EDITORIAL

Fraude en el pescado

El elevado porcentaje de etiquetas que no reflejan la realidad obliga a extremar el control

Un año después de que estallara el escándalo del fraude de la carne de caballo —al encontrarse trazas de tejido de este animal en productos supuestamente elaborados solo con carne de ternera— un programa europeo sobre el etiquetado de productos pesqueros ha permitido constatar ahora que también en el caso del pescado existe un considerable nivel de fraude. El programa Labelfish, financiado con fondos de la UE, ha analizado muestras de pescado fresco y productos envasados en 17 ciudades europeas. Aunque los autores del estudio, un equipo del CSIC de Vigo, aclaran que el fraude en el etiquetado no implica necesariamente un problema de seguridad alimentaria, el elevado número de muestras fraudulentas en algunas especies, como el atún, indica que existe un problema de control de los mecanismos de trazabilidad. Este sistema permite seguir todos los pasos del itinerario que ha seguido un producto desde el lugar en el que ha sido capturado o producido hasta donde es consumido.

Editoriales anteriores

Más que un fraude (28/02/2013)

En el caso del pescado analizado, la mayor parte de las veces el fraude consiste en que el producto que se vende es de menor calidad que el que figura en la etiqueta. En concreto, se analizaron 300 muestras frescas o productos elaborados de atún, anchoas y bacalao. El porcentaje de etiquetas fraudulentas osciló entre el 2% y el 25%. El mayor índice de fraude se observa en el etiquetado del atún fresco y troceado (25%), seguido de las conservas de atún (11,3%) y las semiconservas de anchoa (12,2%). Estudios anteriores, realizados por universidades de Dublín, Oviedo y Tesalónica habían observado un 28% de etiquetas engañosas en el bacalao y hasta un 40% en la merluza. Para hacerse una idea del significado de estas cifras, el estudio oficial realizado en España en 189 productos para medir el alcance del fraude de la carne de caballo encontró que las muestras con trampa —aquellas que contenían carne de equino sin que figurara en la etiqueta— alcanzaba el 4%.

La trazabilidad del pescado es obligatoria en la Unión Europea desde 2005. Desde esa fecha ha mejorado considerablemente el control de calidad y la seguridad del pescado y sus derivados, pero la persistencia de una bolsa de fraude obliga a extremar los controles, porque se trata de un campo de cultivo propicio para que puedan producirse en algún momento problemas de seguridad. Si los controles no pueden evitar el engaño comercial, es difícil que puedan garantizar plenamente la seguridad.

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