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Valentina Maurel, cineasta: “Europa espera que el cine de Centroamérica solo hable de drogas y guerra”

La realizadora es la única representante de la región en el Festival de Cannes, donde estrena ‘Siempre soy tu animal materno’, una obra producida entre Francia, Bélgica y México que desafía las expectativas europeas sobre el cine latinoamericano

Valentina Maurel (centro), directora de ‘Soy tu animal materno’.Cedida por Valentina Maurel

La cineasta Valentina Maurel (San José, Costa Rica, 38 años) aún no termina de acostumbrarse a tener un agente de ventas o encargado de prensa para manejar su agenda. “Soy muy espontánea y poco estratégica al comunicarme”, cuenta desde París, donde trabaja en los últimos detalles de la edición de Siempre soy tu animal materno, su segundo largometraje, que se estrenará en mayo en la sección Una cierta mirada del Festival de Cine de Cannes. La película de Maurel es la única propuesta centroamericana y, junto a El deshielo, de la chilena Manuela Martelli, una de las dos películas latinoamericanas en esta edición del certamen francés.

La espontaneidad con la que se describe Maurel es también característica de su cine; una obra en la que confluyen personajes aislados emocionalmente e incómodos en sus propios cuerpos y la dimensión más cruda de las relaciones familiares. “Es una película muy coherente con lo que he hecho antes: habla de una familia y la dificultad para acompañar a una de las niñas en su diferencia o singularidad”, explica la cineasta por videollamada.

Siempre soy tu animal materno narra la relación entre una madre artista y sus dos hijas, en un contexto donde “surge una tensión entre llevar adelante una obra y llevar adelante una vida familiar”. La película, además, cuenta con la participación de la actriz mexicana Marina de Tavira (nominada al Oscar a mejor actriz de reparto por Roma, de Alfonso Cuarón) en el papel de la madre.

Aunque Maurel no quiere que Siempre soy tu animal materno se asemeje a una “tesis de psicología” o una autobiografía, afirma que le interesaba hablar sobre cómo es crecer en el “contexto de San José y en una familia de artistas”. La realizadora es hija de un escritor y actor franco-costarricense, César Maurel, y de una poeta y actriz, Ana Istarú, ambos reconocidos localmente. “Yo crecí en ese entorno sin entender que una familia de artistas en un país tan pequeño como Costa Rica era un poco absurdo”, relata.

Maurel partió de Costa Rica de joven y, tras estudiar cine en Francia y Bélgica, debutó en el Festival de Cannes en 2017 con el cortometraje Paul está aquí, una producción belga, y se alzó con el primer premio de la sección Cinéfondation. Esto le garantizó que sus obras posteriores encontraran un espacio en el certamen francés.

Tras ese primer éxito, Maurel tenía el camino allanado para hacer su carrera en Europa, pero decidió volver a Costa Rica, en parte por la motivación que le generaba formar parte de una nueva generación de directoras de cine que surgieron en un país que hasta hace pocos años tenía una escasa o nula producción cinematográfica.

Además de Maurel, en esa ola de cineastas han destacado internacionalmente figuras jóvenes como Antonella Sudassasi, la primera centroamericana nominada a los premios Goya de España, o Sofía Quirós, la primera costarricense en estrenar un largometraje en Cannes.

“Ha sido una experiencia maravillosa poder estar con una generación de cineastas mujeres. Siento que nos acuerpamos las unas a las otras y, aunque hacemos cine muy diferente, el éxito de una motiva a las demás”, afirma Maurel.

De regreso en su país, la directora rodó el corto Lucía en el limbo (2019), también estrenado en Cannes, y el largometraje Tengo sueños eléctricos (2022), galardonado en los festivales de Locarno y San Sebastián. Tanto estas obras como su nueva película se desarrollan en un San José hostil y sucio, pero que la directora confiesa que encuentra atractivo: “A mí me gusta ese caos porque me resulta más familiar que la soledad y el vacío de las grandes ciudades europeas”.

Cine centroamericano, mirada europea

Los espacios que ha conseguido Valentina Maurel en el Festival de Cannes no son representativos de la dinámica de ese histórico certamen, que año tras año recibe críticas por su representación eurocéntrica del séptimo arte. El cine latinoamericano, y el centroamericano en particular, siguen siendo relegados.

“Todavía hay camino por recorrer para Centroamérica. Yo siento que el público europeo espera un tipo de cine muy específico, con narrativas sobre el tráfico de drogas y guerras civiles”, comenta la directora. Maurel afirma que, si bien la región tiene “urgencias políticas” que denunciar, en el “panorama cinematográfico esperan que se hable solo de eso”.

Para la cineasta, esta es una limitante representativa de una realidad social más amplia. “Cuando hablo con periodistas de Francia o Bélgica y se dan cuenta de que hablo bien francés, se decepcionan un poquito. Me da la impresión de que sienten que soy menos centroamericana de lo que debería”, relata. Maurel considera que, en muchos casos, las audiencias europeas buscan películas que “les expliquen una región del mundo que les es desconocida, con personajes ejemplares que estén luchando o que sean víctimas de algo”.

“Yo sé que parece imposible hablar de una historia íntima cuando el mundo se está incendiando, pero me parece que la región debe liberarse de su necesidad de justificarse”

Con Siempre soy tu animal materno, la directora optó por seguir rechazando la imposición de tener que “representar algo” con su cine e “ignorar esas expectativas”: “Yo sé que parece imposible hablar de una historia íntima cuando el mundo se está incendiando, pero me parece que la región debe liberarse de su necesidad de justificarse”.

El “frágil ecosistema” del cine en Costa Rica

La producción cinematográfica de Costa Rica se sostiene principalmente gracias a fondos estatales que el Ministerio de Cultura pone a concurso cada año. El proceso burocrático para acceder a estos recursos, dice Maurel, es algo que dificulta sacar adelante películas en su país. “El financiamiento de esta película me hizo dudar un poquito de la posibilidad de hacer cine en Costa Rica”, señala.

A diferencia de su primer largometraje, con Siempre soy tu animal materno la realizadora no obtuvo estos fondos, por lo que incluso uno de sus productores (el filme es una coproducción con Francia, Bélgica y México) sopesó que rodaran fuera de Costa Rica.

La cineasta considera que hay un “desfase” entre la aparición de nuevos talentos y una institucionalidad “poco flexible”. Esto, argumenta, engendra “un ecosistema cinematográfico muy frágil”. Maurel matiza que desde el Centro de Cine se “está haciendo lo que se puede”, pero que “lo importante es lograr financiar mejor y financiar más cosas”, como cortometrajes, animación y series. “Para eso necesitamos un financiamiento más estable; por ejemplo, un impuesto al cable y plataformas”, agrega. Es una práctica estándar internacional de la que el país debería inspirarse.

“Yo tengo la posibilidad de encontrar financiamiento para mi trabajo fuera del país, como ya tengo una trayectoria un poco consolidada, pero en Costa Rica hay una conversación pendiente si queremos crear una industria local”, añade.

La cineasta tiene la expectativa de que la administración entrante de Laura Fernández “se alegre de la visibilidad que está teniendo el cine tico y no le dé la espalda”: “Todavía estamos ante esa incertidumbre y nadie sabe qué va a pasar. Después de lo que sucedió con esta última película, mi temor es no poder filmar la próxima en Costa Rica, porque ya mis productores en Europa podrían estar un poco desalentados”, explica.

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