Arranque no es destino: la inversión en México
La inversión en el país parece ser muy sensible al entorno económico y político nacional. Sin embargo, la experiencia demuestra que esto puede revertirse en los años subsecuentes

La inversión total ha disminuido en México en casi 10% desde mediados de 2024. Esta es sin duda una señal de preocupación, ya que la inversión es tanto un componente de la demanda agregada actual como un factor que aumenta la capacidad productiva en el futuro. Sorprendentemente, las caídas en la inversión en México son bastante más comunes de lo que uno pensaría. De hecho, todas y cada una de las últimas administraciones en México han pasado al menos por un episodio de contracción de la inversión. Hagamos un breve recorrido por estos casos.
De entrada, habría que separar entre las caídas súbitas en la inversión, motivadas por una crisis económica profunda, de aquellas caídas lentas, pero duraderas, que han estado asociadas más bien a una cierta desaceleración económica o incluso a una recesión. Dentro de las primeras se incluyen las contracciones atribuibles a la crisis de 1994-95, la ocurrida durante la Crisis Financiera Global de 2008-09 y la observada durante la pandemia de 2020.
Si medimos la caída de la inversión desde su punto más alto hasta su punto más bajo, la caída en 1994-95 fue de 40%, la mayor registrada en la historia reciente; en 2008-09 la contracción llegó a ser de 15% y, finalmente, la crisis asociada al Covid-19 dio lugar a una reducción de 32% en la inversión en México. Dadas estas magnitudes, no es una sorpresa que estos ajustes hayan venido acompañados de reducciones significativas en el PIB en México.
Por otro lado, hemos tenido caídas lentas pero prolongadas en la inversión en los siguientes periodos: 2000-02, 2012-13, 2018-febrero 2020, y en el periodo actual (2024-25). Es notable que todos estos casos han coincidido con los primeros años de una nueva administración. En 2000-02, por ejemplo, al inicio del gobierno de Vicente Fox, la inversión se cayó en 12%, Este ajuste se explica en parte por la crisis de las empresas de internet a nivel global, pero también por factores internos, en donde la transición política generó incertidumbre ante posibles cambios en las políticas públicas.
En 2012-13, al inicio de la gestión de Enrique Peña Nieto, la inversión llegó a contraerse hasta en 7%. Este ajuste se explica en buena medida por un cambio inesperado en la política de construcción de vivienda, el cual produjo la quiebra de varias empresas y el reajuste de todo ese sector en el país.
Por otro lado, entre junio de 2018 y febrero de 2020 la inversión se contrajo en 12%. Esta contracción ocurrió a partir de la elección del presidente López Obrador y se acentuó con la cancelación de lo que iba a ser el nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México. Vale la pena mencionar que esta caída se empalmó después con la ya mencionada contracción de la inversión atribuible a la pandemia.
Finalmente, la contracción de la inversión que estamos observando actualmente también ocurrió al comienzo de una nueva Administración y parece estar asociada a una doble incertidumbre: la externa motivada por la guerra arancelaria del presidente Trump y la potencial revisión del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá; y la interna, motivada por una amplia serie de reformas que han cambiado de manera importante el marco jurídico e institucional del país. Como ya se dijo, esta caída es cercana al 10%, por lo que es superior a la observada con Peña Nieto, pero inferior a todos los otros casos descritos anteriormente.
Ahora bien, ¿qué revela el hecho de que hayamos tenido caídas en la inversión en todos los gobiernos recientes (al menos de Zedillo a la fecha)? Por un lado, revela una enorme sensibilidad de la inversión privada ante cambios en el contexto económico y político en México. No es casual que todos los cambios de partido en el Gobierno hayan venido acompañados de este tipo de ajuste.
Por otro lado, los resultados observados sugieren que los ajustes iniciales no tienen por qué determinar el desempeño económico de una administración. En todos los casos descritos, los gobiernos terminaron con un resultado positivo a pesar de haber comenzado su gestión con episodios de bajo crecimiento. Por ejemplo, el gobierno de Ernesto Zedillo terminó con un crecimiento superior al 3% en promedio anual, mientras que los de Fox y Peña Nieto cerraron con crecimientos cercanos al 2% en promedio anual. Los gobiernos recientes menos exitosos en materia de crecimiento han sido hasta ahora el de Felipe Calderón, que creció al 1,4% anual, y el de López Obrador, que creció menos de 1% por año, pero que fue sujeto de una doble contracción de la inversión como ya se ha descrito.
En conclusión, la inversión en México parece ser altamente sensible al entorno económico y político nacional. Los inicios de administración han sido particularmente afectados por esta sensibilidad. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que esto puede revertirse en los años subsecuentes. Todo depende de las acciones que se tomen y de que se vayan resolviendo los factores que producen la incertidumbre entre el sector empresarial en el país.
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