La lucha de las futbolistas colombianas por la igualdad

Los puños en alto de las jugadoras de la selección femenina de fútbol de Colombia, durante su debut en la Copa América, encierra un malestar de años

Jugadoras de Colombia levantan los puños en señal de protesta en un partido ante Paraguay de la Copa América Femenina, en Cali (Colombia), el 8 de julio.
Jugadoras de Colombia levantan los puños en señal de protesta en un partido ante Paraguay de la Copa América Femenina, en Cali (Colombia), el 8 de julio.ERNESTO GUZMAN JR (EFE)

Levantaron sus puños mientras sonaba el himno nacional con la misma firmeza que enfrentaron el partido. De fondo, una tribuna amarilla reflejaba el color de la camiseta que vestían los aficionados ansiosos por alzar también sus brazos con cada grito de gol. Era el debut de las jugadoras de la selección Colombia en la Copa América Femenina que, por primera vez, tiene al país como sede del campeonato. Ganaron 4-2 frente a Paraguay en el estadio olímpico Pascual Guerrero de Cali (Valle), pero siguen jugando el más largo de sus partidos: la búsqueda de la igualdad para las mujeres en el fútbol profesional colombiano.

“Es un mensaje muy fuerte que toda Colombia debe saber escuchar. Mostraron su inconformismo durante el himno que es el momento de mayor respeto de un futbolista hacia su país”, explica Isabella Echeverri, quien ha defendido el trato justo hacia las mujeres en el fútbol desde 2019, cuando jugaba como centrocampista en la selección nacional. En un video que publicó ese año con la futbolista olímpica Melissa Ortiz, y que se hizo viral más rápido de lo que ellas mismas se imaginaron, denunció la falta de compromiso por parte de la Federación Colombiana de Fútbol con condiciones laborales dignas para las deportistas.

Desde entonces, Echeverri no ha vuelto a ser convocada para representar al país en campeonatos internacionales, pero no se arrepiente de haber alzado su voz. A sus 28 años, ha participado en tres copas Libertadores, una Champions League femenina en Europa y en distintos torneos de élite. Actualmente, la joven antioqueña, medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima en 2019, juega como defensora en el club mexicano Rayadas de Monterrey.

El suyo no ha sido el único antecedente. Vencer el miedo de hablar les ha costado a otras jugadoras el sueño de portar la camiseta en nuevos torneos. Entre ellas, Yoreli Rincón, una de las futbolistas colombianas más reconocidas, quien dice haber sido vetada desde hace cuatro años tras denunciar que el premio económico por haber obtenido el título de la Copa Libertadores Femenina en 2018 no se entregaría a las jugadoras del Atlético Huila, el club local que resultó ganador. El premio finalmente llegó, pero no una nueva convocatoria.

“Disfruté al máximo los 10 años que pude vestir la camiseta, pero me quedó un sabor amargo: que todo lo que soñaba o imaginaba de chiquita lo cumplí menos jugar un campeonato de mayores en nuestro país, se hizo imposible”, dice la actual jugadora de la Sampdoria italiana femenina tras no ser convocada por el técnico Nelson Abadía para la Copa América que se disputa entre 10 países suramericanos (Brasil, Argentina, Colombia, Uruguay, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela y Bolivia).

El gesto de las jugadoras en el preámbulo del partido frente a Paraguay ha sido interpretado como un acto valiente, silencioso, pero que dice mucho y que, por primera vez, se muestra como un reclamo colectivo. “Hoy nos unimos por el cambio. Aunque nos faltan garantías, nos sobra amor a esta camiseta, por eso nos unimos con la ilusión del trabajo en equipo, de la equidad en las condiciones de trabajo y competencia, de las decisiones concertadas y de un futuro brillante para todos los que hacemos parte del fútbol femenino”, dice el mensaje que publicaron las 23 convocadas para la Copa América en sus redes sociales. Hasta ahora, ninguna se ha pronunciado por fuera de ellas, dado que siguen concentradas en el campeonato.

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El trato desigual para las jugadoras

Los reclamos de las futbolistas colombianas van desde la falta de mejores pagos de viáticos de concentración que siguen siendo los mismos desde hace siete años y menores que los de los hombres, el reconocimiento justo y oportuno de los premios económicos por su participación y buen desempeño en los campeonatos, y salarios dignos en sus clubes, hasta la ausencia de un diálogo fluido con la Federación Colombiana de Fútbol, el organismo que rige las leyes nacionales de este deporte y que ha sido tradicionalmente dirigido por hombres.

A pesar de haber obtenido logros como la clasificación a dos mundiales femeninos (Alemania 2011 y Canadá 2015), la participación en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 y de Río en 2016, el oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y el subcampeonato en la Copa América Femenina en 2010 y 2014, la desigualdad todavía no desaparece de las canchas. “Con los hombres perfectamente la Federación se sienta a negociar. No ha sucedido lo mismo con las mujeres. La frustración continúa siendo enorme porque ellas no ven condiciones para desarrollar profesionalmente su actividad en Colombia”, sostiene Carlos González Puche, de 63 años, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales. “Las mujeres tienen capacidad y no por otra cosa están jugando más de la mitad en el exterior. Lo que han hecho lo han hecho con mucho esfuerzo”, agrega.

A las condiciones económicas se suma la inestabilidad de la liga femenina con fechas claras, patrocinadores y transmisiones por televisión. El 2022 parecía ser el año dorado para el fútbol femenino con 150 partidos jugados entre los clubes locales en el primer semestre. Sin embargo, para el segundo semestre solo cuatro de los ocho clubes que se necesitan como mínimo están confirmados para poder llevar a cabo el campeonato.

“Tenemos que buscar más visibilidad para el fútbol femenino. Para encontrar gente que quiera invertir, patrocinar y que encuentren el retorno de su inversión. Vamos a trabajar en crear esas condiciones. Hemos avanzado a pesar de algunos retrocesos como el que hemos tenido con la Liga”, explicó Fernando Jaramillo, presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor). La incertidumbre se traduce en falta de estabilidad laboral para las jugadoras y en posibilidades reducidas de prepararse para campeonatos de talla mayor como el mundial de Australia-Nueva Zelanda 2023 y los Juegos Olímpicos de París 2024 para los que podrían obtener un cupo según su resultado en la Copa América.

Al ser consultado sobre la situación actual de las jugadoras, el directivo de la Federación Colombiana de Fútbol, Álvaro González Alzate, envió un mensaje publicado por la capitana del equipo, Daniela Montoya, minutos antes del encuentro que ganaron este lunes 3-0 contra Bolivia. “Las jugadoras y la Federación estamos unidos para tomar decisiones concertadas y generar espacios que nos permitan buscar un mejor futuro para las selecciones femeninas”, decía.

Las futbolistas colombianas, que han seguido de cerca las conquistas de igualdad salarial por parte de jugadoras en países como Estados Unidos y España, esperan no tener que levantar nuevamente sus puños. Quieren cosechar nuevos triunfos y alzar sus brazos con la copa más importante de todas: la de la equidad y el trato digno.

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