Los médicos que vienen del cielo
En Lesoto, uno de los países más montañosos del mundo, unos 300.000 habitantes de zonas remotas no tienen asegurada la cobertura médica. Su esperanza es el programa Royal Flying Doctor Service, formado por médicos itinerantes que se juegan la vida en avioneta. El fotógrafo británico Tommy Trenchard retrata el día a día de estos héroes del aire
Mientras la avioneta surca como puede la violencia de la tormenta sobre las montañas de Lesoto, la especialista dental Senate Makhoali mira por la ventanilla y reza. Reza sin parar repitiendo, como un mantra, “Dios, por favor, déjanos seguir viviendo”. Senate forma parte, como tantos otros compañeros, del Royal Flying Doctor Service (servicio médico aéreo de Lesoto), un programa gubernamental de prestaciones médicas a las comunidades de habitantes que viven en las remotas aldeas montañosas del país.
Lesoto, al sur de África, es uno de los países más montañosos del mundo y el único cuyo ...
Mientras la avioneta surca como puede la violencia de la tormenta sobre las montañas de Lesoto, la especialista dental Senate Makhoali mira por la ventanilla y reza. Reza sin parar repitiendo, como un mantra, “Dios, por favor, déjanos seguir viviendo”. Senate forma parte, como tantos otros compañeros, del Royal Flying Doctor Service (servicio médico aéreo de Lesoto), un programa gubernamental de prestaciones médicas a las comunidades de habitantes que viven en las remotas aldeas montañosas del país.
Lesoto, al sur de África, es uno de los países más montañosos del mundo y el único cuyo territorio total está por encima de los 1.400 metros de altura. Ostenta uno de los índices más altos en el mundo tanto de infecciones por VIH como de enfermedades mentales. En enero de 2025, el abrupto plan de recortes a la investigación y ayuda científica por parte de Estados Unidos puesto en marcha por Donald Trump dejó prácticamente en vía muerta el programa del Flying Doctor Service. De esa manera, cerca de 300.000 personas —las que viven en las zonas más remotas del país— quedaron prácticamente sin atención médica.
Pero, tras más de un año de auténtica pesadilla y con inacabables dosis de heroísmo profesional, la banda de los médicos aéreos de Lesoto sigue volando, de aldea a aldea, de montaña a montaña, entre tormenta y tormenta. Gracias al aumento de presupuesto por parte del Gobierno del país tras incansables negociaciones entre los políticos y la comunidad científica, y a las donaciones internacionales, la red de pequeñas avionetas, aeródromos casi artesanales y clínicas de fortuna que engloba el programa del FDS vuelve a ponerse en pie. Vuelve a volar. Los ciudadanos del Lesoto más remoto, ese que cuelga de los acantilados y los picos escarpados, vuelven a sonreír. Vuelven a tener médico. Y no viene de cualquier sitio. Viene del cielo.