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Cinco gráficos sobre la cultura que mueve a los adolescentes: ellos como protagonistas, en espacios libres y como expresión cotidiana

Estudiantes de 14 planteles de bachillerato de la UNAM se decantan por apropiarse de lugares de su entorno para intercambiar ideas y lejos de una visión elitista. Lo digital es clave para los jóvenes de 14 a 19 años

En un ejercicio inédito, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha llevado a cabo un estudio socioantropológico entre los estudiantes de nivel medio superior de sus 14 planteles, incluyendo los de la Escuela Nacional Preparatoria y los colegios de Ciencias y Humanidades (CCH). Los resultados del informe Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume? arrojan que los jóvenes de entre 14 y 19 años ven la cultura como algo cotidiano en sus vidas. También muestran que valoran más la oralidad, las intervenciones de los espacios públicos, lo que sucede y se comparte en los pasillos de sus escuelas, y todo aquello que sucede en el ámbito digital, más que los eventos dentro de auditorios, instituciones gubernamentales o espacios reservados.

“Los jóvenes, lo que quieren, es apropiarse de la cultura”, ha dicho Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM este martes, durante la presentación del estudio, en un tono optimista que le ha traído a la memoria las consignas juveniles de los años setenta. El ejercicio de investigación, que se realizó entre 2024 y 2025, se aplicó a 2.490 alumnos de los 14 planteles, a quienes se les hicieron preguntas como ¿Qué significa la cultura? ¿Cómo les gustaría que la UNAM mejorara su oferta cultural?, o ¿En tu familia se promueve que accedas a estos espacios de cultura?

Estos cuestionamientos también forman parte del ejercicio de autocrítica que la propia universidad ha hecho con este estudio. Por ejemplo, la institución reconoce que incluso cuando no les otorgan espacios suficientes para realizar las actividades de manera formal, ellos ocupan diversas áreas para lograrlo. Los patios para bailar o las paredes para hacer murales.

Esto se suma a que el 85% de las familias de los estudiantes no promueven el acceso a espacios culturales y el 10% que solo los acompañan de manera ocasional. Una carencia que Beltrán describe como “un profundo déficit” que abarca al país.

El informe también arroja luz sobre las características de las nuevas generaciones, al menos en el ámbito educativo de Ciudad de México. Se trata de jóvenes que, pese a la velocidad con que cambian las cosas y los avances acelerados de la tecnología, son producto de una forma de habitar el mundo en el que los efectos de la Covid-19 y los recortes presupuestales transformaron las perspectivas de futuro.

La manera en la que los más chicos se aproximan a la cultura como un medio de formación, más allá de lo institucional, ha sido acaparada por los teléfonos celulares y las redes sociales. Alejandro León, titular de la Unidad de Desarrollo Institucional, remarcó que los jóvenes no tienen un proceso de separación entre lo digital y aquello que se experimenta fuera de los dispositivos, por lo que su vida se mueve en ambos mundos.

“Mis papás siempre me dicen que tengo que terminar una carrera porque sin estudios no soy nadie. Yo les digo que en mi generación hay gente que gana dinero sin haber ido a la universidad, que hay nuevas maneras de vivir. No me creen. A veces siento que todo lo que nos dijeron sobre la vida adulta ya no aplica, que estamos en un mundo nuevo con reglas viejas”, dice un alumno de 18 años, uno de los testimonios recogidos por el documento.

Beltrán reflexiona: “Para ellas y ellos la cultura no está exclusivamente en los auditorios, las bibliotecas o las salas de conferencias, está en los pasillos, las bancas, las redes sociales, los memes, los grupos de WhatsApp y las intervenciones gráficas o los diálogos entre pares, es decir, el concepto de cultura se extiende”.

También toman relevancia factores sociales, como la compañía de amigos para acudir a eventos, la distancia de las sedes, lo que más los influye en su decisión, en el 68% de los casos, y el costo de cada espectáculo, en los que la mayoría prefiere un presupuesto entre los 100 y los 200 pesos, lo que ahora cuesta en promedio una entrada para ir a ver una película en cines de México.

El documento identifica varios aspectos relevantes para definir el carácter sociocultural de los encuestados, como la autogestión, la capacidad de las nuevas generaciones para tomar decisiones y resolver problemas, o la practicidad: “Las juventudes han visto las limitaciones de modelos anteriores y, en lugar de esperar soluciones externas, construyen caminos propios, aunque sean simples”, se lee en el estudio. Y la construcción de su identidad a partir de una interacción social activa, lo que deriva en una conexión constante. “Para los jóvenes, el ámbito digital ya no es una herramienta de comunicación, es un territorio en sí mismo”, señala Beltrán.

El deseo de tomar las artes en sus manos se refleja en lo que espera que sus escuelas les brinden. La mayor parte quiere realizar talleres y exposiciones propias. Además, esperan mediaciones entre ellos y los profesores para poder aprender cosas nuevas. Aunque este estudio capta los intereses de los estudiantes, las escuelas aún no cuentan con un plan estructurado de cambio, sino que realizan reuniones colegiadas para conocer las necesidades y actividades de la comunidad.

“Desde pequeños nos dicen que cultura es sinónimo de conocimiento. Nos imaginamos gente leyendo en grandes bibliotecas o yendo a exposiciones de arte. Pero pocas veces nos hablan de la cultura que vivimos día a día, como la forma en la que nos expresamos o lo que compartimos con los demás”, dice otro testimonio de un estudiante de 16 años, de la alcaldía Miguel Hidalgo.

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