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COLUMNA

Tapan sus vergüenzas

A los gobernantes y dirigentes del PP valenciano debe reconocérseles una acreditada habilidad para sacudirse las responsabilidades y endosárselas a terceros, que suelen reducirse al presidente Rodríguez Zapatero y eventualmente a los partidos autonómicos de la oposición por no haberse constituido en clac dócil de sus iniciativas. Pero en los últimos meses lo han tenido crudo para salirse de rositas de los charcos que pisaban y, especialmente, de esa charca que se denomina caso Gürtel que ameniza los espacios de humor y de sucesos, además de la crónica de tribunales, en los medios de comunicación. Son y han sido unos meses aciagos para el presidente Francisco Camps y la cuerda de imputados que le acompaña, constreñidos a negar desmañadamente los cargos y resistir el desgaste a que les somete el proceso judicial que a estas horas ya ha aniquilado sus respectivos créditos políticos, en caso de haberlos tenido.

Solos, pues, ante el acoso de la ley y de las evidencias, no tenían otra alternativa que señalar con el dedo a sus acusadores, jueces y fiscales, lo cual únicamente servía para apacentar a sus pías y crédulas clientelas. La derecha, tan acrítica, está siempre presta a tragarse estas historias de buenos y malos, tanto más si el principal implicado es el molt honorable, que transpira el candor de quien nunca ha roto un plato, y de quien nunca cabría esperar que se pusiera en la picota por sus trajines con truhanes y asimilados. Imagine el lector con memoria para ello qué hubiera pasado en el seno de la izquierda valenciana si el espartano presidente Joan Lerma o la rigurosa alcaldesa Clementina Ródenas se nos hubiesen descolgado luciendo indumentaria de dudoso origen o complementos -digamos bolsos de mano regalados- al alcance exclusivo de millonarios. Aún retumbaría el estruendo del escándalo.

Pero la suerte suele aliarse con los triunfadores, como seguramente postula algún adagio latino, y el PP se ha encontrado con una excelente causa para desviar la atención del vecindario y condensar la actualidad política. Nos referimos a la financiación de las autonomías recientemente resuelta y que tan malparados nos deja a los valencianos. Hoy por hoy la discriminación con que se nos trata es un hecho incontrovertible por más que en su día quizá se matice o atenúe a la hora de ajustar cifras y dotaciones definitivas. Pero por lo pronto es el mejor abono posible para el victimismo que el PP practica con obvio provecho. Faltaba tan sólo que una explicación insuficiente o una interpretación capciosa otorgase a la Comunidad el liderazgo en inseguridad y delincuencia, cuando al parecer ese lamentable entorchado sólo se refería -y por un periodo muy concreto- a una de sus provincias.

No diremos que sea improcedente, ni siquiera exagerado por parte del Consell y de su partido, airear ambas demandas, y en especial la económica por la merma de recursos con que se nos castiga. Insistir es, por otra parte, una manera, de enmendar el poco o ningún peso que este Gobierno autonómico ha tenido en el debate sobre el reparto de la tarta financiera. En ese punto creo que los valencianos de todo signo hemos de estar al lado de quien nos gobierna y reivindica lo que se nos antoja justo. Sin embargo, no debemos olvidar que esta ofensiva contra Madrid emprendida por el PP tiene mucho de humo para disimular las carencias y tapar las vergüenzas del más deprimente y trolero equipo gobernante que ha pasado por la Generalitat.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de julio de 2009