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“Señor presidente, ¿qué más buenas noticias tiene?”

Peña Nieto sustituye el solemne informe de Gobierno por una sesión de preguntas con jóvenes

Juan Luis López Alcocer, vecino de Campeche, estaba visiblemente nervioso. Su nombre acababa de salir de la urna. Y tenía ante sí al presidente de México y a medio país. Todos atentos a sus palabras. A él le correspondía inaugurar una pequeña revolución mediática: la sustitución del solemne informe de Gobierno, donde el presidente rendía cuentas a la nación, por un encuentro con jóvenes. Un gesto auspiciado por Enrique Peña Nieto para (en teoría) cambiar las tornas: en vez de que el país le escuchase a él en silencio, pasar él a escuchar y responder.

Una sala circular, retransmisión en directo, 300 jóvenes sentados aguardando su turno. El formato rompía con el envarado protocolo presidencial. Las preguntas iban a ser en vivo o seleccionadas del Facebook presidencial. En una urna figuraban los nombres de los presentes. El primero en salir fue el de Juan Luis. Le pusieron un micrófono, le apuntaron las cámaras y, ante el universo entero, dio comienzo una nueva era.

- Antes que nada quiero darle las gracias, porque gracias a usted tenemos prácticamente todo. En el transcurso de cuatro años ha hecho muchas mejoras a este país. Me gustaría saber, ¿qué más buenas noticias nos tiene en mejoras de nuestro país?

El arranque no pudo ser más empalagoso. Hasta el presidente pareció darse cuenta y se zafó enfrascándose en un recordatorio de uno de los puntos fuertes de su mandato: las reformas estructurales. Aunque no todas las preguntas fueron igual de almibaradas, la primera fue preludio de la tranquilidad que iba a reinar esa noche en la sala. Durante más de una hora, desfilaron todos los asuntos candentes. El matrimonio homosexual, la pobreza, su declaración de bienes, la reforma educativa, el supuesto plagio de su tesis de licenciatura, la corrupción, Trump, los derechos humanos… Hubo incluso quien aprovechó para pedir ayuda personal y otros lanzaron preguntas difícilmente inteligibles. Pero en ningún momento hubo sorpresa ni enfrentamiento. A Peña Nieto, que raras veces rompe el protocolo, se le vio cómodo, suelto, sonriente. Sin repreguntas, moduló las contestaciones a su antojo, con los mensajes habituales.

Sobre Trump insistió, con aires de lección bien estudiada, en que había decidido encarar la amenaza que representa con diálogo. Y del matrimonio homosexual, que lo defendía abiertamente y que esperaba que el Congreso tomase una decisión. Quizá el momento más espinoso fue el del plagio. Con tranquilidad, hizo un repaso de su vida estudiantil y al llegar a su tesis de licenciatura aseguró con firmeza que él jamás había plagiado, aunque admitió la posibilidad de “error metodológico” en las citas.

El resto fue un recordatorio, claro y didáctico, de los logros presidenciales. Una visión positiva, con ligeras gotas de autocrítica, destinada a establecer la gran narrativa oficial. Algo, a fin de cuentas, muy parecido a cualquier informe del Gobierno.

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