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CARTAS AL DIRECTOR

Estigmas sociales

Desgraciadamente, la orientación sexual puede ser motivo de vejaciones, castigo físico, cárcel o pena de muerte en países donde el respeto a la libertad y a los derechos humanos no forma parte del código ético y de buenas prácticas, pero que en el siglo XXI en la pretendida Europa de las personas aún existan leyes que impidan donar sangre a las personas declaradas homosexuales es algo que asombra. Sin ir más lejos, las autoridades de nuestros vecinos de Francia y Andorra excluyen a los gays argumentando que la decisión responde a datos epidemiológicos.

Y aquí es donde me asaltan ciertas dudas. Si la sangre es rechazada independientemente de las conductas o prácticas llevadas a cabo, ¿no se está poniendo en duda la palabra de la persona únicamente por sus preferencias sexuales? Si la fiabilidad y rigor del formulario previo se basa en la buena fe del donante al responder, ¿no quedaría comprometida igualmente la seguridad de la donación? Si los tests se realizan sistemáticamente y ofrecen un alto grado de seguridad y en la actualidad el número de contagios es superior entre los heterosexuales, ¿por qué ofrecemos más seguridad unos que otros? ¿No será cuestión de estigmas sociales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de enero de 2009