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Pedernales, rescates llenos de promesas

La cantidad de recursos humanos en el lugar más golpeado por el terremoto contrasta con la falta de materiales

Afectados recogen pertenencias de las casas derruidas.

En Pedernales hace falta de todo. En el centro de mando que se improvisó en el estadio de la ciudad hay una pizarra líquida con un listado de requerimientos y se lee que faltan carpas, guantes, mascarillas, bolsas para cadáveres, ataúdes, baños portátiles, iluminación, alimentación… El alcalde de la localidad, Gabriel Alcívar, repite el inventario de necesidades cada vez que alguien le llama por teléfono.

La situación desborda toda previsión y Pedernales se ha convertido en una tierra de promesas. Todo lo que se anuncia por la mañana puede variar por la tarde. El vicepresidente, Jorge Glas, había dicho que llegaría un hospital móvil con quirófano propio, pero finalmente se desvió a Chone, una localidad más poblada que Pedernales, donde había colapsado el hospital.

Recursos humanos es lo único que sobran en la localidad más golpeada por el terremoto de 7,8 grados que sacudió Ecuador el pasado sábado. Los últimos cadáveres hallados el domingo fueron localizados sobre la medianoche por un grupo de 12 bomberos de Machachi y Tabacundo (poblaciones cercanas a Quito), que trabajaron diez horas seguidas y solo pararon cuando hallaron a cinco personas que se alojaban en el hotel Chimborazo, cuyas tres plantas colapsaron. El capitán José Velásquez, jefe del grupo de incansables, aseguraba: “Es muy traumático para todos. Encontramos a un niño y a su padre abrazados, justo delante de una puerta metálica que les aprisionó. Fue muy duro ver eso”.

La situación desborda toda previsión y Pedernales se ha convertido en una tierra de promesas

Los bomberos trabajan de la mano con las retroexcavadoras que hacen el trabajo pesado y retiran los amasijos de concreto y fierros. “¿Y si hubiera sobrevivientes?”, más de uno se lo pregunta con la boca pequeña. El capital Miguel Egas, de la Dirección Nacional de Personas Desaparecidas, dice: “Es un riesgo, pero necesario. Por eso los equipos de rescate está allí, para tamizar el riesgo”.

Este lunes las tareas de rescate se centraban en los hoteles del centro de Pedernales. El 95% de la infraestructura hotelera está dañada y los hoteles de la línea de playa aún no han sido inspeccionados. “Allí existe población flotante y nadie los está buscando”, dice el capitán Egas y cuenta que hasta ahora se ha rescatado a dos médicos cubanos y un turista italiano. La mayor parte de los hoteles perdió su primer piso, las columnas cedieron y el resto de las plantas se asentó como un juego de jenga.

Los rescatistas también procuran acercarse hasta las parroquias rurales de Pedernales, que todavía no han sido atendidas. Las noticias que llegan desde allí es que falta agua y comida, y que también hay víctima que esperan ser rescatadas debajo de los estructuras caídas.

Los ofrecimientos no cesan de llegar. Se espera que unos 320 rescatistas de otros países lleguen a Manabí, pero se desconoce cuántos llegarán a Pedernales. Además ochenta psicólogos del Ministerio de Educación estarían por llegar a Pedernales para trabajar en los cuatro alberques que se han habilitado y con la gente que se mantiene en las orillas de las vías de entrada a la ciudad. Las réplicas no han parado y hay personas que se niegan a ir a los albergues.

También hay que destacar el trabajo de los voluntarios que han llegado a la ciudad. Su punto de encuentro es la plaza central, allí pernoctan y están dispuestos a ayudar en lo que haga falta. Su papel hasta ahora ha sido suplir de agua a los bomberos. La familia Sierra Camino, seis miembros en total, viajaron tres horas desde Santo Domingo para colaborar en el rescate. “Los rescatistas también necesitan ayuda”, dice Fernando Sierra, que carga un bidón de agua y acompaña a los bomberos.

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