La Universidad de Chile y su papel de sostener lo común en medio de la fragmentación
En su discurso de inauguración del año académico, la rectora Rosa Devés dice que educar para la paz implica formar en el respeto, el intercambio de ideas y la valoración de la diversidad como base de la convivencia

Como cada año nos reunimos hoy en este ritual de comienzo y de renovación. La Universidad de Chile reafirma con él su condición de espacio abierto a nuevos estudiantes, profesores y funcionarios. Todos ellos y ellas vienen con esperanza que es confianza depositada en la institución.
Nos disponemos a acoger esa fuerza espiritual para iniciar un nuevo ciclo.
Pero en esta oportunidad concurren también otros comienzos que deben ser reconocidos. Entre estos, se inicia un nuevo Gobierno en Chile. Agradecemos la presencia del presidente José Antonio Kast en esta ceremonia. Su participación permite reconocer su rol de Patrono de la Universidad de Chile, expresión de la vinculación histórica de nuestra institución con el Estado de Chile.
Esta tradición, que se remonta a la fundación de la Universidad en 1842, alude al carácter público de la institución y a su compromiso permanente con el desarrollo del país y el bienestar de la nación.
Asimismo, este año tendrá lugar la renovación del gobierno universitario, instancia que, en el marco de nuestra vida democrática, proyecta nuevas posibilidades para el fortalecimiento y desarrollo de la nniversidad.
Tiempos de diálogo
Todos estos comienzos son también umbrales que requieren y deben posibilitar nuevos diálogos, porque no hay proyecto común sin la disposición a escucharnos, a reconocernos en nuestras diferencias y a construir, desde estas, horizontes compartidos. Disponerse al diálogo entre distintos no es asunto fácil; más seguro parece a veces permanecer en nuestro lugar, hasta que la vida nos muestra que haber tendido la mano a tiempo habría evitado conflictos y sufrimientos.
Por ello, hemos querido invitar a acompañar este momento a Alfredo Zamudio, quien, desde un oficio forjado en la experiencia de contextos de conflicto y reconciliación, nos recuerda una y otra vez que el diálogo es un acto de humanidad. Nos convoca a abrirnos genuinamente al otro y a hacer del reconocimiento mutuo el fundamento de toda convivencia.
Es desde ese tránsito que va del juicio al encuentro que se hace posible una contribución auténtica a la sociedad.
En estos años de rectoría, particularmente en momentos de especial dificultad, he recurrido a su consejo y, sobre todo, a su ejemplo, que ha sido una guía silenciosa pero decisiva. Esta instancia ofrece una oportunidad para expresarle públicamente mi gratitud. Gracias, Alfredo.
Los desafíos
Vivimos un tiempo de profundas tensiones, con múltiples fracturas que atraviesan nuestras formas de convivir, de conocer y de proyectarnos hacia el futuro. La Universidad, especialmente en cuanto universidad pública, no está llamada solo a diagnosticar estas fracturas, sino a hacerse cargo de ellas, a comprenderlas, a enfrentarlas y a abrir nuevos caminos de entendimiento.
Mis palabras de hoy buscan reflexionar sobre algunos de esos desafíos, poniéndolos en relación con acciones que hemos impulsado como comunidad.
La construcción de lo común
Uno de los atributos distintivos de la sociedad contemporánea es la fragmentación, que se expresa en la progresiva ruptura del tejido social y en una crisis de lo común. Asistimos a un debilitamiento de aquellos vínculos y sentidos compartidos que históricamente han permitido reconocernos como parte de una comunidad, dando paso a dinámicas de aislamiento, desconfianza y repliegue.
Volver a tejer confianzas y propósitos, se vuelve una tarea ineludible para toda institución que aspire a contribuir al bien público, más aún si se trata de una universidad, con una misión creativa y educativa.
Por ello, nos hemos preocupado de impulsar programas e iniciativas que acerquen personas y saberes, poniendo en diálogo facultades y disciplinas, y facilitando que las y los estudiantes construyan vínculos significativos que les preparen para habitar lo común.
Con este fin se han promovido experiencias culturales compartidas; la colaboración interfacultades en docencia de pregrado donde es más escasa, y una muy activa vinculación con el medio. Solo como muestra, destaco las propuestas de integración del pregrado de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) y Medicina para la formación en ingeniería y salud; o el proyecto conjunto de seis facultades para la formación en innovación, y la propuesta que se trabaja desde la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza y la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias donde estudiantes de distintas carreras aprenderán en relación con la comunidad y la naturaleza en la Estación Experimental Frutillar.
También destaco la pronta instalación del MAC Subcero en el Metro de Bellas Artes, fruto de un convenio entre la Universidad de Chile y Metro que acercará a la Universidad a las personas en su tránsito cotidiano por la ciudad.
Muy relevante es nuestra colaboración con liceos que están innovando y demostrando cómo la educación pública puede alcanzar altos estándares de calidad. Menciono especialmente el trabajo con el Liceo Bicentenario de Excelencia Polivalente de San Nicolás y el Liceo Víctor Jara de Peralillo, comunidades pequeñas en población, pero grandes en propósito.
San Nicolás, con cerca de 15 mil habitantes, acaba de ser reconocida por UNESCO como Ciudad del Aprendizaje. Hoy nos acompañan estudiantes del Liceo Víctor Jara, quienes cumplen una valiosa labor como mediadores escolares, gestionando desacuerdos y promoviendo un ambiente escolar armonioso, seguro y fundado en valores.
Quiero dedicar unas palabras para recordar el que fue, en este periodo, tal vez el hito más simbólico de la capacidad de la Universidad de Chile de aportar al encuentro del país: el concierto que llamamos La Novena en Plaza Italia de enero de 2023. No fue solo un acto cultural; fue una demostración de que los chilenos y chilenas podíamos y queríamos habitar ese espacio en paz y fraternidad, convocados por algo que nos trascendía. Ese encuentro requirió asumir riesgos, y fue posible porque distintos actores concordamos que era necesario, y porque la convocatoria la hizo la Universidad de Chile con sus conjuntos patrimoniales, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, que pertenecen por origen e historia a todos y todas.
La explosión de buena voluntad que siguió a ese mágico día de enero dio lugar a nuevas iniciativas en el espacio público y se vuelve a vivir todas las semanas en la Gran Sala Sinfónica Nacional en VM20. Quienes asisten a la Gran Sala suelen preguntarse cómo fue posible levantar una obra tan relevante y de tan alta calidad con recursos universitarios. La explicación reside en la fuerza de una gran institución que asume su responsabilidad histórica de ofrecer al país ámbitos de encuentro, creación y excelencia, donde la cultura se pone al servicio del bien común.
El reconocimiento del otro
Otro fenómeno que observamos es la polarización, que tiende a reducir al otro a un adversario antes que a un interlocutor legítimo. Esta dinámica se expresa en la radicalización del debate público y en una progresiva pérdida de la escucha, dificultando no solo el entendimiento, sino también la posibilidad de construir acuerdos y proyectos compartidos. Esta realidad también se refleja en la vida universitaria en todo el mundo, con debates que se tensionan o, a veces, se evitan y grupos que tienden a replegarse sobre sí mismos.
Por ello hemos puesto énfasis en generar instancias institucionales de deliberación como es la participación de estudiantes y funcionarios en Consejos de Facultad, cuyo reglamento ya fue tomado de razón por la Contraloría Universitaria esta semana. También hemos ampliado la infraestructura para la convivencia. Entre las distintas obras, mencionamos la nueva Residencia Erasmo Escala que recupera un inmueble de gran valor arquitectónico y que acogerá a cerca de 60 estudiantes de regiones, así como el hermoso casino de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, gracias al trabajo de sus autoridades con la comunidad.
Destacamos, asimismo, la puesta en funcionamiento del nuevo Consejo de Campus Juan Gómez Millas, con una composición triestamental que reafirma el compromiso con una gobernanza participativa y una comunidad más integrada.
Al mismo tiempo, nos hemos preocupado de incentivar una pedagogía en la cual la argumentación y la escucha activa ocupen un lugar central, ofreciendo oportunidades a nuestros estudiantes para el diálogo intercultural, como es el caso de los Diálogos Internacionales que les acercan a líderes o representantes de distintas naciones para conocer de manera directa sus visiones.
La justicia social y la inclusión efectiva
La fragmentación y la polarización son aún más difíciles de abordar en contextos marcados por una persistente inequidad, producto de profundas brechas estructurales. Es por ello que sus expresiones universitarias que pueden traducirse en brechas de acceso, permanencia y titulación o la escasa representación en ciertos ámbitos, nos preocupan y movilizan muchas de nuestras acciones.
Estamos comprometidos con nuestras políticas de equidad e inclusión, orgullosos de las 16 vías de ingreso especial, y del fortalecimiento de los programas de acompañamiento estudiantil, que cuentan con una importantísima contribución de los propios estudiantes.
Valoramos las acciones en favor de la igualdad de género y las políticas públicas que han desarrollado mecanismos de financiamiento como la gratuidad, a veces cuestionada sin ponderar su efecto en la vida de las personas. Confiamos en que, mediante un acuerdo político, el país podrá contar prontamente con un nuevo sistema de crédito contingente al ingreso, justo y sostenible.
Reafirmamos nuestro compromiso de seguir promoviendo y defendiendo el valor de la diversidad como una fuente de riqueza académica, en beneficio de la Universidad como un todo.

La razón y la ética
Nuestra época está también marcada por la creciente desconfianza en el conocimiento experto que deteriora las bases del intercambio informado y debilita la posibilidad de construir acuerdos, a lo que se suma una tensión cada vez más visible entre el saber académico, y el saber que circula de manera fragmentada e inmediata en la esfera pública.
Frente a ello, se vuelve ineludible reafirmar el valor de la razón, como fundamento del discernimiento, y de la ética como guía para su ejercicio. Formar en las capacidades esenciales para la vida democrática requiere desarrollar habilidades de investigación y pensamiento crítico en todas las disciplinas y niveles, pero también cultivar una disposición responsable frente al conocimiento y su uso.
Nuestra Universidad entiende que su calidad se nutre de su fuerza en investigación. Los excelentes resultados en los concursos de Fondecyt, así como en el ranking SCImago, en que la Universidad de Chile está en primer lugar, dan cuenta de ello.
Con todo, es sabido que en el Concurso de Centros de Excelencia varios de nuestros centros, que han demostrado excelencia en su desempeño, no fueron renovados. Frente a esta situación, hemos decidido contribuir a proteger esas capacidades mediante recursos puente, en parte asociados al Programa de Financiamiento Estructural I+D+i Universitario de Frontera (FIUF), adjudicado en 2025. Asimismo, se apoyará la continuidad del Centro CR2 mediante un aporte proveniente de las Actividades de Interés Nacional, en atención a su relevancia estratégica para la investigación sobre cambio climático.
En este mismo ámbito, la irrupción de la inteligencia artificial introduce desafíos y oportunidades que interpelan directamente a la razón y la ética porque si bien amplia el acceso al conocimiento, también puede amplificar la desinformación.
La Universidad está impulsando la investigación, formación e innovación aplicada en IA. Múltiples equipos intergeneracionales de investigadores desarrollan soluciones en salud, modelamiento climático, minería, astronomía, educación y análisis de datos para políticas públicas. A ello se suman nuevas herramientas para apoyar la investigación científica y la gestión universitaria, junto con programas formativos orientados al uso crítico, responsable y ético de estas tecnologías.
La cultura de la paz, la dignidad y el sentido
Entre las amenazas de la sociedad contemporánea está la normalización de la violencia, la que junto con la persistencia de graves conflictos globales que repercuten en lo local, da cuenta de una fragilidad creciente de la democracia.
En las instituciones, esta realidad se expresa en conflictos internos que escalan con rapidez, en el uso de lenguajes agresivos y en la dificultad para procesar los desacuerdos de manera constructiva.
En nuestra Universidad, existe una trayectoria que posibilita enfrentar estos desafíos desde bases sólidas. Su tradición en derechos humanos no solo forma parte de su historia, sino que también orienta su quehacer presente, afirmando un compromiso sostenido con la dignidad y la justicia.
Existen diversas instancias de memoria y reflexión, que mantienen viva la conciencia sobre el pasado y favorecen una comprensión crítica del presente. Estamos comprometidos a honrar el compromiso con el Plan de Búsqueda, y la educación para los derechos humanos y la democracia.
Educar para la paz implica formar en el respeto, el intercambio de ideas y la valoración de la diversidad como base de la convivencia. A ello se suma la necesidad de fortalecer herramientas para la resolución no violenta de conflictos, de modo que los desacuerdos se conviertan en oportunidades de aprendizaje y no en factores de fractura. La Defensoría Universitaria cuyo reglamento está en su fase final en el Senado Universitario cumplirá un importante rol en este aspecto.
Promover una ética del cuidado permite reorientar las relaciones hacia la responsabilidad mutua, reconociendo en el otro no una amenaza, sino un legítimo otro con quien construir en común.
En última instancia, solo si somos capaces de resistir toda forma de deshumanización y afirmar, sin ambigüedades, la dignidad y el sentido de cada vida podremos erradicar situaciones como la agresión sufrida por la ministra Ximena Lincolao, que interpelan nuestra conciencia y el tipo de sociedad que estamos construyendo. A ella, nuestro afecto y nuestra solidaridad. Esa experiencia nos muestra con claridad aquello que no queremos ser.
La esperanza activa
Por último, es un hecho que el miedo frente al futuro parece estar volviéndose una experiencia extendida. La incertidumbre ante los cambios tecnológicos, la magnitud de la crisis climática y la creciente fragilidad de las trayectorias laborales configuran un horizonte que se percibe inestable y difícil de anticipar. En las universidades, esto se expresa en la ansiedad estudiantil, en las dudas respecto del sentido de la formación y del ejercicio profesional.
Cuando este temor se instala como disposición dominante, inmoviliza y limita nuestra capacidad de actuar. Para contrarrestarlo, es preciso cultivar una esperanza activa que no niega la incertidumbre, sino que la asume como posibilidad de transformación. Por ello, nuestra tarea no es solo desarrollar capacidades o competencias, sino también acompañar la construcción de sentido, fortalecer la confianza y ofrecer oportunidades para imaginar colectivamente el porvenir.
Cuando un joven toca su instrumento para rendir homenaje a quienes décadas atrás defendieron la vida de jóvenes como él o ella, como ocurriera recientemente en el homenaje a la Vicaría de la Solidaridad en la Catedral, o cuando pronuncia un discurso para honrar la trayectoria artística de los maestros de sus maestros en el Teatro Nacional, o cuando investiga sobre un problema de frontera en un equipo intergeneracional, o cuando intercambia experiencias y conocimientos con jóvenes de otras partes del mundo, está haciendo brotar la esperanza.
La Universidad de Chile seguirá cumpliendo la tarea de sostener lo común en medio de la fragmentación; de escuchar en tiempos de polarización; de defender y buscar la verdad frente a la desinformación; y de afirmar la dignidad humana ante toda forma de exclusión y deshumanización. Al servir a Chile desde el conocimiento, nuestra Universidad renueva cada día la esperanza.







































