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El empresario que quebró la hegemonía de la izquierda

El candidato Sebastián Piñera se convirtió en el primer presidente de derecha desde el retorno a la democracia en 1990; gobernó el país entre 2010 y 2014

El candidato presidencial Sebastián Piñera en un mitin en Santiago de Chile, el miércoles. VÍDEO: EPV

Cuando Sebastián Piñera Echenique encuentra en el comercio alguna camisa que le gusta, aunque sea de una sencilla marca nacional, no se compra una, sino una docena del mismo diseño. Las corbatas generalmente se las regalan. Hasta antes de llegar a La Moneda en 2010, los trajes no los confeccionaba a medida, por lo que casi siempre le quedaban anchos y largos. Su peculiar estilo —informal, descuidado, avaro o austero, como quiera verse— da cuenta de un personaje que tiene su cabeza mucho menos enfocada en las cotidianidades diarias —como el vestuario— que en sus dos grandes pasiones: la política y los negocios.

De 68 años recién cumplidos y casado desde 1973 con Cecilia Morel —con quien tiene cuatro hijos—, Piñera combinó durante muchos años la cuestión pública con sus empresas. A fines de los años 70 obtuvo la representación para Chile de las tarjetas de crédito y, desde entonces, sus consecutivos emprendimientos fueron creciendo en ambición y éxito. Fue el principal accionista de la aerolínea Lan Chile (actual Latam), el canal de televisión Chilevisión y de Blanco y Negro, la sociedad que maneja uno de los clubes de fútbol más populares del país, Colo-Colo. Pero ese cruce entre dinero y política no fue gratuito para Piñera: tanto su habilidad para ganar dinero como para usar los vacíos a su favor han sido su principal talón de Aquiles en su vida política.

Piñera es un hombre rico: tiene una fortuna estimada por Forbes en unos 2.700 millones de dólares, la séptima más grande del país. Pero es un millonario de primera generación. Nacido en Santiago de Chile en 1949, es el tercero de los seis hijos que tuvieron Magdalena Echenique y José Piñera Carvallo, un ingeniero y diplomático que educó a sus hijos gracias a su trabajo y que fue fundador de la Democracia Cristiana chilena, el partido que durante décadas representó a las clases medias. Nunca han estado del todo claras las razones por las que el expresidente no militó en el partido de su padre y terminó fichando por la derecha. Lo cierto es que —hasta hoy— Piñera intenta coquetear sin mayor éxito con ese centro moderado en el que en ocasiones parece sentirse más a gusto que en su propio sector.

Nunca ha sido un derechista tradicional chileno, históricamente, más conservador, por lo que todavía en sus propias filas hay quienes lo miran con cierta desconfianza. Es un católico de la media. Se siente a gusto visitando al expresidente Barack Obama en Washington —como lo hizo en septiembre pasado— o cuando presumía de su cercanía con el francés Nicolas Sarkozy o el británico David Cameron.

Ascenso en la oposición

Para el plebiscito de 1988 que selló la salida del dictador Augusto Pinochet, a diferencia del resto de la derecha votó por la opción del no. En democracia fue senador entre 1990 y 1998. En plena transición a la democracia, con la Concertación de centroizquierda en el poder, comenzó a transformarse en una de las principales figuras de la oposición.En 2005 intentó llegar a La Moneda sin éxito, porque perdió ante Michelle Bachelet. En 2009, su segundo intento, alcanzó, sin embargo, un triunfo histórico: derrotando al expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se convirtió en el primer presidente de derecha desde el retorno a la democracia en 1990. Su antecesor, Jorge Alessandri, había sido elegido hacía bastantes décadas, en 1958. Piñera, entonces, fue finalmente quien quebró la hegemonía de la izquierda en Chile.

Lideró un Gobierno que, de alguna manera, siguió la senda de las cuatro Administraciones de centroizquierda que habían gobernado previamente el país. No realizó un giro a la derecha —como a su propio sector le habría gustado— y su gestión estuvo marcada sobre todo por un énfasis en la gestión. Al haber recibido la zona centro-sur del país prácticamente destruida debido al terremoto de 8,8 grados de febrero de 2010, Piñera tuvo que enfocarse en reconstruir.

El rescate de los 33 mineros que vivieron 69 días a 700 metros bajo tierra intentó ser el símbolo de un Gobierno que —con cierta soberbia— intentaba mostrar que con una lógica empresarial las cosas se podían hacer bien. La revolución estudiantil de 2011, sin embargo, puso a prueba políticamente a Piñera y a su gente.Tiene fama de listillo y de un cierto gusto por las salidas de protocolo, como cuando se sentó en el escritorio de Obama en la Casa Blanca para sacarse una fotografía. Máster y doctor en Economía de Harvard, su fuerte no son necesariamente los tributos blandos, como la simpatía o la cercanía con los ciudadanos.

Es impulsivo, incontrolable —incluso para sus asesores y su gente de confianza—, pero preparado y con experiencia, como le reconocen sus adversarios.

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