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Los camioneros brasileños no dan tregua y reclaman una solución militar

La huelga dispara el descontento social en Brasil

Soldados brasileño vigilan la llegada de camiones-tanque al aeropuerto de Brasilia.

El paro de los camioneros en Brasil cumplió este lunes ocho días y el Gobierno del presidente Michel Temer tiene dificultades en contestar a las más básicas preguntas: ¿la huelga está perdiendo fuerza? ¿Brasil está regresando a la normalidad? Con números contradictorios y poca claridad sobre el alcance que tiene el movimiento más de una semana después de su inicio, Temer dijo tener la “convicción” de que la huelga se acercaba a su fin.

Tras aceptar parte de las exigencias de los huelguistas este domingo, entre ellas una reducción de 46 céntimos de real (poco más de 12 céntimos de euro) en el litro del diésel, los voceros del Palacio del Planalto (la sede del Ejecutivo) anunciaron que las negociaciones estaban concluidas. Pero a lo largo del lunes la realidad acabó imponiéndose: de acuerdo con la Policia Rodoviaria Federal (el cuerpo de policías encargado de las carreteras nacionales) había casi 600 bloqueos en el país. El director general de la corporación ha resaltado que “ya no se registran bloqueos totales de las vías, sino puntos de aglomeración de camiones”, en las áreas de descanso. Las dos mayores ciudades del país sudamericano, São Paulo y Río de Janeiro, vivieron este lunes una rutina más propia de un día festivo, con menor frecuencia del transporte público, poco tránsito y hospitales que funcionaban a medio gas. Una situación que tardará en normalizarse.

Este lunes los camioneros que seguían en huelga agregaron nuevas y difusas demandas al movimiento, entre ellas la destitución de Temer y un clamor por una “intervención militar”. “Tenemos la ilusión de que alguien del Ejército se encargue del país. Ya no es solo por el precio del diésel o del peaje, es una cuestión política. Tenemos la esperanza de que algún coronel lo entienda y se encargue del país”, afirma Álvaro Neto, mecánico de 37 años que acudió a uno de los bloqueos en el Estado de São Paulo para apoyar la huelga. Manuel Edgar, conductor de autobuses de 64 años, tiene una opinión parecida. “Puede ser que suframos con esto [un Gobieno militar], pero estamos en una situación en la que ya no tenemos para donde huir”.

Aunque la petición del regreso ilegal de los militares al poder no sea unánime entre los huelguistas, en las calles del país sí queda patente una falta de interés por las elecciones de octubre, el descrédito casi que total de los políticos brasileños y la sensación de que el movimiento iniciado por los camioneros entró en otra dimensión. La huelga tiene el apoyo de la población, pero este espaldarazo parece tener más relación con un descontento general en contra del Ejecutivo que con los precios de los combustibles.

Aún no se sabe el alcance real que tienen el peligroso clamor por el regreso de los militares al poder —una demanda que genera los peores recuerdos en un país que vivió bajo el yugo de los generales entre 1964 y 1985—. Cuestionado a este respecto, el general Joaquim Silva e Luna, ministro en funciones de Defensa, eludió criticar la exigencia. “La manifestación de la voluntad es libre. Estamos en un país democrático y las personas pueden manifestar sus intereses de acuerdo con lo que quieran”.

Luna no ha sido el único a tratar del tema. El presidente de la Asociación Brasileña de los Camioneros, José da Fonseca, ha criticado a los huelguistas que defienden la “intervención militar”, a los que tachó de “infiltrados”. “Me he enterado de que se involucraron intervencionistas, pero estamos trabajando para tratar de evitar el uso político de nuestro movimiento".

Los más de 500 bloqueos en las autopistas del país que seguían activos este lunes son un desafío abierto a la Administración de Temer y una señal de que los ciudadanos del país seguirán topándose, al menos por los próximos días, con supermercados desabastecidos. También enfrentándose a colas gigantescas para comprarse unos pocos litros de combustible. La resistencia del movimiento huelguista también es una pésima noticia para la gigante petrolera Petrobras, cuyas acciones se desplomaron este lunes en más de 14% en la bolsa de São Paulo como consecuencia de la crisis. Y el torbellino político en Brasil promete intensificarse los próximos días: en Facebook, las noticias más compartidas son sobre una huelga de los petroleros que está convocada para este miércoles.

Con información de Fernanda Becker