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Mauricio Macri vence el pulso de los gobernadores peronistas con la firma de un pacto fiscal sin precedentes

Las provincias desisten de decenas de juicios millonarios contra el Gobierno nacional

Los gobernadores argentinos firman el nuevo pacto fiscal en el salón Eva Perón de la Casa Rosada.
Los gobernadores argentinos firman el nuevo pacto fiscal en el salón Eva Perón de la Casa Rosada. Telam

El presidente Mauricio Macri no se cansa de cosechar los beneficios de su triunfo electoral. Aún no ha pasado un mes desde que sus candidatos vencieran en las legislativas de medio término y el Gobierno ha conseguido algo que en Argentina suena a epopeya: doblegar la resistencia de los gobernadores para negociar un nuevo acuerdo de distribución de los recursos entre la Nación y las provincias. Macri pudo exhibir como un triunfo la foto de todos ellos, 23 con una sola ausencia, estampando sus firmas en un texto que pasó de mano en mano sobre una larga mesa de reuniones en el salón Eva Perón de la Casa Rosada. No faltaron los peronistas, 13 de un total de 14, el verdadero poder territorial en Argentina. A cambio de una mayor equidad en la distribución de los recursos nacionales, las provincias aceptaron un plan de reducción de gastos y, lo que es más importante, desistir de 56 juicios contra el gobierno central por 41.000 millones de dólares.

“Este es un gran paso hacia adelante y es para cumplirlo”, dijo Macri tras la firma del acuerdo. "Sé que muchas veces los que mejor han hecho las cosas son los que se ven perjudicados con las compensaciones, por eso agradezco y valoro mucho eso", dijo. El nuevo pacto fiscal es un compromiso de las provincias a reducir impuestos locales y ajustar sus propios gastos a cambio de recibir más recursos. Intenta además resolver el sistema de recursos de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, desde el último pacto fiscal firmado en 1993. Se trata de un fondo destinado al conurbano, donde residen 15 millones de personas, que se financiaba con parte del impuesto a la renta en detrimento de otras provincias. El problema fue que el fondo nunca recibió todo el dinero acordado y la provincia llegó con su reclamo hasta la Corte Suprema: 22.000 millones de dólares que pendieron como una espada sobre la cabeza de los sucesivos gobiernos democráticos. La demanda de Buenos Aires, como las del resto de las provincias, será ahora retirada.

Resolver la inequidad en la distribución es una deuda antigua, heredada del control de Buenos Aires sobre el interior del país. El reparto de los fondos ha sido también una herramienta de presión de los gobiernos nacionales para domesticar jurisdicciones rebeldes. Con la llegada de Macri, el interior reclamó un nuevo pacto fiscal, pero sin ánimos de ceder demasiado y como condición para apoyar en el Congreso las reformas más ambiciosas del nuevo Gobierno: una reforma del sistema tributario y previsional y cambios en la legislación laboral.

Macri ha obtenido ahora los apoyos de los gobernadores peronistas, necesitados de recursos y debilitados por la derrota generalizada que sufrieron en octubre. En una rueda de prensa posterior a la firma, el jefe de ministros, Marcos Peña, no pudo ocultar su entusiasmo y dijo que el acuerdo era “histórico”. “Refleja que es posible construir consensos básicos en un esquema de esquema de diálogo", celebró Peña. A su lado se sentaron los gobernadores de Jujuy, el radical Gerardo Morales, un aliado del gobierno, y la peronista Rosana Bertone, de Tierra del Fuego. "Es la primera vez que los gobernadores sentimos que no perdemos federalismo. Es un mensaje para el mundo ver como distintos espacios políticos solucionaron un problema que tiene más de 50 años. Esperamos que el éxito se vea reflejado en las cámaras en diputados y senadores", dijo Bertone, en referencia al trámite parlamentario de las nuevas leyes que deberán llevar a la práctica los puntos del acuerdo.

El apoyo de los gobernadores es la clave de la gobernabilidad en Argentina. Su poder es enorme dentro de sus propios territorios y en el Senado, donde cada provincia tiene tres representantes, sin importar su tamaño ni cantidad de habitantes, y los legisladores responden al mandato de sus jefes políticos. El kirchnerismo gozó siempre de mayoría absoluta en esa Cámara, pero Macri, pese a su triunfo electoral, debe lidiar con el poder de veto de los representantes del peronismo, que forman la primera mayoría. Por eso la importancia política del acuerdo, que destraba la agenda legislativa que Macri pretende cerrar antes de mediados de 2019, cuando la campaña por la sucesión presidencial hará todo mucho más difícil. Lo cierto es que el Gobierno se ha visto beneficiado por las necesidades económicas del interior, pero también por las divisiones dentro del peronismo, que no ha logrado rearmarse tras la derrota en las presidenciales de 2015. Macri ha obtenido un gran triunfo político, pero resta ahora lo más difícil: que los compromisos asumidos por ambas partes se cumplan.

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