Cynthia Barzuna: “Invalidar la existencia de la crisis climática erosiona un poco el multilateralismo”
La costarricense y directora de Ocean Action 2030 explica cómo se abre una oportunidad para que América Latina y el Caribe potencie su economía a través de los mares
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La costarricense Cynthia Barzuna (San José, 51 años) es una especie de vigilante de los océanos, esos lugares que son de todos y de nadie a la vez. Cuando fue viceministra de Agua y Mares de su país [durante el Gobierno de Carlos Alvarado], impulsó la ampliación del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR) para que entre Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica se superaran los 500.000 kilómetros cuadrados de áreas protegidas y zonas de manejo marítimo juntas. Ahora, como directora de la coalición Ocean Action 2030, una alianza de organismos de Naciones Unidas, bancos multilaterales de desarrollo y ONG, guía a los países en cómo hacer un uso sostenible de sus aguas.
En entrevista con EL PAÍS, en el marco del Foro Económico de CAF, celebrado en Panamá la pasada semana, Barzuna explica los desafíos que tiene la conservación marina ante un orden internacional donde las reglas del juego cambiaron. “Hay una oportunidad”, señala, pese a todo optimista, frente a la posibilidad que tiene América Latina y el Caribe de generar su propia información y los innovadores modelos financieros que se construyen para conservar el mar.
Pregunta. En el ámbito de los océanos, el CMAR es una de las figuras de protección entre países que despierta más interés. Como viceministra, usted estuvo detrás de su ampliación. ¿Qué lecciones deja?
Respuesta. La idea nace desde 2005, cuando se identifican unas áreas núcleo y los países empiezan a formalizar su relación. El concepto empieza a madurar para saber qué se necesita para proteger este corredor biológico marino entre países que tienen diferencias abismales en políticas públicas o jurisdicción en aguas territoriales. Mi país, por ejemplo, ni siquiera tiene ejército. En la Isla del Coco [Costa Rica] no hay habitantes; en Malpelo [Colombia] hay comunidades involucradas; la Isla Coiba [Panamá] fue una cárcel y ahora tiene un centro de investigación importante. También está Galápagos [Ecuador]. ¿Cómo coordinábamos todas estas acciones que se requerían? Lo que se logró al final fue un sistema de cooperación voluntaria. El punto álgido, sin embargo, está en la declaración de Glasgow de 2021, que firmaron los cuatro países para ampliarlo y se convirtió en el corredor marino más grande de Latinoamérica y del mundo.
P. Durante el foro, Jair Urriolo, secretario ejecutivo del CMAR, mencionó que se está explorando un acuerdo vinculante. ¿Lo ve posible?
R. Sí, es algo que se ha intentado por años y, aunque es complejo y ambicioso, creo que se puede hacer. El corredor ha llegado a esa etapa. Incluso, en algún momento, se inició un proceso para que se creara una reserva de la biodiversidad de la mano de la Unesco.
P. Este foro es un espacio económico. ¿Cómo se ha financiado el CMAR?
R. Es un sistema mixto. Ahora se está trabajando con Enduring Earth, que es un consorcio de ONG de conservación. Y uno de los cambios más importantes es que está funcionando a través de un fideicomiso, lo que lo blinda de los cambios políticos.
P. Usted también suele hablar de los planes oceánicos sostenibles como una figura importante. Es algo que se conoce poco frente a otras políticas climáticas…
R. Es una herramienta muy potente para ordenar los usos conflictivos del océano que no solo permite desarrollar estrategias de adaptación, mitigación y resiliencia, sino lo que llaman el mantra de las tres P: prosperidad, producción y protección del océano.
P. ¿Y hay países que ya los tienen?
R. Sí. De hecho, nacen del High Level Panel for a Sustainable Ocean Economy, que también se conoce como el Panel Oceánico. De este hacen parte 19 países que, juntos, tienen el 50% de las costas del mundo y más del 40% de las zonas económicas exclusivas de las aguas. Ahí están de nuestra región: Chile, México y Jamaica. También están Canadá y Estados Unidos.
P. Precisamente, el Gobierno de Donald Trump le ha dado la espalda a la cooperación, al multilateralismo. ¿Qué tan golpeada se ve la conservación de los mares por esto?
R. Se afecta; no voy a tratar de tapar el sol con un dedo. Que no se valide la existencia de la crisis climática y la ciencia erosiona un poco el multilateralismo. Pero hay una oportunidad: muchos países, incluyendo los de Europa, dependían de Estados Unidos para sus observaciones climáticas, así que esta es una señal para que generemos información propia. Ahí la soberanía sí puede funcionar.
P. CAF-banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, recordó durante el foro que ya tiene su taxonomía azul. ¿Por qué hay una necesidad de hablar de inversiones azules, enfocadas en océanos sostenibles, cuando ya existen taxonomías verdes o dirigidas al medio ambiente?
R. Porque a lo que no se le da nombre no se mide. Al final, tener una taxonomía es determinar las reglas del juego de qué es sostenible, evitar el bluewashing. Le dice al sector financiero cuáles son las brechas y dónde están los riesgos.
P. ¿Y es que la brecha de financiación para conservar océanos es muy alta?
R. Menos del 0,01% del financiamiento a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible va al objetivo 14: vida submarina.
P. Dentro del balde de noticias amargas, hay una buena: este año entró en vigencia el Tratado de Alta Mar. ¿Qué significa para Latinoamérica y el Caribe?
Hay países que hicieron labores titánicas para sacarlo adelante, como Chile. Pero lo que viene para la región son evaluaciones de impacto ambiental para entender cuáles son nuestros recursos y protegerlos, así como la creación de más áreas protegidas porque, solo con las aguas territoriales, no podemos lograr la meta global de proteger el 30% del océano mundial. También viene otra prueba grande para el multilateralismo. El océano tiene que dejar de ser una víctima para convertirse en la solución a muchos problemas.