Maestros americanos del siglo XIX

La muestra inaugurada ayer por los barones Thyssen Bornemisza y el alcalde Pasqual Maragall en el Palau de la Virreina de Barcelona consta de 82 obras de 49 artistas americanos del siglo pasado, reunidas entre 1979 y 1985. De hecho se trata de una de las colecciones itinerantes menos conocida del fondo del barón, al estar ubicada normalmente en una residencia privada en Daylesdorf, cerca de Londres.Tradicionalmente ignorada incluso en su propio país, la pintura americana romántica sigue en parte los dictámenes marcados por la escuela europea, con una especial atención al paisaje espectacular y...

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La muestra inaugurada ayer por los barones Thyssen Bornemisza y el alcalde Pasqual Maragall en el Palau de la Virreina de Barcelona consta de 82 obras de 49 artistas americanos del siglo pasado, reunidas entre 1979 y 1985. De hecho se trata de una de las colecciones itinerantes menos conocida del fondo del barón, al estar ubicada normalmente en una residencia privada en Daylesdorf, cerca de Londres.Tradicionalmente ignorada incluso en su propio país, la pintura americana romántica sigue en parte los dictámenes marcados por la escuela europea, con una especial atención al paisaje espectacular y a la naturaleza salvaje que "los eruditos contemporáneos del momento utilizaron para que la gente de la costa este tuviera una imagen del Oeste y también para influir sobre el gobierno en la creación de muchos parques naturales", según destaca el propio Thyssen en el prólogo del catálogo de la exposición. Destacan especialmente de la primera época las obras de Thomas Cole y Frederich Edwin Church. Contemporáneamente se abre camino un género en el que predomina la temática rural, la lucha por la supervivencia en un medio hostil e incluso cierto interés antropológico por las comunidades indias que habitaban aquellos parajes del oeste americano. Las nuevas investigaciones en el campo de la etnología junto con las narraciones de viajes en el campo literario sin duda influyeron en este dasarrollo.

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Hacia la mitad del siglo empieza a surgir lo que los especialistas han considerado como el primer ejemplo de una corriente autónoma dentro de la tradición pictórica americana, el llamado luminismo, por la atención preferente concedida a los efectos de luz que conceden a los paisajes una característica dosis de irrealidad.

Finalmente, las influencias del impresionismo europeo se dejan sentir con personalísima fuerza en los trabajos de John Singer Sargent y James Abbot McNeill Whistler.

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