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jueves, 9 de noviembre de 2000

Cumplida la última voluntad de una reina

Nunca un funeral tuvo desenlace feliz. Salvo el celebrado en la catedral de Madrid ayer, presidido por los Reyes de España. Les acompañaba la infanta Elena. Bajo los ternos oscuros de los asistentes, la emoción de ver satisfecho un viejo sueño. Un sueño acariciado desde hace exactamente 122 años. Corría el año de 1877. El rey Alfonso XII, bisabuelo de don Juan Carlos, se había enamorado hondamente de su prima carnal María de las Mercedes, hija de los duques de Montpensier. Ella contaba entonces con 17 años. Su alegría destellaba como un fogonazo luminoso en una corte oscurecida por zozobras y conjuras sin cuento. Por ello, su boda con el rey en enero de 1878 había sido saludada con simpatía y recibida con júbilo.En junio de aquel año, acababa de anunciarse el embarazo de la reina. Todo sonreía a los jóvenes esposos. Sus paseos por Madrid, sus miradas, interpretadas como caricias, llegaban inmediatamente a las coplas. Al poco del feliz anuncio, la reina perdió al hijo que esperaba. Y el 26 de junio, súbitamente, una fiebre tifoidea segó en apenas unas horas la vida de aquella muchacha en la flor de su juventud. No pudo ver cumplido su deseo de que Madrid tuviera una catedral. Pero dejó sus bienes como dote para consumar este propósito. A su muerte, su esposo Alfonso XII, desconsolado al decir de las crónicas, dispuso que María de las Mercedes reposara en el futuro templo catedralicio cuya construcción su difunta esposa alentó con todo su empeño. El día en que su voluntad quedó cumplida fue, precisamente, el de ayer.La jornada había comenzado a primera hora de la mañana en la basílica del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde sus despojos reposaban en un deambulatorio de la capilla de Santa Ana, en el ala del Evangelio. Por haber muerto sin descendencia, María de las Mercedes no pudo yacer en el Panteón de Reyes, que únicamente alberga las sepulturas de las reinas que han sido madres de Reyes.

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Los restos de la reina permanecían ayer a la espera de su traslado, en el interior de un catafalco forrado de raso dorado. El ataúd, con herrajes y cerradura, se hallaba sobre un túmulo frente al altar mayor de la basílica. Fray Fermín Fernández Biénzobas, prior de la comunidad agustina que rige el monasterio, presidía un sencillo acto de despedida de quien fuera huésped del monasterio desde 1878. A su izquierda, la escolanía del monasterio, una treintena de muchachitos de suavísimas voces, entonaba cálidamente en medio de una basílica apenas poblada un gradual del siglo XVII y un salmo jerónimo. Enfrente del prior navarro, el jefe de la Casa del Rey, vizconde de Almansa, y el duque de San Carlos, presidente de Patrimonio Nacional, asistían al responso para hacerse cargo de los restos de la reina difunta. Tras un breve oficio, seis fornidos guardias reales, con sus uniformes azules, alzaban el macizo ataúd -el primer sarcófago regio que abandona el monaste-rio- y lo trasladaban hasta el Patio de los Reyes. Allí, un furgón funerario abulense, escoltado por los guardias reales, emprendía el camino hacia la catedral de Madrid. A los sones de la Marcha Real, cantada por el coro catedralicio, los Reyes y la infanta Elena entraron en el templo, donde ya se hallaban José María Aznar, presidente del Gobierno y su esposa, Ana Botella; el ministro de Justicia, el presidente regional Alberto Ruiz-Gallardón, y el alcalde, José María Álvarez del Manzano. El cardenal Antonio María Rouco, ofició una misa donde glosó la bondad de la difunta reina, cuyos restos habían sido instalados en una capilla principal situada en una meseta bajo el altar de la Virgen de la Almudena. Un centro de preciosas dalias, enviado por los Reyes, ornaba la capilla. La misma lápida que selló su enterramiento provisional en El Escorial fue fijada al muro: "Maria de Mercede, Alphonsi XII dulcissima coniux". Entre el público, la actriz Paquita Rico, quien encarnó en el cine a María de las Mercedes, la definía así: "Un ser de alma pura, querida por todos los madrileños. Estoy encantada al ver cumplida su última voluntad en la catedral de Madrid".

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