Irán critica que Michelle Obama entregara el Oscar a ‘Argo’

El escote y los brazos de la primera dama, durante la entrega de la estatuilla, fueron tapados con un burdo Photoshop por los medios iranies

Michelle Obama, durante la entrega de los Oscar, y a la derecha su imagen modificada. / AFP

Que el Oscar a Argo no iba a ser del agrado del régimen iraní era un secreto a voces. Desde su estreno el año pasado, los medios de comunicación (bajo control estatal) arremetieron contra la película que tacharon de “distorsión histórica” y propaganda “anti-iraní”. Ahora, el hecho de que Michele Obama entregara el galardón a la mejor película solo ha ratificado su convicción de que se trata de una decisión política. Además, el empalagoso puritanismo oficial les ha llevado a manipular la imagen de la primera dama estadounidense para cubrirle púdicamente el escote y los brazos con un burdo Photoshop.

“Esta película anti-iraní carece de valor artístico”, ha declarado el ministro de Cultura y Orientación Islámica, Mohamed Hoseini, citado por la agencia oficial IRNA. Según este responsable iraní, Argo “ha sido elegida para el principal galardón gracias a una campaña generalizada de financiación y publicidad (…) destinada a llamar la atención del mundo entero”.

Para la televisión iraní, la 85ª ceremonia de los Oscar ha sido “la más política de todos los tiempos”. La información sobre los premios acusó a Ben Affleck, el director y protagonista de Argo, de haberse especializado en “la exageración” y le reprochó “sacar las cosas de quicio y crear escenas falsas”.

La película, que también logró los Oscar al mejor guion adaptado y al mejor montaje, cuenta el rocambolesco rescate de seis funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Teherán que lograron escapar del asalto a la sede diplomática por un puñado de estudiantes revolucionarios en noviembre de 1979. La historia está basada en el libro del mismo título escrito por el agente de la CIA que coordinó su salvamento y a quien interpreta Affleck.

EEUU desclasificó el dossier en 1997, pero en Irán el asunto toca uno los asuntos determinantes de su política exterior. A raíz de que el entonces líder supremo, el ayatolá Jomeini, aprobara la toma de la embajada, en violación de los convenios internacionales, el antiamericanismo (o la “lucha contra el Gran Satán”, en la jerga oficial iraní) se convirtió en uno de los pilares del régimen iraní que acababa de derrocar al sha. Cuando 444 días después el Gobierno de Teherán liberó finalmente a los 52 estadounidenses que aún mantenía como rehenes, Washington cortó relaciones diplomáticas y hasta ahora.

Nunca ha habido una disculpa por aquel incidente, que sus autores justificaron en la sospecha de que la Embajada de EE UU planeaba un golpe para reinstaurar la monarquía y que marcó para siempre la imagen internacional de la República Islámica. Ni siquiera los jóvenes estudiantes que llevaron a cabo el asalto y que luego han evolucionado hacia el reformismo han mostrado dudas sobre aquella acción.

Masumeh Ebtekar, que fuera portavoz de los secuestradores y luego vicepresidenta con Jatamí, ha declarado a PressTV que pensó que la película sería una representación equilibrada de los hechos, pero que la ha visto y no cuenta la historia como realmente fue. Lo que no explica Ebtekar es que ha tenido que verla en una copia pirata porque, salvo excepciones, en Irán no se distribuyen películas estadounidenses.

No es la primera vez que los dirigentes iraníes se indignan por la imagen que Hollywood da de su país. También les irritó el retrato sanguinario de los persas que en 2007 hizo 300, una recreación de la batalla de las Termópilas. Además, tampoco suelen ser de su gusto las películas iraníes que se premian en el exterior. Solo reconocieron el Oscar al mejor film extranjero que se llevó el año pasado Una separación.

 

 

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