Los usuarios del internet gratuito de Ciudad de México: “Va muy lento, solo lo uso en caso de emergencia”

EL PAÍS conversa con una veintena de personas que utilizan el wifi público de la capital, que la semana pasada ganó el Récord Guinness a “la ciudad más conectada del mundo”

Una mujer usa su teléfono móvil en la explanada del zócalo capitalino, en agosto de 2021.
Una mujer usa su teléfono móvil en la explanada del zócalo capitalino, en agosto de 2021.Gerardo Vieyra (Getty Images)

En la plaza de Santo Domingo, en el Centro de Ciudad de México, Rosa bebe un refresco y consulta su teléfono a la sombra de su quiosco. A menos de tres metros de ella, un alto poste anuncia una conexión wifi gratuita. Pero ella usa su propia tarifa de datos. ¿Por qué? “Ese [señala al poste] no sirve, nunca carga, yo creo ni siquiera tiene internet”, responde. Sin embargo, a la quiosquera le parece “muy chido” que la semana pasada la capital mexicana ganara el Récord Guinness a la ciudad más conectada del mundo, gracias a sus 21.500 puntos de conexión sin coste a la red. Dice que vive en la Colonia Morelos, y que allí sus hijas sí lo utilizan. “Cuando se les acaba su plan de internet salen a la calle a conectarse”, explica entre risas, “y les va un poco mejor que aquí”. Señala la pantalla de su móvil, “mira, es que ni me aparece”.

A 20 metros, en los soportales de la plaza, se suceden puestos en los que lo mismo escriben una carta por ti que te consiguen un título o certificado de dudosa validez. Pepo y Gacho esperan clientes. ¿Qué venden? “De todo”, responden extrañados, como si fuera obvio. Están sentados en una mesa blanca con tres celulares. En dos de ellos chequean sus redes sociales. En el otro se reproduce una serie. Como Rosa, usan sus propios datos porque no les llega la red. Además, han escuchado casos de gente a la que le han robado información de su teléfono por conectarse a la wifi pública, y les da miedo. Aún así, alguna vez la han utilizado. “Pues no va tan rápido, pero para un internet gratuito no está mal, te da para redes sociales y chatear, pero no para ver videos o música”, resume Pepo. “Se usa en un caso de emergencia, si se puede evitar, mejor no”, concuerda Gacho.

En los últimos tres años, Ciudad de México ha pasado de 98 zonas de acceso wifi a 21.500, de acuerdo con la Agencia Digital de Innovación Pública. Este aumento en los puntos de internet gratuitos les valió la semana pasada el Récord Guinness, que la jefa de Gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum, celebró en un comunicado: “Somos una ciudad innovadora y de derechos; innovadora porque utiliza la tecnología para abrir derechos a los habitantes de la Ciudad de México; no tendría sentido la tecnología si no fuera para beneficio de los habitantes y, en particular, de los más desprotegidos en nuestra ciudad”.

Sin embargo, según los testimonios de una veintena de personas consultadas por EL PAÍS, en este caso la cantidad de puntos de conexión no va de la mano con la calidad en el servicio. Daniela asegura que nunca ha conseguido conectarse a la red: “Nunca me agarra, en ningún sitio, siempre tengo que usar mis propios datos”. Leonardo fuma apoyado en una pared en el centro de la ciudad: “Los videos nunca terminan de cargar. Solo lo uso cuando me quedo sin red y tengo alguna emergencia”. Rebeca lee en su tablet, a la sombra de la catedral del Zócalo: “Alguna vez he probado la wifi, pero es demasiado lenta, prefiero mis datos”. A un par de kilómetros, en el Paseo de la Reforma, Samuel afirma riéndose que solo se conecta “cuando esto [señala su teléfono] me avisa de que no me queda saldo, pero no es lo mejor, como lo usa mucha gente tarda mucho en cargar”.

Brecha digital

En 2020 en México, más de 84 millones de personas eran consumidoras de internet, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La encuesta estima que el 78,3% de los residentes en áreas urbanas son usuarios, frente a un 50,4% del entorno rural. En la calle, la mayoría de los preguntados responden en la misma línea: prefieren utilizar sus datos móviles porque la red pública es muy lenta. Pero también hay excepciones que rompen la regla. Como Katy, que tiene un puesto callejero de sombreros, mata el tiempo entre clientes mirando el móvil y dice que no tiene queja, que para lo que lo utiliza le va bien. O Sebastián, que es guía, y ahora, apoyado en un poste mientras espera a que algún turista solicite un tour, no aparta la vista de la pantalla: “Estoy con mis datos, aunque a veces sí uso el wifi de la ciudad. Tarda un poco en conectarse, pero después funciona bien para redes sociales”.

Gonzalo Rojón, director de análisis en The CIU, una consultora especializada en telecomunicaciones, considera la medida como un avance. Cree que los fallos denunciados por los usuarios pueden deberse a problemas técnicos, al ser una iniciativa todavía joven. O una cuestión de percepción, al comparar la red pública con la de su operador móvil. Sin embargo, considera que hay un problema de base en cuanto a la estructura: “Todos los puntos de acceso a internet gratuitos que se puedan tener son obviamente bienvenidos. Sin embargo, aún hay lugares en la ciudad en los que no existe la conectividad. Es importante asegurarnos que todas las personas puedan tener una disponibilidad y uso de internet adecuado. Sobre todo a partir de la pandemia hemos visto claras las necesidades que tenemos. Las infraestructuras están bien, pero de nada te sirve tener wifi en un lugar público si en tu casa no tienes conectividad”.

Daniel, que es poco hablador y regenta un quiosco en el Zócalo, parece querer darle la razón a Rojón. A menos de 30 metros de su puesto tiene un punto de internet gratuito. Mata las horas muertas en el trabajo con su teléfono gracias al wifi público. Cuenta que sí, va lento, y solo le sirve para mandar mensajes, pero que le hace el apaño. Que es verdad que debería funcionar mejor estando tan cerca de la red, pero es gratis y a él, por lo menos, le ayuda a llevar el aburrimiento. Y se encoge de hombros, dando por concluida la conversación.

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Alejandro Santos Cid

Reportero en El País México desde 2021. Es licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad Autónoma de Madrid y máster por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Cubre la actualidad mexicana con especial interés por temas migratorios, derechos humanos, violencia política y cultura.

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