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Visitar los baños de los bares: ese nuevo deporte de riesgo

La limpieza de cualquier local tiene su prueba del algodón en la higiene de su W.C. Te damos algunos ejemplos de lo tedioso que resulta visitar los retretes fuera de casa.

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Foto de un baño de un restaurante en el barrio neoyorquino de Williamsburg.

Foto de un baño de un restaurante en el barrio neoyorquino de Williamsburg.

El baño es el reflejo del nivel de limpieza de cualquier local. Si eres un gran aficionado por baretos de mala muerte –en los que la caña siempre viene acompañada de tapa de empanadilla de atún congelada o de ‘deditos’ de pollo empanado mata munchies– probablemente te muevas por los peores baños de tu ciudad.

El ritual

Contestar a la llamada urgente de la naturaleza en un bar es un día de la marmota continuo en el que sabes qué es lo que te va a pasar, cómo te va a pasar y aún así no lo puedes evitar. Lo primero es que no hay pestillo, obviamente, cómo lo iba a haber si el bar lleva en pie desde hace medio siglo. Los pestillos están sobrevalorados para los dueños de un bar, eso queda claro. El que quiera hacer pis que se lo curre –como en Casa Camacho, en Malasaña, que hay que hacer contorsionismo hasta llegar a él– y así se evitan esas filas indias de amigos en pleno subidón que los ocupan durante siglos –porque cuando te haces pis los minutos son horas– o se convierta en un retiro espiritual en el que el cliente se tome más del tiempo “necesario”.

Retretes con la boca de Rolling Stones en una baño de París.

Retretes con la boca de Rolling Stones en una baño de París.

En el caso de los hombres se cuenta y se comenta que la tarea es más fácil pero si eres mujer empieza el reto de la noche. ¡Diversión para el body! Incluso decidir qué vestir se rige por el tipo de bar al que se va a ir. Vistiendo pantalones acampanados, culottes, palazzo o monos (¡ay los monos!), lo primero es asumir que se está haciendo un servicio a la comunidad: el de limpiar todo el suelo del baño con ellos cuando llegue la hora de bajárselos. No hay de otra amiga. De hecho, ya que te pones, ¿por qué no te pasas por II Morto Che Parla en Lavapiés? Sus clientes te lo agradecerán.

Tampoco hay mucho que hacer cuando te abren la puerta mientras estás en plena maniobra de gimnasta rítmica en la que intentas hacer pis desde el aire sin que se te caiga el bolso al suelo y tu abrigo no se deslice por tus manos hasta llegar a tocar el W.C. Parece exagerado sí, pero cuando se pierde el equilibrio es inevitable el desastre, ya está jodida la noche. Y parece ser que este sentimiento es universal, ejemplo número uno, el post de Facebook que se hizo viral el año pasado

Patrones

Los “mejores peores baños” del país siguen un patrón. Es como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para hacer la vida de cualquier mortal, un infierno compuesto por azulejos sin limpiar, tazas sin reformas, cadenas que no funcionan y olores inolvidables. Y aunque hablemos de una ciudad cosmopolita como Madrid, Barcelona, Nueva York o Berlín o del pueblo más recóndito de Extremadura, todos los baños infernales de bar suelen seguir las mismas líneas cutres. Desde la escobilla escondida detrás del W.C. pidiendo ayuda silenciosa para que alguien la aniquile y termine metiéndola en el basurero para acabar con su mísera vida, hasta esa toalla colgada de un clavo que llora tristemente cada vez que alguien la manosea. ¿Hay algún valiente en la sala que se digne a tocarla? Y aunque estos baños sean un horror, encontrarlos dentro del bar no suele ser fácil. Casi siempre los peores son los más difíciles de localizar.

En el Palentino (Madrid) si logras no caerte por las escaleras es un milagro y en el ya chapado bar Noviciado los fríos y enormes salones por los que había que pasar para encontrarlo se convertían en el terrorífico presagio de lo que se escondía detrás del cartel de ‘servicios’. Luego está el tema del papel de baño, el elemento más codiciado en una noche de fiesta y la competencia número uno del paquete de Kleenex. Casi siempre escasea y la mayoría de las veces no suele ser de una calidad que supere la media establecida por cualquier barómetro estándar de decencia. Amén a todos y todas aquellas que se compadecen de esas dos piernas que se divisan debajo de una puerta que dicen con vergüenza: '¿Papel? ¿Alguien tiene papel?' El jabón de manos es ya todo un lujo en este tipo de dependencias y ojo al dato: parece ser que lo que más contamina no es ni la taza ni los pomos de las puertas, son los secadores eléctricos y el suelo los que retienen la mayor cantidad de gérmenes.

W.C / 3.0

En 2014 Ana Botella aprobó una Ordenanza de Protección de la Salubridad Pública en la que se permiten los baños mixtos en locales inferiores a los 200 metros cuadrados con un aforo menor a 50 personas y de momento, parece ser que se lleva bastante bien lo de la igualdad a la hora de ir al baño. Eso sí, que no falte esa miradita al salir del baño al sexo opuesto como diciendo ‘hey colega, lo que ves ahí no lo he dejado yo'. Pero para hacer más fácil y rápida la labor, ya hay artilugios que presentan una solución a aquellas que siempre han soñado hacer pis de pie. Isyloo por ejemplo, ha empezado a ganar popularidad dentro de las redes sociales como uno de los últimos inventos del mercado de higiene femenina. Suena a mito y a que cuando lo intentes te vas a duchar las piernas con tus propios líquidos internos, pero lo que promete suena a un utopía digna de ser probada. 100% ecológico y reciclable, Isyloo “convierte la poco convencional posición de hacer pis de pie en una forma de vida indispensable.”

¿Será hacer pis de pie la nueva moda femenina? No vendría nada mal llevarse unos cuantos en el bolso para los festivales veraniegos en los que la pesadilla del bar se traslada a los Poly Klin, a las letrinas o incluso a esas duchas convertidas en W.C. Y todo esto solo para hacer pis, porque lo de entrarle a la segunda llamada de la naturaleza en un bar ya es otra historia.

 

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