Iván Velásquez, el investigador de la parapolítica, será el ministro de Defensa de Colombia

El nombramiento del exmagistrado que logró la caída del presidente de Guatemala Otto Pérez Molina por corrupción supone un vuelco total en la jefatura de las Fuerzas Armadas

Iván Velásquez, en una imagen de octubre de 2017, entonces jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG).
Iván Velásquez, en una imagen de octubre de 2017, entonces jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG).Esteban Biba (EFE)

El exmagistrado Iván Velásquez (Medellín, 67 años) ha sido elegido como próximo ministro de Defensa de Colombia. El hombre fuerte de la Corte Suprema de Justicia contra la parapolítica, que investigó los nexos de Álvaro Uribe con los paramilitares, y estrella en la lucha contra la corrupción en Guatemala, será el jefe de las fuerzas militares, en una elección que supone un vuelco total en la cartera que en el actual Gobierno ha sido entregada al uribismo.

La llegada de Velásquez al comando de las fuerzas armadas representa, hasta ahora, la apuesta más clara del cambio que propone el Gobierno de Gustavo Petro. Durante los últimos años, el Ministerio de Defensa colombiano ha sido cuestionado duramente por la violación de derechos humanos y la impunidad dentro de sus fuerzas. El ejecutivo de Iván Duque termina con un historial poco favorable en esa cartera. Sus tres ministros enfrentaron procesos de moción de censura por sus cuestionadas acciones.

“El denominador común de todos los ministros de Defensa es que hacen parte de un Gobierno que decidió hacer trizas la paz y que trabaja una dialéctica de amigo-enemigo; declara enemigo a todo aquel que se le oponga y actúa en consecuencia. Es un ministerio que no es de Defensa, sino que es para la guerra interna”, señalaba en noviembre del año pasado el entonces senador Roy Barreras, hoy presidente del Senado.

El exmagistrado Velásquez llegará a un cargo que el último periodo ocupó Diego Molano, miembro del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe, cuya principal bandera ha sido justamente la seguridad. Molano asumió su cargo en febrero del año pasado, en medio de un clima de violencia contra líderes sociales, ambientalistas y excombatientes de las FARC, y cuando las masacres estaban disparadas y los episodios de brutalidad policial estaban por mostrar su peor cara. Durante las protestas del año pasado, la oposición y los movimientos sociales que protagonizaron el estallido exigían la renuncia de Molano, pero se mantuvo hasta el final.

Velásquez, la némesis del uribismo, considerado un “héroe” en Guatemala por haber logrado la caída del presidente Otto Pérez Molina por corrupción, había recorrido un largo camino en Colombia antes de llegar a ser el jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), en 2013. Desde mediados de los años noventa, el abogado inició una valiente lucha contra el paramilitarismo colombiano, que continuó desde la Corte Suprema de Justicia, cuando fue elegido como magistrado auxiliar en el año 2000.

Por sus investigaciones fueron condenados más de 50 congresistas por vínculos con el paramilitarismo y otra lista, el doble de grande, fue señalada de tener relaciones con estructuras armadas. Fue el hombre de la justicia que destapó la parapolítica. Pero pisó muchos callos y se ganó poderosos enemigos, entre ellos Álvaro Uribe. Velásquez fue la persona que se atrevió a denunciar los vínculos de Mario Uribe, primo del expresidente, con el paramilitarismo. El magistrado fue víctima de intimidaciones e interceptaciones, que lo forzaron a dejar su cargo en la Corte Suprema en 2012. Entonces aseguró que lo hacía por razones personales, pero el trasfondo de su salida era que sus investigaciones estaban resultando muy incómodas para la clase política.

Velásquez llegó a Guatemala en octubre de 2013 como jefe de la Comisión internacional contra la Impunidad de ese país, y cinco meses después ya tenía su primera investigación lista. Con La Línea, como se conoció, puso en evidencia a una red de corrupción en las aduanas de ese país, que involucraba a varios altos funcionarios del Gobierno. Guatemala estalló entonces. Las protestas se tomaron las calles y en menos de un mes, la vicepresidenta Roxana Baldetti Elías fue obligada a renunciar. Por primera vez en la historia de Guatemala un presidente tras perder su inmunidad se veía obligado a dimitir. Las investigaciones de Velásquez no le dejaron más salida.

Su llegada a uno de los cargos clave en el Gobierno colombiano muestra un giro sin antecedentes en las fuerzas militares. El nombramiento de Velásquez tensa un poco más la cuerda entre el nuevo Gobierno y los uniformados, y confirma la idea que ha sostenido Petro de atajar la corrupción en el Ejército. “Hay corrientes de extrema derecha que hay que eliminar. Algunos andan pregonando golpes de Estado y cosas por el estilo. Pero mire, dentro del Ejército no hay unas facciones amigas de Gustavo Petro, hay facciones amigas de la Constitución. Y es lo que hay que desarrollar, un Ejército que obedezca la Constitución, independientemente de los gobiernos que pasen”, ha dicho Petro.

Velásquez asumirá una tropa envuelta en varios escándalos, y con militares que han mostrado abiertamente que no se reconocen en el Gobierno entrante. El general Eduardo Zapateiro, el representante del ala más dura y guerrerista, renunció a su cargo para evitar estar presente en la posesión de Gustavo Petro. La elección del exmagistrado este viernes se suma al malestar que ya existe en los militares por la visión de país del nuevo Gobierno y por asuntos clave en su agenda, como sacar adelante las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, que han sido rechazadas por los uniformados y por el Centro Democrático, el partido que ha asumido su vocería política. En el informe final de la comisión se señalan a las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad, como el DAS, como actores que violaron los derechos humanos con detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales o la actuación criminal de los grupos paramilitares y pide que se fortalezcan los controles preventivos y disciplinarios para supervisar a las Fuerzas Militares y la Policía.

La expectativa frente a quien ocuparía el Ministerio de Defensa era total. Petro optó por un civil, que comparte sus causas, y con ello demuestra que no teme generar un remezón en las Fuerzas Armadas. El exministro Gabriel Silva Luján decía hace unas semanas que este sería el nombramiento en el que se mediría hasta dónde está dispuesto a llegar el nuevo presidente con su promesa de cambio. “Haría mal en nombrar a un general retirado. Demostraría una debilidad que no le conviene. La lectura de los militares sería que nombra a alguien de los suyos porque les teme”, decía Silva Luján. Con la elección de Velásquez, Petro demostró que no les tiene miedo.

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