El juez Moraes concede el arresto domiciliario al expresidente Jair Bolsonaro por 90 días
El ultraderechista cumplirá condena en casa cuando reciba el alta por una neumonía que le llevó al hospital hace 11 días


Cuando reciba el alta hospitalaria, el expresidente de Brasil Jair Bolsonaro, golpista convicto, regresará a casa, para recuperarse en familia mientras cumple condena. El juez Alexandre de Moraes, del Tribunal Supremo, le ha concedido este martes el arresto domiciliario por un plazo de por 90 días, entre otras condiciones. Bolsonaro lleva 11 días ingresado en un hospital privado de Brasilia, aquejado de una pulmonía aguda, y acaba de cumplir 71 años. La decisión que flexibiliza su régimen penitenciario era esperada porque su ingreso en cuidados intensivos elevó la preocupación por su salud y multiplicó las voces en defensa de este cambio. Y el lunes la Fiscalía se pronunció a favor de la domiciliaria. De todos modos, el juez solo ha asumido parcialmente el parecer del Ministerio Público.
Los médicos no han anticipado ninguna fecha para su alta hospitalaria. Su estado ha mejorado lo suficiente para que el lunes saliera la unidad de cuidados intensivos. La decisión del juez Moraes, de 40 páginas, incluye una serie de condiciones, según detalla el diario Estadão. El ultraderechista tendrá prohibido usar redes sociales, teléfono móvil, grabar vídeos o audios, según el fallo judicial. Si los médicos que cuidan de su salud lo consideran pertinente, puede ser trasladado al hospital sin autorización específica del magistrado del caso.
Moraes determina que, cumplidos los 90 días, analizará de nuevo si se cumplen los requisitos para que permanezca en casa.
El senador Flávio Bolsonaro, aspirante a derrotar al presidente Lula en las próximas elecciones de octubre, está autorizado a visitarle dentro de los horarios previstos, así como dos de sus hermanos, los concejales Carlos y Jair. El cuarto hermano político, Eduardo, tiene vetados los encuentros con su padre porque es investigado por obstruir las investigaciones. Y, además, vive en Estados Unidos.
La presión para que Moraes le permitiera cumplir la pena en su casa, un chalé de Brasilia, donde vive con su esposa, la hija de ambos y una hija de ella, ha ido aumentando desde esta última hospitalización. A la campaña emprendida por su familia y sus aliados políticos, se han sumado los editorialistas de los principales diarios. El pronunciamiento de la fiscalía culminó ese movimiento.
El magistrado era reticente a adoptar la medida dados los antecedentes del recluso, que cuando estaba encarcelado en su casa como preso preventivo violó las medidas cautelares varias veces e incluso intentó quitarse por la fuerza la tobillera que vigilaba sus movimientos.
Tanto la esposa del expresidente, Michelle Bolsonaro, como su hijo Flávio han mantenido reuniones con el juez Moraes para presentar sus argumentos. Desde el entorno del patriarca de los Bolsonaro se ha planteado en varias ocasiones que su vida ha estado en peligro mortal.
El expresidente Bolsonaro sufre múltiples problemas de salud que lo han llevado al hospital de manera reiterada en los últimos años. Su fragilidad parece haberse intensificado desde que fue condenado, el pasado septiembre. En esta ocasión fue una internación de emergencia a causa de un fuerte malestar que obligó a su traslado desde la prisión de máxima seguridad, donde llevaba dos meses, meses al centro hospitalario. Los médicos le diagnosticaron una neumonía aguda bilateral bacteriana, causada por el reflujo gástrico que sufre.
Bolsonaro ha mantenido una notable influencia política desde que perdió las elecciones, tanto antes como después del juicio en el que fue condenado. La más trascendental de las decisiones que ha tomado fue elegir a uno de sus hijos, Flávio, el mayor, como candidato a la Presidencia para enfrenarse a Lula, en contra de la opinión del Wall Street brasileño, que prefería al gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Bolsonaro hijo aparece empatado en los sondeos con el líder de la izquierda brasileña a siete meses de los comicios.
Moraes ha recalcado en su decisión de concederle la prisión domiciliaria que, la víspera de su última hospitalización, los facultativos certificaron que su salud física y mental era buena.
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