débora Arango. Era una mujer radical, controversial e incomprendida. Fue una mujer absolutamente atípica para su época, que realizó un trabajo muy solitario y que en ese entonces no fue lo suficientemente valorado. Sus obras en los años 40 y 50 son un testimonio valioso del país y aún se mantienen vigentes.

P. ¿Cuál es un ejemplo?

R. ICSS es sobre una mujer que hace fila en la calle con sus niños para acceder al sistema de salud. Muestra un Estado lánguido y la injusticia social de este país. También está la La madona del silencio, que es sobre una mujer que da a luz en una cárcel, sin cuidados.

'ICSS' y 'La madona del silencio'. Imágenes autorizadas por el Museo de Arte Moderno de Medellín.
'ICSS' y 'La madona del silencio'. Imágenes autorizadas por el Museo de Arte Moderno de Medellín.

P. La crítica política y la sátira son esenciales en la obra de Débora Arango. ¿Eso ayuda a la reconciliación de un país fracturado por la violencia?

R. El magnicidio del líder Jorge Eliécer Gaitán en 1948 la marcó mucho. Gran parte de su obra denuncia la violencia entre liberales y conservadores. Pero el arte no te da soluciones, no se trata de eso. Arroja una problemática, te sensibiliza e incentiva una conversación que se da después.

P. El Festival de las Ideas busca fomentar ese tipo de diálogo, entre actores diversos. ¿Qué balance hace?

R. Me encanta que es un evento de ideas y no de soluciones. Se trata de imaginar, como decía Camnitzer cuando hablaba de la cultura. Además, he podido hablar con líderes de varios sectores y ha sido un ejercicio interesante, aunque falta un público más diverso territorialmente. Está muy enfocado en Bogotá.

P. ¿Con qué ideas se queda?

R. Me sorprendió el poco tiempo que tienen los congresistas para estudiar los proyectos de ley, según comentaron en el panel sobre las reformas políticas. También me quedo con que la agenda de seguridad no puede limitarse al narcotráfico. Y me gustó que un asistente habló en el debate digital sobre la importancia de las humanidades en formar programadores e ingenieros.

P. ¿Y de su panel con la ministra de Cultura y el director del IDPC?

R. Me quedo con lo que dijo un asistente durante el diálogo abierto. Explicó que el debate por la inclusión de los pueblos indígenas no es nuevo, que ellos han luchado mucho desde siempre. La Constitución de 1991 es el gran cambio cultural de este país. No lo había pensado, y me hizo reflexionar que Colombia ha avanzado en el reconocimiento de derechos. Es un país más progresista de lo que era.

P. ¿Cuáles son los desafíos que quedan en la protección de la diversidad cultural?

R. El estudio Tenemos que hablar Colombia muestra que los colombianos priorizan la diversidad cultural y el medio ambiente por encima de todo lo demás. Pero es paradójico, porque no la conocemos lo suficiente. Falta pedagogía desde el Estado, aunque también es cierto que los museos compartimos la responsabilidad. Hemos sido instituciones hegemónicas y estamos llegando un poco tarde a estas reflexiones.

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