Daniel Carvalho: “La política colombiana es un teatro”

El congresista contó públicamente que consume marihuana hace más de 20 años y abrió un debate en el país y en su propia casa

Daniel Carvalho, representante a la Cámara por Antioquia, en su oficina, el 19 de octubre de 2022.
Daniel Carvalho, representante a la Cámara por Antioquia, en su oficina, el 19 de octubre de 2022.VANNESSA JIMENEZ

En la oficina del congresista Daniel Carvalho huele a marihuana. A marihuana y a las otras plantas que tiene sobre su escritorio. Por todo el lugar hay varias matas esparcidas. Cuenta que la de cannabis le costó como 25.000 pesos y que la encontró en un vivero cuando fue a buscar con qué decorar su espacio en el edificio del Congreso. El representante a la Cámara por Antioquia, de 43 años, se hizo famoso la semana pasada cuando contó ante sus compañeros congresistas que lleva 25 años fumando marihuana. “Bareto, le decimos en Medellín”, corrige. Cuenta que ese día esperaba hacer una intervención técnica, “que seguramente hubiera sido muy aburridora”, pero el debate le dio pie para hablar de su experiencia personal.

El político contó que fuma desde hace más de 20 años y lanzó un mensaje en contra de la estigmatización. Dijo que ser consumidor no le ha impedido estudiar ―“y siempre tener las mejores calificaciones”―, ni ser un buen hijo o un buen amigo. Denunció la persecución de la que son víctimas los consumidores en Colombia como una amenaza a la libertad. “Decidí hablar de forma espontánea y recordé algo que he pensado desde que entré a la política. Y es que la política es un teatro y el Congreso es el escenario prioritario de la política”. La historia que contó, su historia, es real, pero no niega que se metió en el personaje. Tenía un micrófono abierto para hablar de un tema que le importa y lo aprovechó. Antes de ser congresista fue concejal, mesero, actor de teatro y escritor. La escritura lo llevó a la política. Cuenta que en el Mundial de Brasil, en 2014, los relatos del viaje que publicaba en su página de Facebook lo hicieron popular entre aficionados del fútbol. Como hincha del Deportivo Independiente Medellín ya tenía un grupo grande de seguidores, pero Brasil lo cambió todo.

“Cuando Colombia clasificó al último partido, contra Brasil, ya se me estaba acabando la plata y anuncié que me devolvía. La gente, que quería que me quedara para seguir escribiendo, reunió dinero y me lo mandó”. Dice que ese respaldo de personas que ni siquiera lo conocían le hizo creer que podía aspirar a una elección con votos. Lo más cercano era el Concejo de su ciudad porque ya llevaba varios años haciendo activismo para buscar soluciones a la violencia de las barras bravas en los estadios. Era una figura conocida entre los barristas y al volver a Medellín empezó a trabajar en su candidatura. “No tenía ni idea de nada, no sabía cómo funcionaba”, reconoce. Pero ganó. Fue elegido dos veces concejal, la segunda vez no terminó el periodo porque quiso aspirar al Congreso.

“Nunca estoy pensando en la elección que sigue. Nunca quise ser político. En realidad todo se fue dando. Siempre le digo a mi equipo que es un privilegio que la gente vote por nosotros para que seamos como somos. No para fingir”. Cuenta que después de que habló sobre su consumo ha recibido mensajes de gente que apoyó su candidatura agradeciéndole por “hablar por tantos”. Uno de los principios de su propuesta política es la libertad y en ese sentido enmarcó el discurso que puso a Colombia a hablar de la marihuana. Cuenta que la probó por primera vez en el Ejército, cuando prestó servicio militar. “Desde entonces, no es que me la haya pasado fumando todo el día, todos los días”, dice. Lo hace de vez en cuando, sobre todo en las noches. No lo considera su vicio. “Mis vicios son el cigarrillo y la puntualidad”.

Como dijo en su intervención en el Congreso, reitera que Colombia es un país de prejuicios y por eso no le sorprendió la reacción de su “revelación”. “Todo el mundo lo sospechaba, ¿cierto?”, y se ríe. Carvalho lleva unas rastas largas que se empezó a dejar crecer hace 20 años, casi siempre se viste con jean y tenis, y tiene tatuajes. Tiene todo para que cualquiera sospechara ―“siempre era el que la policía requisaba”, dice―. “Nunca había recibido tanta atención mediática. Fui concejal de Medellín seis años, fui actor de teatro. En fin, estoy acostumbrado a la mirada del público, pero nunca había tenido tanta atención, sobre todo sobre un tema tan personal”. Cuenta que le han dicho feo, que se ve viejo, que se le nota lo “marihuanero”. Carvalho lo toma con gracia, cree que es parte del debate.

Daniel Carvalho, representante a la Cámara por Antioquia, en la ventana de su oficina en el Congreso, el pasado 19 de octubre.
Daniel Carvalho, representante a la Cámara por Antioquia, en la ventana de su oficina en el Congreso, el pasado 19 de octubre.VANNESSA JIMENEZ

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“Creo que fue una discusión muy valiosa, incluso colegas del Centro Democrático, que no están de acuerdo conmigo, se acercaron a decirme que les había gustado lo que había dicho. Acá nos hemos creído la idea de que la política es para eliminar al que piensa diferente, y yo creo todo lo contrario”, dice Carvalho, cuyo interés por la política despertó cuando vivía en París. “Nunca había votado, no me importaba la política, pero en Francia descubrí una sociedad sumamente politizada, con huelgas todo el tiempo, la gente siempre está hablando de política”. Tenía 23 años, se acababa de graduar de ingeniero civil, y buscaba qué hacer con su vida. En París trabajó como actor para las películas de un amigo que estudiaba cine y era mesero. “Veía a los clientes discutiendo de política y creía que se iban a matar, pero al final solo gritaban”. Carvalho había vivido la época de la violencia del cartel de Medellín. Aunque creció en un barrio acomodado y estudió en un colegio y en una universidad privada, el entorno era violento. “Me di cuenta de que era posible debatir de política sin agredirse”, dice.

Carvalho siempre ha hablado trabado. Dice que pronuncia la erre diferente porque tiene el frenillo muy largo. Cuando era adolescente tartamudeaba, “como James (por James Rodríguez) me enredaba. A los 15, 16 años me moría de la pena cuando le hablaba a una mujer, pero el teatro me cambió definitivamente la vida porque no solo me quitó la pena de hablar, sino que me ayudó a conocerme mejor”. En la universidad se desnudó para una obra y después de eso nunca más sintió vergüenza.

Cuando aterrizó en la política en Medellín, lo hizo acompañado de Federico Gutiérrez, como parte de la lista al concejo del entonces candidato independiente a la alcaldía. Ambos ganaron, se hicieron amigos y trabajaron juntos hasta que el proceso de paz con las FARC los separó. Fico no apoyaba la salida negociada con la guerrilla y Carvalho sí. “Fue un rompimiento progresivo, primero lo de la paz, luego él empezó a coquetearle al electorado uribista de Medellín, cuando se le metió en la cabeza que quería ser presidente, y eso nos llevó a diferentes discusiones, pero nunca de manera grosera”. Al Congreso llegó con el movimiento de Ingrid Betancourt, Verde Oxígeno, que terminó expulsándolo a él y al exnegociador de paz Humberto de la Calle por “incompatibilidades” con el partido. Desde entonces, De la Calle y él han trabajado juntos, uno desde el Senado y el otro desde la Cámara. “Me encanta esta relación con Humberto. Él es como el Quijote y Sancho Paisa”. Son la dupla simpática del Congreso.

Expulsados y sin partido, han hecho una pareja que ha trabajado en proyectos como el que busca eliminar el servicio militar obligatorio. Un tema parecido los unió hace unos años cuando Carvalho dio un discurso en el Concejo que se volvió viral ―no tanto como el de esta semana― y De la Calle lo buscó. ”Era una intervención en la que denunciaba los abusos de la policía, pero entendiendo que la policía también es víctima de abuso en su formación. Yo fui soldado y sé que la formación de los militares y los policías es basada en la violencia y la humillación”.

De su vida como soldado, Carvalho recuerda la primera vez que fumó marihuana como una anécdota menor. Dice que tuvo compañeros que preferían no salir del batallón el día de permiso, cuando por fin podían visitar a sus familias, porque en sus casas no tenían comida. La pobreza es uno de los argumentos de Carvalho y De la Calle para eliminar el servicio militar obligatorio, pues señalan que el 99% de las personas que son reclutadas son pobres.

Daniel Carvalho es parte de un Congreso renovado. Sobre todo la Cámara de Representantes, donde está él, está llena de personas que hacen política por primera vez. El 70% son caras nuevas. “El hecho de que haya inexperiencia en lo político no me parece malo del todo, de eso se trata la renovación. Que alguien sepa mucho no significa que lo haga bien”. No se considera un influencer como lo son muchos de sus compañeros, pero reconoce que ha podido hacer política gracias a las redes sociales. “Yo también hago parte de eso. Yo llegué a la política por las redes sociales, mal haría en criticar a los influencers. Creo que su presencia también representa a la sociedad de hoy, donde nos conectamos y nos informamos y alegamos a través de los medios digitales. ¿La política de los influencers es mala? No. Hay gente buena y hay gente mediocre”.

No sabe si quiere dedicarse toda la vida a la política, pero dice que ha disfrutado estos meses en el Congreso y le gusta vivir en Bogotá, a pesar de frío. “Me da muy duro, yo soy muy flaquito, muy de tierra caliente, pero me gusta”. Dice que el color del centro de la ciudad le recuerda a París. ”Es del mismo amarillito”, y mira por la ventana. Esta tarde llueve y el cielo está gris.

La última semana su nombre ha estado en el centro de atención de los medios por haber hablado abiertamente del consumo de marihuana. Pero la cita más difícil fue en su casa. El primer fin de semana después de su intervención visitó a su mamá a Medellín y no estaba tan contenta como él. “Mi mamá tiene 70 años, entonces para ella esto era algo como está bien, lo acepto, pero que todo el mundo se entere es duro. En la casa, en 43 años, nunca habíamos hablado de esto”, cuenta tranquilo, ahora que ha tenido esa conversación postergada por tanto tiempo. La marihuana no ha sido para Carvalho “la puerta a drogas más duras”, como dicen quienes quieren prohibir el consumo. “En realidad fue la puerta a la música de Pink Floyd y a la salsa”. El congresista de las rastas también es bailarín.

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