ESTAR SIN ESTARColumna
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Verde

Quiero honrar en estos párrafos a las millones de muertas, a las miles de maltratadas de todos los días, a las 10 mujeres por día que se esfuman de este planeta desde México en un sórdido silencio

Ilustración de Jorge F. Hernández.
Ilustración de Jorge F. Hernández.

De lejos, el planeta que llamamos Tierra es azul con brochazos blancos; quizá por eso una futura generación ha poblar una esfera llamada Agua, pero de cerca —al volverse íntima la mirada— este globo es verde. Le quedan aún grandes sombras de todos los verdes en sus bosques y selvas, en grandes mantos de hierbas y hiedras… e incluso, en los mares de arena que son desiertos en las cúpulas de hielo blanco no pierde un ápice de verde la esperanza de que todo esto ha de pervivir por miles de años más, allende las pandemias y tanto dolor que le hemos impreso.

Verde que te quiero verde canta el poeta desde una rama sin tiempo, como quien cuelga un puño de laurel en una mano que se alarga en medio de una multitud con un pañuelo verde y llorar de alegría. De lejos, imagino que hoy camino por Suipacha o desfilo invisible por Santa Fe o Rivadavia, de lejos nadie me ve a pocos metros de una casa rosácea o en los linderos de un parque japonés… camino en verde por Buenos Aires, de lejos pero profundamente emocionado por un espíritu ajeno.

Me explico: no hay hombre que entienda de veras lo que vive una mujer. Podemos pensar iguales o coincidir en algo y todo, pero la ejemplar lucha y afán de toda mujer ha de ser siempre enigma. De lejos, uno en silencio mi reclamo por todos los abusos y los siglos de violencia verbal, física e implícita, por las generaciones largas que han encasillado la belleza como sinónimo de callarse, la gracia como guiño y tanta banalidad que apenas ahora parece reconocer la urgencia no sólo de la igualdad de oportunidades y sueldos… sino todo eso que vuela hoy en un paño verde por Buenos Aires para contagio de todo paisaje. Que su lucha es su lucha y yo sólo vago de lejos, pero no quiero dejar este párrafo sin honrar a las millones de muertas, a las miles de maltratadas de todos los días, a las 10 mujeres por día que se esfuman de este planeta desde México en un sórdido silencio de negligencia no sólo legal sino social y un oprobioso ninguneo desde la tarima endeble de una superioridad impostada.

Verde se pinta de nuevo un párrafo largo que ha de garantizar no un aumento en la negación de la vida (como afirman sin sustento los agoreros de la sinrazón) sino en una garantía de vida para millones de muertas en potencia, denunciadas y encarceladas, condenadas a mazmorras morales, expuestas a toda vejación y escarnio. Vida verde para la verdadera dueña de su propio cuerpo y sus frutos, verde la mano abierta que se aleja de sangre y verde amanecer en medio de tanta negra sombra que parece cambiarle el tono al planeta cada vez que los ismos intentan segregar, apartar o condenar la libre voluntad del Otro, la Otra. Verdes alas a quienes hoy lloran de orgullo ganado a pulso, verde verso y verde verdad. Verde Vida.

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