El villano Kim Dotcom quiere ser un héroe de culto

El fundador de Megaupolad habla acerca de las irregularidades que rodean su proceso

Ha decidido combatir su imagen demonizada compartiendo sus juergas y vivencias con el mundo

Está a la espera de la vista sobre su extradición a Estados Unidos

Kim Dotcom, tras comparecer en el Tribunal Supremo de Auckland (Nueva Zelanda), el 29 de febrero. / GETTY

El mes pasado, Ben Gracewood, desarrollador de software neozelandés, replicó a un tuit de Kim Dotcom, fundador de Megaupload, la web de descargas cerrada por el F.B.I. Le decía: “Veo que os pasáis el día paseando en vehículos eléctricos modificados y subiendo las fotos”, en referencia a una imagen que el señor Dotcom, de 38 años, acababa de colgar, en la que aparecían tres colaboradores suyos con cochecitos de golf y un Segway. “A mí no me importaría vivir así”, escribía Gracewood.

Para su sorpresa, veinte minutos recibía respuesta: “¡Pues vente con nosotros!”. Acompañado de un amigo, se plantó en la casa más cara del país –la mansión de 24 millones de dólares alquilada por el magnate alemán– para bañarse en la piscina y comer pasteles. Las fotos y tuits de la experiencia, colgados en la red social bajo el hashtag #swimatkims, fascinaron a toda Nueva Zelanda. Es la más reciente de las vicisitudes que han convertido a Dotcom en una especie de héroe desde su detención.

El magnate exhibicionista

Dotcom subió esta imagen a Instagram y a Twitter, y añadió: “Mis presuntos socios conspiradores, disfrutando de un domingo al sol en mi mansión”.

El 18 de junio, después de que le levantaran el veto para usar Internet, Dotcom se dio de alta en Twitter, acumulando más de 46.000 seguidores en dos semanas. Ahí cuelga fotos de su familia, ridiculiza la querella legal contra él o incrementa su presencia pública con fotos en un concierto o en una manifestación contra el cierre de un canal de televisión subvencionado por el Estado. Al día siguiente de #swimatkims subió que repetiría el acontecimiento para “todo el mundo”. “Necesito una piscina pública enorme, un DJ increíble, luz y sonido. ¿Quién se apunta?”.

En enero, dos helicópteros de la policía aterrizaron en el jardín de su lujosa vivienda, al norte de Auckland, para hacer una redada. Hasta entonces, la mayor parte de este país de 4,4 millones de habitantes no había oído hablar jamás del señor Dotcom, instalado allí desde hacía dos años, pese a sus extravagancias y riqueza. Él y otras tres personas relacionadas con Megaupload fueron detenidas, por estar acusadas en EE UU de violación de los derechos de propiedad intelectual y blanqueo de dinero.

Este mismo mes, está previsto que los abogados de Dotcom en EE UU comparezcan ante un jez de Virginia para tratar de que desestime la acusación penal. Según un documento que figura en la web de sus abogados, alegarán, entre otras cosas, que los cargos no son válidos porque es necesario formularlos contra las oficinas que una empresa posea en EE UU, algo que Megaupload nunca ha tenido. Los cuatro hombres arrestados en Nueva Zelanda continúan en libertad bajo fianza en espera de la vista sobre la extradición, que se celebrará el 6 de agosto.

Entre los artículos incautados en las redadas de enero figuraban 18 vehículos de lujo con un valor de seis millones de dólares –incluidos un Rolls-Royce Phantom Drophead Coupé y un Cadillac rosa de 1959–, ordenadores y hasta 11 millones de dólares en efectivo.

En una entrevista por e-mail, Dotcom asegura que la policía y el gobierno neozelandés le han tratado mal porque se limitan a obedecer las demandas de EE UU. “Dos helicópteros y 76 oficiales fuertemente armados para detener a un hombre acusado de delitos contra la propiedad intelectual; ¿qué le parece?”, escribe. “Hollywood está llevando los guiones de sus películas al mundo real y enviando a las fuerzas armadas a proteger un modelo de negocio anticuado”.

Dos helicópteros y 76 oficiales fuertemente armados para detener a un hombre acusado de delitos contra la propiedad intelectual; ¿qué le parece?"

En febrero, la policía defendió la operación; dijo que, tras valorar los riesgos, había sido una actuación proporcionada, con no más de “20 o 30” agentes en el registro.

Tras un mes de cárcel, Dotcom recibió autorización para pagar la fianza, pese a los argumentos de la acusación de que existía el peligro de que huyese. En los meses posteriores, sus abogados comparecieron en una serie de vistas hasta lograr que se relajasen las condiciones de la fianza y que liberasen parte de su dinero confiscado con el fin de cubrir gastos.

La mayor victoria de Dotcom llegó el jueves de la semana pasada, cuando un juez de un Tribunal Superior dictó que la policía había utilizado un tipo de orden de registro equivocado, por lo que toda la operación era ilegal. Los abogados del magnate regresaron al Tribunal Supremo de Auckland el miércoles, para intentar recuperar los bienes y datos confiscados.

El doctor Gavin Ellis, profesor de estudios políticos en la Universidad de Auckland, dice que, con el tiempo, la gente ha retirado su apoyo a las acciones policiales. “Al principio hubo una reacción de ‘caramba, qué maravilla, han capturado a ese presunto cerebro criminal’”, dice Ellis. “Pero después se consideraron demasiado duras”. Se fue granjeando el favor de la opinión pública. En mayo, la web Stuff.co.nz publicaba: “La franqueza de Dotcom conquista a los kiwis”. “Ha dejado de considerarse un presunto criminal para convertirse en un héroe de culto”, dice el doctor Ellis.

 

En su primera entrevista televisiva, en marzo, en el programa Campbell Live, ofreció una imagen afable, serena y elocuente, con un inglés casi perfecto y un ligero acento alemán. Durante la entrevista, dijo que la acusación presentada en EE UU contra él no era “más que un comunicado de prensa lleno de cosas sacadas de contexto, dirigido a dar la peor imagen posible de mí”.

El lunes pasado, por correo electrónico, Dotcom dijo que era “un personaje desmesurado” pero que nunca había buscado la fama ni la notoriedad. “Los neozelandeses nos han acogido muy bien a mi familia y a mí. Saben que he recibido un trato injusto. Saben que las autoridades de su país hacen lo que sea para complacer a EE UU”, escribió. “Antes, yo respetaba a Estados Unidos y el sueño americano”, dijo. “Pero ahora pienso que EE UU es la mayor amenaza que existe contra la libertad en internet y la paz en el mundo”.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.© 2012 New York Times News Service. Distribuited by The New York Times

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