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Reportaje:

"La hora de los valientes"

El CSD confía en que el paso dado por el corredor transalpino anime a los españoles a imitarlo

Carlos Arribas

Ya en junio pasado, cuando empezaba a intuirse el tremendo alcance de la razzia de la Guardia Civil en los apartamentos de Eufemiano Fuentes, desde el Consejo Superior de Deportes, su director general, Rafael Blanco, lanzó una invitación a la colaboración bajo el lema "ha llegado la hora de los valientes". Un grupo de ciclistas, no más de media docena, incluido ya entonces el propio Ivan Basso, estuvieron a punto de dar el paso. Hubo negociaciones en julio, colaboración a cambio de una sanción pactada, una salida negociada a un embrollo que amenazaba con asfixiar el ciclismo mundial.

A finales de julio, un representante de Basso se reunió con Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte. Encontró más obstáculos de los que esperaba para hallar una solución rápida, demasiadas dudas, neblinas jurídicas. Dio marcha atrás y prefirió la vía del negacionismo que seguía la mayoría, quizás convencido de que las bolsas de sangre nunca saldrían del despacho del juez, que nunca habría sanciones para los ciclistas.

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En agosto, sin embargo, y pese a la oscuridad de las promesas que los empujaban, otro grupito de ciclistas comenzó a colaborar con la investigación de la Guardia Civil. Les animaba tanto la posibilidad de poder negociar una vía de salida al limbo jurídico en el que se hallaban -ni sancionados por la federación, ni libres para correr en sus equipos, de los que fueron apartados- como el deseo de quitarse un peso de encima. De dar un paso adelante. De ser valientes. Su gesto no tuvo recompensa. En octubre, el juez de la Operación Puerto decidió que las pruebas obtenidas para el procedimiento penal por presunto delito contra la salud a Fuentes y sus colaboradores no podrían ser utilizadas en un procedimiento administrativo. Los expedientes de la federación española a las decenas de ciclistas implicados se cerraron antes de abrirse. En Italia también se cerró, provisionalmente, mientras no hubiera pruebas, el expediente de Basso, quien firmó por el Discovery Channel y volvió a soñar con correr el Tour de Francia.

Y tal objetivo habría conseguido si no hubiera sido por una de esas contradicciones, ironías, circunstancias, que tanta perplejidad provocan en la época de globalización. Lo que un juez cerró en España -el titular del 31 no sólo privó de pruebas a la administración deportiva española, cerrando la vía a una investigación profunda sobre la identidad de la cincuentena de deportistas presuntamente implicados, sino que también decidió, mediada la investigación penal, archivar el procedimiento por delito contra la salud- un fiscal lo abrió en Alemania -una acusación por estafa contra Jan Ullrich condujo a la identificación mediante la prueba del ADN de nueve bolsas de sangre del ciclista ganador del Tour del 96, ya retirado- y un fiscal deportivo, el de antidopaje del Comité Olímpico Italiano (CONI), profundizó en Italia.

Ya en diciembre pasado la Guardia Civil y el CONI entablaron una comunicación que condujo, vía comisión rogatoria, a que el juez español autorizara el envío de sangre y documentación al fiscal antidopaje Ettore Torri, quien con laboriosidad y paciencia tejió la tela que finalmente forzó a Basso, y seguramente también a otro ciclista italiano, Michele Scarponi, a confesar y colaborar.

Mientras tanto, en España, todo sigue paralizado. Ni del ámbito penal ni del deportivo llegan señales de vida. Nada, en teoría, debería apremiar a las decenas de ciclistas que aún corren a dar el paso de la colaboración. Sin embargo, la presión ejercida por los equipos y organizadores no españoles, y también por la Unión Ciclista Internacional (UCI) y por una sociedad que desea que el ciclismo comience a resolver sus problemas, ha conducido a que los mismos corredores, y alguno más, que comenzaron a colaborar en agosto con los investigadores retomen las negociaciones y, valientemente, den el paso adelante que se les reclama. Para ello necesitarán también de la valentía del CSD, el organismo que puede conseguir de la UCI y de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) que garanticen una salida a los ciclistas para que la Operación Puerto deje de ser una historia interminable. Y para que comience a saberse toda la verdad.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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