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domingo, 2 de enero de 2000

"El hombre del milenio" nació en Barcelona

Faltaban todavía algunos minutos para la medianoche, pero El hombre del milenio tenía ganas por saludar al mundo, y su enorme corazón, diseñado por el escultor francés Rémi Trotereau, comenzó a latir. Éste fue el punto culminante del espectáculo tecno-mitológico organizado en la noche de fin de año en la plaza de Catalunya de Barcelona por la compañía teatral La Fura dels Baus para recibir el 2000. En su alumbramiento, este ser simbólico que representa a toda la humanidad no estuvo ni mucho menos solo: más de 20.000 personas tomaron literalmente la plaza para darle la bienvenida, en un acto marcado por la espectacularidad y la euforia de los asistentes, muchos de los cuales debieron conformarse con intuir el evento, pues la propia concurrencia dificultaba la visibilidad."Chicas, ¿sois catalanas? Qué alegría, creía que estaba soñando, porque aquí todo el mundo es de fuera". Un señor saludaba con esta frase de recocimiento a un grupo de jóvenes que, apostadas en los límites de la plaza, trataban de seguir la fiesta. Y es que los turistas componían una buena parte del público que La Fura logró convocar en la plaza. La celebración se inició una media hora antes de la medianoche. Su verdadero protagonista fue la gran figura de hierro de 15 metros de altura que dio nombre al acto, un gigante cuya personalidad ha sido diseñada por Internet por 30.000 usuarios. El hombre del milenio es, según los responsables de La Fura dels Baus, una criatura metafórica, un ser colectivo que sólo tiene sentido a partir de la suma de identidades individuales. En la noche de fin de año, la figura metálica, sujetada por una gigantesca grúa hidráulica, se llenó de sentido cuando un nutrido grupo de escaladores y castellers rellenaron su estructura y consiguieron el milagro de darle vida.

Mientras tanto, una proyección sobre uno de los edificios de la zona señalaba la cuenta atrás hacia el nuevo día. El sonido de una campana de 200 kilos accionada por el actor Billy Vidal marcó el cambio de dígito en el calendario. Entonces, El hombre del milenio -que, pese a su denominación genérica, y por decisión de sus creadores cibernéticos tiene psicología de mujer, solidaria y ecologista, y dispone de las cualidades deseadas para los humanos del nuevo 2000- se puso en funcionamiento. Sus brazos se levantaron gracias al esfuerzo conjunto de 20 personas, el gigante se giró, de espaldas a la plaza, y sobre uno de los edificios circundantes se proyectó la llamada puerta del 2000. Un espectacular castillo de fuegos artificiales aplaudió la llegada del mítico nuevo año. Para entonces, la plaza empezaba ya a ser un manto de botellas rotas, de manchas de cava y vasos desechados, síntoma de que en una de los más emblemáticos escenarios barceloneses se había vivido una gran fiesta.

El hombre del milenio nació justo 12 horas después de que el grupo teatral Comediants dijera adiós a su dilatada cuenta atrás hacia el 2000. En los últimos 100 días del viejo año, la compañía se había convocado cada mediodía en el edificio de La Pedrera de Barcelona para deshojar un almanaque y hacer públicos los deseos para el nuevo milenio de destacados representantes del mundo de la cultura, el deporte y la política. El 31 de diciembre, Comediants estuvo acompañado por miles de barceloneses, que asistieron a un fin de fiesta especial.

Un centenar de músicos pertenecientes a la banda de La Sénia, de Tarragona, interpretaron por última vez la Sinfonía del tiempo, compuesta especialmente para esta repetida performance. El presidente de Caixa de Catalunya, Antoni Serra i Ramoneda, l"home dels nassos -personaje popular con tantas narices como días le quedan al año- y el director de Comediants, Joan Font, fueron los encargados de leer los últimos deseos para el 2000. A continuación, los miles de asistentes a la fiesta pudieron también hacer volar sus deseos, que se elevaron al cielo en papeles atados a la cola de 25 enormes globos distribuidos entre el público.

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