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De un casino a un club ‘underground’: el Yuyu expande la escena electrónica en Ciudad de México

Uno de los clubs de culto de la noche capitalina se reinventa con la misma selección selecta, pero con más espacio y recursos: “Queremos que todo el mundo pueda venir a bailar y estar en un lugar seguro”

Presentación del Dj Kode9 en Ciudad de México, el 31 de enero.Emiliano Molina

El Dj escocés Kode9, 53 años, ha pedido que las luces que lo rodean estén apagadas durante su sesión. Entrelaza los brazos como un pulpo para poder llegar hasta el último rincón de la mesa de mezclas, y se quita y vuelve a poner los cascos para prever el sonido. De las grandes bocinas que presiden el lugar sale un fuerte dubstep —uno de esos estilos de música electrónica que hace temblar el pecho— y las decenas de personas reunidas mueven la cabeza y el cuerpo al ritmo del sonido. Es una de las noches en el Yuyu, un garito de culto que ha resucitado en el centro de Ciudad de México en una nave que antes servía como cobijo a una especie de casino. “Creo que este nuevo Yuyu es para que se vuelva un poco más democrático, en el sentido de que todo el mundo pueda venir a bailar y estar en un lugar seguro”, dicen las voces de su dirección durante la noche.

Los grandes muros negros del exterior dan el aspecto urbano que los socios también trataron de trasladar al interior. “Todo el mundo está poniendo el foco en México porque en México existe una energía creativa, y lo que tratamos es adaptarlo un poco a este sitio”. Detrás de la reinvención de Yuyu están pesos pesados del mundo de la gestión y promoción musical en la capital, como las agencias Caballeros, Dorado Group o la promotora Derretida.

Antes de la reforma que vivió el edificio durante el último año, las paredes del exterior eran más bajas y la pintura combinaba dos tonos de un púrpura descolorido. Las puertas están cerradas, y apenas media docena de personas esperan antes de la medianoche. El antro abre cerca de las once y cierra a las cinco de la madrugada, habrá tiempo para que la gente se acumule en el interior. “¿Van al Yuyu?”, “Do you go to Cine Club?”, pregunta el portero a quienes rondan por la entrada, en el barrio de la Doctores. El fuerte sonido de las bocinas queda opacado en el exterior.

Tras las puertas, las luces rojas guían el camino al interior de las tres salas del local. Los muros de concreto y los grandes tubos de aluminio del aire dan ese aspecto urbano al lugar, una apariencia parecida a una nave industrial o una cafetería gentrificada de la Condesa. Un grupo conversa relajadamente en la planta superior del local. Es la zona “de descanso”, con sillones y música menos activa. Abajo comparten estancia la sala de cine —un espacio en el que el proyector lanza dibujos animados de manera constante y donde la música se diluye— y la sala principal, donde Kode9 continúa disparando sus sonidos graves. El productor escocés ilustra bien el espíritu de Yuyu. Además de fundar Hyperdub, el sello clave del auge del dubstep, fue el padrino del enigmático Burial, uno de los artistas electrónicos más relevantes de las últimas dos décadas.

El antro fue antes una pequeña sala ubicada en la Juárez, también en el centro de la capital, donde la electrónica sonaba en un pequeño sótano de techos bajos. La apuesta de Yuyu es mostrar al público capitalino la vanguardia de la escena electrónica, con un ojo siempre puesto en Berlín. “No es la escena que tiene Berlín. El ecosistema que creó Berlín después de la posguerra, evidentemente, iba a lograr hacer eso [...] Realmente, México tiene 20 años en guerra, desde la guerra del narco [impulsada por el expresidente Felipe Calderón]. Entonces, claro, es un sentimiento que se vive", comenta uno de sus socios.

Al sitio han llegado algunos extranjeros atraídos por este tipo de música, pero no es el principal reclamo para los socios. “Ni muy muy, ni tan tan’, así decía [el artista mexicano] Tintán. Está bien que vengan extranjeros, pero no un millón; la idea es democratizarlo”, expresan.

Una humareda artificial sale desde el rincón del Dj para llenar toda la sala. Las luces sobre la mesa del Dj continúan apagadas, pero la gente baila iluminada por los focos rojos intermitentes del techo. La música estalla; las decenas de personas lanzan uno de esos gritos de motivación: “¡Uhhhh!”. Las luces rojas se alternan con las blancas cuando Kode9 explota las bases. La sala continúa llena, aunque algunas personas comienzan a salir del lugar. “Mi Uber ha llegado”, se justifica una joven. Es el comienzo de una noche en el antro underground de la Doctores. Aún quedan unas horas por delante, y que la mexicana Loris y la neerlandesa Dirtydms pinchen en la sala.

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