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Detenido un presunto cabecilla del PCC, uno de los grupos criminales más importantes de Brasil

El arrestado, que vivía rodeado de lujos, tenía por escolta a un policía nacional en activo

Eduardo Aparecido, tras ser detenido en su casa.
Eduardo Aparecido, tras ser detenido en su casa. SENAD

Eduardo Aparecido de Almeida, un brasileño de 39 años, presuntamente dirigía las operaciones del grupo Primer Comando da Capital (PCC), uno de los grupos criminales más importantes de Brasil, en territorio paraguayo y boliviano. Vivía tranquilamente en la capital de Paraguay desde hace un mes, sin que exista registro de su ingreso al país y con un policía nacional en activo que le servía de escolta privado, según ha informado la Fiscalía y la Secretaría Antidrogas del país sudamericano.

Además, las autoridades locales lo relacionan con el espectacular y multimillonario asalto perpetrado por medio centenar de hombres armados en abril de 2017 a la principal caja de caudales de la empresa española Prosegur en Ciudad del Este, fronteriza con Brasil y Argentina, una zona más conocida como la Triple Frontera.

Cuando los agentes del operativo irrumpieron este miércoles por sorpresa en su casa de lujo en un barrio acomodado de Asunción, Eduardo Aparecido de Almeida corrió y saltó a la vivienda aledaña para salir a una calle trasera, pero allí le esperaban agentes de la Secretaría Antidrogas paraguaya (Senad). De Almeida, alias Pisca, aparece en las fotografías difundidas por las autoridades paraguayas tirado en el piso de baldosas blancas boca abajo con las manos esposadas tras su espalda en la gran sala de la casa con piscina. Lo rodean muebles de madera de último diseño y una pantalla de plasma que muestra lo que ven las cámaras de seguridad ubicadas en toda su cuadra, según ha informado este miércoles la fiscal general de Paraguay, Sandra Quiñónez.

Junto a Pisca también fueron detenidos otro brasileño, Ricardo Moraes Alves, a quien la Senad señaló en un comunicado oficial como presunto “colaborador cercano” del PCC y a un paraguayo llamado Carlos Alfredo Mendoza, un oficial primero de la Policía Nacional que, sospechan, operaba como custodio y facilitaba sus documentaciones personales al presunto líder brasileño para que pudiera vivir una vida normal con su familia, incluyendo paseos por centros comerciales a donde llegaba con su propio vehículo.

La casa de Eduardo Aparicio.
La casa de Eduardo Aparicio.

Los agentes de la Fiscalía y la Secretaría Antidrogas, institución dependiente de la Presidencia del Gobierno y no del Ministerio del Interior como la Policía Nacional, fueron los encargados de llevar a cabo la operación en colaboración con la Policía Federal brasileña. En el lugar incautaron 102.000 dólares en efectivo, documentos, teléfonos, computadoras, dos camionetas y dos motocicletas de alta gama. La vivienda intervenida pertenece al exfutbolista argentino Roberto Nani y fue alquilada por el brasileño a través de una inmobiliaria, según confirmó él mismo al diario ABC Color.

La Senad informó que trasladará esta misma tarde al presunto cabecilla a Ciudad del Este para su expulsión a Brasil donde tiene seis órdenes de captura por crímenes relacionados con el tráfico de drogas, armas, asociación crimimal, secuestro y homicidios.

“Manejamos información de que sería un miembro activo del PCC y llegó al país para hacer conexiones con Paraguay y Bolivia", dijo a la radio 970 AM de Paraguay la fiscal encargada del caso, Lorena Ledesma. La investigación comenzó cuando las autoridades detectaron su licencia de conducir falsa, explicó por su parte el titular de la Senad, Hugo Vera.

Hace tiempo que las actividades de grupos criminales brasileños se han trasladado a Paraguay. El 24 de abril del año pasado, medio centenar de asaltantes tirotearon y dinamitaron impunemente durante casi tres horas la sede logística de la empresa española de transporte de caudales Prosegur en la paraguaya Ciudad del Este. Allí mataron a un agente de élite de la policía paraguaya y robaron unos 11 millones de dólares. La operación, considerada el mayor asalto en la historia del país sudamericano, dejó cuatro personas heridas —un agente y tres civiles— y unos 19 automóviles quemados, que fueron robados y usados de barricadas en puntos estratégicos de la ciudad para impedir el paso de la policía mientras realizaban el robo.

La Fiscalía cree que los autores del asalto, cruzaron de Brasil a Paraguay en lanchas por el río Paraná sin impedimentos y prepararon el escenario en la tranquila, por lo general, noche de Ciudad del Este, la segunda mayor urbe de Paraguay, pegada a la brasileña Foz de Iguazú. Más conocida como la Triple Frontera, por ser un lugar aledaño también a Argentina, la zona es la meca comercial y del turismo por las afamadas Cataratas de Iguazú. Pero también es la cuna del tráfico de drogas y armas, del contrabando de tabaco y productos electrónicos, de lavado de dinero de grupos criminales transnacionales e incluso de la financiación de organizaciones terroristas en Oriente Medio, según denuncia el Ministerio de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.

En julio del 2016, en la cercana, y también fronteriza con Brasil, ciudad paraguaya de Pedro Juan Caballero, el empresario Jorge Rafaat Toumani, calificado por la prensa local como un “capo narco”, fue asesinado por una milicia de un centenar de sicarios brasileños que usó una ametralladora antiaérea instalada en un vehículo para destruir el automóvil blindado en el que se movía la víctima junto a sus escoltas. Las autoridades paraguayas lo vincularon directamente al Primer Comando Capital.

El asesinato de Rafaat fue considerado por las autoridades locales como el inicio de una guerra por el control de la frontera entre dos grupos criminales: el PCC y el Comando Vermelho, otra gran mafia brasileña, los principales distribuidores de la marihuana cosechada y de la cocaína procesada en Paraguay, un país con fronteras evidentemente permeables.

El estacionamiento de la casa de Eduardo Aparecido.
El estacionamiento de la casa de Eduardo Aparecido. SENAD

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