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La sabatina
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La gangrena del PAN

A pesar de contar con importantes gubernaturas y la bancada opositora más amplia en el Congreso, algo está podrido en ese organismo

Marko Cortés (centro), dirigente nacional del PAN, con otros líderes del partido.
Marko Cortés (centro), dirigente nacional del PAN, con otros líderes del partido.Galo Cañas Rodríguez (Cuartoscuro)
Salvador Camarena

Durante años Acción Nacional vivió de sus militantes. Mediante boteo, cooperación y hasta rifas eran estos los que sostenían a esa organización en tiempos en que el subsidio del Estado no inflaba la barriga del PAN. De eso no hace tanto, si hemos de considerar que esta institución nació en 1939 y no fue sino hasta los noventa que aceptó fondos gubernamentales. Sin embargo, hoy se puede decir que no pocos de sus principales militantes hoy viven del partido, y que algunos usan a este para hacer negocios.

Muchas veces se ha decretado la muerte del PRI, mas el tricolor ha demostrado una resiliencia basada en un pragmatismo que, ciertamente, puede ser confundido con el cinismo. Siendo más antiguo, del PAN, en cambio, no es moneda corriente decir que esté muerto; sin embargo, y a pesar de contar con importantes gubernaturas y la bancada opositora más amplia en el Congreso, algo está podrido en ese organismo: padece una gangrena que dado que no es atendida avanza y terminará por postrarlo.

Tan grave mal tiene dos orígenes: la forma en que sus actuales liderazgos estructuraron la toma de decisiones, y los señalamientos de corrupción que de tanto en tanto le manchan, entre ellos el que ahora ha caído sobre el grupo que es considerado de mayor poder en la capital de la República.

Sobre el primer tema y al contrario del pasado, hoy el PAN es una organización de los burócratas que lo administran, no de ciudadanos convencidos de que han de participar en política para hacer que los gobiernos tomen las mejores decisiones para la sociedad.

Cuando aún era gobernador Javier Corral, que ha militado décadas en la organización de la que hoy se ha alejado, denunció que la nomenklatura había secuestrado al partido que nació para resistir al cardenismo. Al menos desde 2018, el hoy exmandatario de Chihuahua criticó que su casa partidista corría el riesgo de quedar en manos de padroneros, de aquellos que administran clientelas con las que mercan puestos y candidaturas. Su vaticinio, compartido por otros, no mereció reflexión por parte de varias dirigencias.

Mediante de ese control del padrón de militantes, el presidente nacional panista Marko Cortés es el líder de una organización donde un puñado de personajes --gobernadores unos, legisladores otros y el propio dirigente--, se reparten el pastel de los cargos y los encargos del principal opositor a Morena. En la frase anterior falta una palabra, una que marcó por décadas la principal exigencia de esa organización: democracia.

Al PAN lo va a matar eso: que sus procesos internos pasaron de ser momentos estelares del debate y la deliberación sobre los futuros posibles –las crónicas de sus asambleas así como de las elecciones de sus dirigencias solían ser una de las coberturas periodísticas más vibrantes-- a reuniones de camarillas donde la cúpula acapara las posiciones y excluye a los disidentes. Y de debatir, ni hablar.

De forma que en términos de vida interna Acción Nacional es agua estancada donde el oxígeno escasea. Y por si fuera poco, a tan insalubre ambiente se ha agregado el tufo de la corrupción.

Esta semana el gobierno de Ciudad de México ha dado un mazazo a los cimientos del edificio panista. Al lanzar la orden de aprehensión en contra de un exjefe delegacional de la Benito Juárez, la fiscalía capitalina ha hecho sentir que sus pesquisas sobre supuestas operaciones inmobiliarias ilegales tocarán más allá de colaboradores de medio pelo del grupo de Jorge Romero, líder de los panistas en San Lázaro y jefe político del PAN capitalino.

La gente de Ernestina Godoy quiere encarcelar, por lo pronto, a Christian Von Roehrich, diputado local y sucesor de Romero en la alcaldía capitalina que estos panistas han retenido por lustros y en la que desde los dosmiles nada se mueve sin que Romero lo decida. La caída de este legislador del congreso capitalino remecerá la política de la ciudad –es el líder local de los diputados panistas-- pero sobre todo sacudirá la grilla nacional.

Esta nueva ofensiva judicial, derivada de la apertura de un expediente en contra de diversos funcionarios en agosto pasado, sofocará cualquier posibilidad de que el PAN prometa luchar en contra de la corrupción o ejecutar una administración pública sin abusos y privilegiando el bien ciudadano. Por su visibilidad, porque la han retenido durante décadas, y porque ellos la ponen como uno de sus ejemplos de buen gobierno, la Benito Juárez será un grillete que impedirá el andar de todo el partido.

Porque sin prejuzgar la inocencia de quienes son acusados actualmente o lo sean en el futuro por el ya famoso caso del Cartel Inmobiliario de la Benito Juárez, lo cierto es que las acciones de la fiscalía llegan luego de años de denuncias vecinales sobre presuntas irregularidades en la concesión de permisos para edificar inmuebles que rebasaban todo tipo de límites legales. Así que para pocos ha sido sorpresa que hoy se conozca que hay decenas de departamentos y locales ligados a quienes ocuparon puestos en esa alcaldía.

Y el golpe rebasa por mucho el ámbito vecinal y capitalino porque Claudia Sheinbaum apuntalará con este caso uno de los peldaños de su candidatura presidencial. Con la bandera de combate a la corrupción, hoy va por un exalcalde, pero muy pronto puede ir por Romero, vociferante cabeza de la bancada panista en San Lázaro y uno de los señalados como padronero.

Más le vale a la jefa de gobierno que el expediente sea sólido y las acusaciones estén fundadas. De ser así, demostrará que posee la decisión de atacar uno de los males que más padecen los ciudadanos, los abusos inmobiliarios, y que es capaz de desarticular esquemas de defraudación anidados en espacios de poder, cualidades ambas muy redituables en una eventual campaña.

Acción Nacional ha respondido con una treta harto predecible y poco redituable: acusan a la jefa de gobierno de una persecución política. No se quieren dar cuenta, porque viven dentro de su acolchonada burbuja burocrática, de que además de dar la batalla en los tribunales han de convencer de su inocencia también a la opinión pública, que de tiempo atrás ve al PAN como un partido poco dado a lidiar con los escándalos de corrupción que le brotan cuando tiene acceso a posiciones de poder.

Ese sería el tercer elemento que condena a los blanquiazules. Un partido cerrado y en manos de padroneros, con incapacidad de depurar a personajes que ya antes habían tenido polémicas ligas (en su más reciente paso por la diputación capitalina, Romero era visto como aliado de Mauricio Toledo, personaje que huyó de México por otras denuncias de presunta corrupción) y encima refractario a una sociedad que demanda rendición de cuenta y no baratos desplantes mediáticos donde se presentan como víctimas.

A la madeja del Cártel Inmobiliario le queda mucha hebra. Acción Nacional debería explicarse a sí mismo y de cara a la ciudadanía esos presuntos abusos y sanearlos, aunque –de ser necesario— haya que cortarse un brazo operador. De lo contrario, ya todo mundo sabe qué pasa cuando no se atiende correctamente una herida infectada. El PAN, que promovía la decencia en la vida pública, merece una muerte distinta.

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