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Crítica:el tiovivo
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

FUROR Y MÉTODO DE TAVERNIER

En los comienzos de los comienzos, el aún no director de cine, pero ya cineasta, Bertrand Tavernier -un realizador europeo cuya capacidad de análisis corre paralela a su creatividad- hizo un ensayo de película en el formato de 16mm donde ya utilizaba el método de indagación presente en sus posteriores filmes. Esta película trataba, hélas, sobre las aventuras de René Descartes, tanto las sucedidas en la guerra como en sus revueltos pensamientos. Este primerísimo ensayo sobre Descartes, anterior, pues, a El relojero de Saint-Paul (1974) no es muy conocido, ni siquiera en su país, Francia. Y me dicen que ni siquiera Tavernier se acuerda de haberla filmado. Bueno, incluso cuando las cosas desaparecen en el olvido, nos queda por lo menos el método empleado para olvidarlas.

'RENÉ'

Dirigida por Bertrand Tavernier. 1973. Intérprete: Philip Noiret.

René es un filme de aventuras, digo, pero el aventurero es un hombre que suspende de vez en cuando la acción -aun en plena batalla- para solventar la pelea que tiene con su propio pensamiento. Estamos en la guerra de los Treinta Años, y el soldado René Descartes está al servicio del Duque de Baviera. René participa en la batalla que se da a las orillas del Danubio. Mientras se resguarda de los disparos de los mosquetes enemigos y prepara su propia arma esperando la orden para el contraataque, René le da vueltas a su cabeza, sobre la que, precisamente, silban las balas de los austriacos. Decide que debería poner en duda todos sus conocimientos de física, de filosofía, de todo el conocimiento aprendido en general, y empezar de nuevo. Él solo. En ese momento, el capitán da la orden de saltar fuera del baluarte y atacar. Descartes salta el primero, presa de un furor extraordinario, y carga contra el enemigo. Sus compañeros le siguen, cegados por el valor de René. Los soldados imperiales retroceden ante el empuje de los franceses. La batalla prosigue todo el día, con resultado oscilante, indeciso. Las tropas del duque Maximiliano de Baviera se reagrupan junto al único puente que queda sobre el Danubio. ¿Es preciso volarlo para no permitir que el enemigo lo cruce? ¿O es mejor defenderlo hasta la desesperación para poder utilizarlo en atacar de nuevo? René duda, pero duda metódicamente, lo que le permite seguir disparando, agacharse, volver a disparar... Una moral provisional le permite dudar y luchar. Toda la película de Tavernier sucede durante esta larga, inacabada batalla, menos un flash-back en medio de la acción bélica y los minutos finales.

Las imágenes del niño Descartes, mostradas en el flash-back, nos lo presentan en su cama del colegio de los jesuitas de La Flèche, sin quererse levantar. Sus compañeros le sacuden, le gritan, pero él adora su cama, su nido, su calor... es friolero y estudia largas horas en la cama. (Según las notas de montaje, esta escena sería suprimida en la versión definitiva. Una pena para aquellos a quienes les gusta vivir, y no sólo morir, en la cama).

Truena el cañón, el puente es atacado de nuevo, esta vez por los imperiales. Pero Descartes está absorto, a punto de culminar su pensamiento. Él solo. El bombardeo levanta surtidores del agua del río, salpicando al pensativo soldado. Y en su cabeza culmina el razonamiento que será fundamento de la modernidad. Entonces, una bomba más certera le levanta del suelo, mientras el puente se desploma. René cae, se debate entre el lodo. Se le ha olvidado la conclusión de su razonamiento.

-Cogito, ergo... ¿qué? Por lo tanto... ¿qué? Nada, no me acuerdo.

Se escucha el sonido de un clarín. Tropas de refresco suecas acuden en ayuda de los apurados franceses. Se llama a los soldados a reagruparse en torno al estandarte de la flor de lis. Descartes se levanta y pone orden en las filas. Con tan mala fortuna que una bomba enemiga revienta en medio del pelotón. A René, entre el ruido, la sangre y el humo, le vuelve a la cabeza la conclusión:

-Cogito, ergo sum, coño, pienso luego existo, leche.

En los minutos finales, Tavernier nos presenta a Descartes en la corte de Cristina de Suecia. Juntos repasan el Tratado de las pasiones del alma. En él Descartes describe cómo la pasión sirve para que ciertas representaciones perduren en el tiempo. "El tiempo es deseo". Como en el cine.

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