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Independencia herida

El nuevo episodio de acoso al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, busca someter la política monetaria al capricho de Trump

Fiscales del Departamento de Justicia del Gobierno de Donald Trump han abierto una investigación penal contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en lo que supone el último y más grave paso de la ofensiva lanzada por el presidente de Estados Unidos contra la independencia del banco central. Los sobrecostes en las obras de renovación de la sede de la Fed y el testimonio al respecto que Powell prestó en el Senado son solo los pretextos para tratar de incriminarle sin base alguna. La verdadera razón de las acusaciones es su negativa a plegarse a la intimidación y a la presión para bajar los tipos de interés al ritmo que marquen los caprichos de Trump.

La independencia de un banco central para fijar el rumbo de la política monetaria sin interferencias gubernamentales es un componente clave de su capacidad para controlar la inflación, según han documentado el análisis económico y la experiencia histórica. Cuando la credibilidad de la autoridad monetaria se ve socavada por la influencia política, parte de la batalla está ya perdida. Por eso, casi todas las economías avanzadas y muchos países en desarrollo han establecido mecanismos institucionales que preservan esa independencia.

Trump, en su deriva autoritaria y en su afán de extender su poder, ha venido acosando a Powell desde antes incluso de tomar posesión hace casi un año. No ha escatimado críticas, insultos y embustes para tratar de torcer la mano del presidente de la Fed en busca de rebajas de tipos. El mandatario republicano coqueteó con la idea de despedirle antes de cumplir su mandato, blindado legalmente, pero tuvo que echarse atrás ante la negativa reacción de los inversores y las señales de que el Tribunal Supremo no avalaría ese atropello.

A cada arremetida, Powell ha respondido de forma exquisita, evitando una escalada en el enfrentamiento con Trump y subrayando que las decisiones del comité de política monetaria se toman exclusivamente en función de criterios económicos. Este domingo, sin embargo, el presidente de la Fed decidió dar un paso al frente, haciendo pública la investigación abierta en su contra, y llamando a las cosas por su nombre. “La amenaza de cargos penales se debe a que la Reserva Federal establece los tipos de interés con base en nuestra mejor evaluación de lo que beneficiará al interés general, en lugar de seguir las preferencias del presidente”, dijo en una inusual declaración en la que dejó claro que no se dejará intimidar por las bravuconadas del hombre más poderoso del mundo.

“El servicio público requiere a veces mantenerse firme ante las amenazas”, señaló Powell. Con esa firmeza no se defiende solo a sí mismo sino, sobre todo, a la institución que encabeza. El mandato de Powell como presidente de la Fed acaba en mayo, pero su cargo como gobernador miembro del consejo del banco central no expira hasta enero de 2028. Mantener ese puesto sería la mejor forma de defender al banco central del intento de asalto de Trump.

Los tres expresidentes vivos de la Reserva Federal (Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen) han calificado las acusaciones contra Powell como un intento sin precedentes de utilizar ataques de la Fiscalía para socavar la independencia del banco central, piedra angular del funcionamiento de la economía estadounidense. Los ataques, se quiera o no, suponen un aviso para quien Trump designe como sucesor de Powell. El claro mensaje es que su independencia solo será respetada si se pliega a los deseos del inquilino de la Casa Blanca.

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