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Reportaje:

Corrientes para Esteve

El motorista, en silla de ruedas tras un accidente, incorpora un campo eléctrico estimulador en su columna para ganar un 1% de sensibilidad

Oriol Puigdemont

Al igual que acostumbra a suceder con el motociclista de calle más anónimo, la vida de Isidre Esteve cambió en un segundo, el 24 de marzo pasado, mientras disputaba una etapa de la Baja Almanzora, una carrera correspondiente al Campeonato de España de Rallies todo terreno. La moto en la que circulaba por un camino se encabritó al pasar por encima de una roca. Como una catapulta, el piloto salió escupido por el aire, impactó con el suelo y se fracturó las vértebras T7 y T8. Dos meses y medio después, tras varias operaciones, el piloto catalán, de 35 años, comienza a habituarse a ir de un sitio para otro en silla de ruedas. Hoy ofrecerá su primera comparecencia pública desde el accidente.

El piloto, operado varias veces, es el primer paciente en Europa en que se aplica esta técnica
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En este tiempo, Esteve se ha sometido a varias operaciones. Algunas corresponden a intervenciones en órganos internos. La más delicada, sin embargo, fue la que se le practicó el 11 de abril pasado. Desde que los médicos del Hospital de la Vall d'Hebrón le operaron, el motorista leridano incorpora un campo eléctrico en su columna vertebral. "Mediante unos electrodos se consigue crear una corriente eléctrica que circula por la zona afectada y estimula la médula", explica Xavier Mir, miembro de la unidad de traumatología del Instituto Dexeus. "La técnica es aún experimental -Esteve es su primer paciente en Europa- y, en el mejor de los casos, le proporcionará una ganancia en su sensibilidad del 1%", añade Mir. No es poco si puede permitirle contraer algún grupo de músculos situado por debajo de la lesión. A pesar de las expectativas, los resultados no se podrán evaluar hasta dentro de un par de meses.

La operación fue posible gracias a KTM, la marca de motos para la que Esteve corría, y Wings for Live [Alas para la vida], una fundación que busca recursos económicos y los destina a la investigación en el campo de las lesiones en la espina dorsal. Fue esta fundación la que se encargó de trasladar un técnico especializado desde Norteamérica hasta Barcelona para asistir al equipo médico que operó al piloto.

Su fundador es Heinz Kinigadner, campeón del mundo de motocross en 1984 y 1985, y que actualmente desempeña funciones de asesor deportivo en KTM. De visita por el Gran Premio de Alemania de motociclismo de 2003, Kini, como así se apoda el ex piloto, recibió una llamada terrible. Hannes, su hijo, había sufrido un accidente mientras participaba en una carrera benéfica de motocross. Al caer, su columna quedó destrozada. "Cuando mi hijo se cayó, quedé asombrado de la falta de recursos que se destinaban a la investigación de este tipo de lesiones", recuerda Kinigadner, de 47 años. "Me puse manos a la obra". Y su obra, Wings for live, resultó un poco más fácil porque Kini se encaramó al búfalo más famoso del mundo. Le ayudó un buen amigo, Dietrich Mateschitz, el fundador de la marca Red Bull.

Mateschitz es austriaco como él. Además de dos escuderías de fórmula 1, este multimillonario ex empleado de una empresa de cepillos de dientes también está muy vinculado a KTM, originaria igualmente del país centroeuropeo. "Sólo a base de investigación se conseguirá el objetivo de recuperar las parálisis. Sin dinero, los científicos no pueden investigar, y así todo se estanca", argumenta Kinigadner, que ha trasladado a la fundación el mismo ímpetu que le llevó a triunfar en el motocross. Mateschitz y él han conseguido que Wings for live sea considerada como una fundación benéfica por el Ministerio de Finanzas austriaco, que ofrece donaciones regularmente.

Isidre Esteve.
Isidre Esteve.

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