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El débil cierre de año de la economía brasileña desafía al Gobierno de Bolsonaro

El PIB repunta un 1,1%, menos de lo previsto, lastrado por la caída de la inversión empresarial y el gasto público en el tramo final de 2018. El optimismo del sector privado tras la victoria del ultraderechista no se traduce, de momento, en mayor actividad

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El ministro de Economía de Bolsonaro, Paulo Guedes, el pasado día 20. REUTERS

La economía brasileña creció un 1,1% en 2018, según los datos divulgados este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), una expansión idéntica a la registrada un año antes. La actividad económica en el país más poblado de América Latina se frenó en el cuarto trimestre, la expansión del PIB fue pírrica —de solo un 0,1% respecto a los tres meses inmediatamente anteriores— y no reflejó el optimismo del mercado y del sector privado tras la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Los especialistas apuntan a la huelga de camioneros y a las incertidumbres provocadas por el periodo electoral en Brasil como los principales lastres para el crecimiento y para el mercado de trabajo, que sigue en fase de lenta recuperación tras tres años aciagos. En 2018, el desempleo se situó en el 12,3%, solo cuatro décimas menos que un año antes. Pero las noticias son, nuevamente, peores si la mirada se posa únicamente sobre el último trimestre del año, cuando la tasa de paro volvió a crecer.

Pese a la débil recuperación, casi todos los componentes del PIB cerraron en positivo en 2018, aunque tímidamente: una de las excepciones fue la construcción civil, que se desaceleró hasta el 2,5%, en el que ya es su quinto descenso anual consecutivo. La industria avanzó un 0,6% y el sector agropecuario, un 0,1%. El crecimiento general de la economía se vio impulsado, principalmente, por el sector servicios, que representa más del 70% del PIB y cuyos principales componentes —comercio y construcción— registraron sólidos avances, del 2,3% y 3,2% respectivamente. El consumo de las familias aumentó, por su parte, un 1,9%, mientras que la inversión escaló un 4,1%, el primer resultado positivo tras una secuencia de cuatro años negativos. Por lo que respecta al consumo del Gobierno, se mantuvo estable.

Con todo, el último trimestre del año, mostró una desaceleración de todos los indicadores: la inversión cayó un 2,5%, el gasto público retrocedió un 0,3% y el consumo de los hogares se desinfló, avanzando un exiguo 0,4% frente al 0,6% registrado en los tres meses anteriores. La caída en la inversión entre septiembre y diciembre es una de las noticias más preocupantes, según Juliana Inhasz, profesora de Economía de la escuela de negocios Insper. "¿Cómo conseguimos crecer de forma sostenible si no invertimos? Lo que arroja ese indicador es que quien tiene dinero no está apostándolo a la economía brasileña. Demuestra la desconfianza de los inversores en que Bolsonaro vaya a poner de nuevo a Brasil en la buena senda y las dudas sobre la capacidad del presidente para aprobar la reforma de las pensiones presentada este mes", expone.

Las cifras económicas son, quizá, el mayor reto para el Gobierno de Bolsonaro. Sobre su figura pesan las expectativas de millones de brasileños que escucharon sus promesas de una rápida mejora de la actividad una vez que el ultraderechista llegase al Gobierno. Una encuesta CNT/Ibope divulgada esta semana mostraba que el 51% de los entrevistados cree que la situación del mercado de trabajo va a mejorar en los seis próximos meses, más del doble que en septiembre pasado, antes de las elecciones. Todavía es pronto para decir si el anhelo de rápida mejora económica en la era Bolsonaro se verá o no frustrada, pero algunos síntomas no están jugando a favor del presidente y de su superministro de Economía, Paulo Guedes: este jueves, el IBGE anunció un crecimiento del desempleo en el cuarto trimestre del año pasado —del 11,6% al 12%—, justo cuando el mercado financiero y el sector privado aplaudían el resultado de las elecciones.

Débil desempeño del sector exterior

Para este año, las previsiones más optimistas apuntan a una expansión de la economía brasileña cercana al 2,5%. Pero no todos los analistas lo ven igual. "Yo diría que [esta proyección] llega a ser exagerada para una economía que necesita muchos ajustes. Hasta ahora, poco hemos evolucionado en las reformas: el texto de las pensiones todavía tiene que ser discutido y modificado, y ya hemos perdido dos meses del año. Además, tenemos un escenario externo incierto para este año, con incertidumbres sobre China y Estados Unidos", agrega Inhasz, de Insper.

El sector exterior contribuyó negativamente al PIB brasileño el año pasado. Mientras las importaciones crecieron un 8,5% en 2018, las exportaciones lo hicieron a un ritmo mucho menor, del 4,5%. "Esto tiene que ver, por ejemplo, con el sector agropecuario que, ante la cosecha récord de 2017, exportó bastante menos en 2018. La crisis de Argentina, uno de los principales socios comerciales de Brasil, también afectó mucho", explicó en rueda de prensa Rebeca Palis, coordinadora de Cuentas Nacionales del IBGE.

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