Víctima

Esperanza Aguirre se considera la principal víctima de la trama parapolicial, presuntamente sostenida con fondos públicos, que, al parecer, ha espiado durante años a personalidades del PP, del Ayuntamiento de Madrid y de su propio Gobierno. Estoy segura de que no se refiere a los dossieres que circulan a su alrededor en todas direcciones, porque ella es de los pocos notables de su entorno del que no ha aparecido ninguno, pero sus palabras evocan en mí a otras víctimas.
Pienso en el doctor Montes, en sus colaboradores, en los equipos de cuidados paliativos de Leganés y otros hospitales, en los madrileños que podrían haber tenido una buena muerte que les fue negada, y en los familiares que les vieron morir con dolor. Pienso en los trabajadores y usuarios de una sanidad pública despreciada, maltratada y en vías de desmantelación, en los representantes sindicales difamados como delincuentes, en el triste final de la clínica Puerta de Hierro, en los pingües beneficios de las multinacionales sanitarias. Y en el abandono de la educación, en las guarderías inexistentes, en el colegio construido en El Álamo con dinero de todos y privatizado después a traición, en la caída de la inversión en los centros públicos, en el trato de favor que las juntas de escolarización deparan a los concertados, en los fondos que no llegan a las universidades, en el campo de golf que se alza donde los niños de Chamberí pedían instalaciones deportivas. Y, para ser sincera, también pienso en mí.
Pienso en mí, y en los millones de madrileños que ganamos por la izquierda las autonómicas de 2003, para que Aguirre recuperara el poder gracias a un procedimiento tan irregular que se diría digno de varios dossieres. En Madrid sobran víctimas. Hay tantas que nuestra presidenta se merece, con creces, el puesto de honor que reivindica. No nos caerá esa breva.
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