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Entrevista:NIKI VENDOLA | Gobernador de Apulia | VIENE DE PRIMERA PÁGINA... ESCÁNDALO POLÍTICO EN ITALIA

"Berlusconi intoxica a la izquierda"

Homosexual, católico y comunista, Nicola Niki Vendola, de 51 años, asegura ser capaz de cumplir con las tres etiquetas sin la más mínima confusión. Esa claridad de ideas, y de palabra, ha convertido a Vendola en una de las figuras más interesantes del decadente panorama político italiano. Discípulo del obispo Tonnino Bello, que está a punto de ser santo, Vendola dirige desde 2005 la región de Apulia, un lugar lleno de olivos y de trigo que ha recorrido los periódicos del mundo gracias a (o por culpa de) un tipo llamado Gianpaolo Tarantini, que se especializó en acarrear velinas y prostitutas como Patrizzia D'Addario para las fiestas locas de su amigo Silvio Berlusconi.

Tarantini, hoy bajo investigación de la magistratura por corrupción, inducción a la prostitución y posesión y cesión de drogas, era un empresario de prótesis que medró en la sanidad y la vida intercambiando favores con políticos de derecha e izquierda. Su actividad local salpicó a algunos miembros de la junta de Vendola, y sobre todo a la de su antecesor, Raffaele Fitto, hoy ministro y fundador de la lista municipal La Pulla Antes que Nada, en la que D'Addario fue candidata tras dormir con Papi.

"Sólo seremos creíbles si damos ejemplo de moralidad y apertura"

Para dejar las cosas claras, Vendola cortó por lo sano e invitó a todo su equipo a dimitir. Unos días después, presentó un nuevo Gabinete con seis miembros del centro-izquierda y cinco comunistas (seis mujeres y ocho hombres).

Todavía afectado por las revelaciones del caso Tarantini, Vendola ha hecho de la cuestión ética la bandera de su política. "La Pulla ha sido víctima de la ambición de los jóvenes rampantes de la derecha", explica. "Fitto, su ayudante Tato Greco, Tarantini, son todos ellos hijos de papá sin la menor cultura institucional que han utilizado una relación enferma con las mujeres, el poder y la Iglesia para ocupar el territorio. Forman la cúpula de una criminalidad de cuello blanco que ha sustituido a la mafia en ausencia de un ejército armado que en Pulla no existe".

En un momento en que la izquierda italiana está desaparecida y sin brújula, Vendola reivindica una nueva política de progreso. Y un nuevo cuadro dirigente. "Las peleas entre reformistas y radicales revelan que vivimos una guerra preventiva sin cuartel. Hay que evitar el juego de vetos ideológicos. Sólo seremos creíbles si damos ejemplo de moralidad y apertura. Discutiendo a fondo con la Iglesia todos los temas pero sin renunciar a ampliar los derechos individuales... Tenemos un establishment islamofóbico, pero homófobo y machista, digno de una república islámica. India está mejor".

Otro caballo de batalla es la libertad de prensa. Sin comerlo ni beberlo, el gobernador comprendió que estaba envuelto en el Barigate de las prostitutas viendo la RAI. "La del telediario de RAI 1 es una historia que grita vendetta. Hablando de Tarantini, la cocaína y las escorts, metieron mi foto al fondo. Hacen periodismo delincuencial. Mi madre casi se desmaya".

¿Y qué sensación tiene, caerá alguna vez el soberano? "Interpreta como nadie las vísceras profundas del país y ha construido una amplia hegemonía", dice apurando un café frío. "Es amado porque reta a la eternidad, a las leyes de la física y también del físico, por su jeta y su incansable capacidad de mostrar una virilidad sempiterna. Pero su hegemonía ya no es ese ascenso irresistible. Le traicionan el miedo a perder a su pueblo, la neurosis de los sondeos, la angustia de los pitos. Debe repensar su vida. Su cara enseña grietas muy profundas: las menores de las que habló su mujer. En esta época de decadencia italiana y europea, muertas las grandes narraciones, la única narración que cuaja es la del ombligo. Por eso verle rodeado de ninfas y putas a discreción no se percibe como un fenómeno patético".

Vendola admite que el problema es, en gran parte, la falta de alternativa: "Sus críticos hemos sido como los liberales de los años veinte, cuando les disgustaba el fascismo sólo por razones estéticas. Nosotros hemos demonizado la persona y hemos olvidado que el berlusconismo es la filosofía política y social preponderante. Su triunfo es haber convertido al enemigo en un mata-Berlusconi. La izquierda se ha intoxicado de berlusconismo y buscado su fuerza en un líder semejante a él. Él es el capitán que salta al campo, nosotros somos otra cosa. Debemos invadir el campo para acabar con este reality infinito".

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