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Sandra Borda: “Con grandes reparos, voy a votar por Gustavo Petro”

La politóloga e internacionalista se aparta de la decisión de su partido, el Nuevo Liberalismo, de apoyar a Hernández en la segunda vuelta

La politóloga Sandra Borda, en su apartamento en Bogotá, el 20 de agosto de 2020.
La politóloga Sandra Borda, en su apartamento en Bogotá, el 20 de agosto de 2020.Camilo Rozo
Santiago Torrado

Sandra Borda (Bogotá, 48 años) es una voz recurrente en la discusión pública colombiana. La politóloga e internacionalista se lanzó a la política este año de la mano del Nuevo Liberalismo, en los primeros lugares de una lista al Senado con una destacada presencia de mujeres. A pesar de que no obtuvieron los votos suficientes para llegar al Congreso, Borda sigue comprometida con el partido que encabeza Juan Manuel Galán, pero en esta entrevista marca distancia por primera vez de la decisión de la colectividad de pedir el voto – “sin ningún tipo de acuerdo burocrático o contraprestación”– por Rodolfo Hernández en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que lo enfrenta el 19 de junio a Gustavo Petro.

El Nuevo Liberalismo, que revivió el año pasado gracias a un fallo de la Corte Constitucional, formaba parte de la disuelta Coalición Centro Esperanza que respaldó la aspiración de Sergio Fajardo en la primera vuelta, con Juan Manuel Galán como uno de sus precandidatos. Quedaron en un distante cuarto puesto. “No defiendo una posición de equidistancia”, apunta Borda sobre los debates al interior de la coalición. “Para mí el centro no es estar en la mitad. Para mí el centro es ser liberal, y los principios liberales que a mí me interesan y a los que yo les doy prioridad, los veo mucho más claramente defendidos en la campaña de Petro que en la de Rodolfo Hernández”, dice a EL PAÍS.

Pregunta. ¿Cómo recibió la decisión del Nuevo Liberalismo de apoyar a Rodolfo Hernández?

Respuesta. Yo respeto la forma en la que se llegó a esa decisión. Si algo se demostró es que el Nuevo Liberalismo funciona como una colectividad. El proceso de consultas implicó conversar con todos los miembros, y con los que habíamos sido candidatos a la Cámara y al Senado. Es una decisión de partido. Sin embargo, yo tengo que apartarme de esa decisión. No puedo estar de acuerdo por temas que para mí son tremendamente importantes, que guiaron mi campaña al Senado y en los que yo ni me siento cercana a Rodolfo Hernández ni en una posición de equidistancia frente a los dos candidatos.

P. ¿Cuáles son esos temas?

R. Las tres obsesiones que yo tuve durante la campaña eran la participación política de las mujeres y la igualdad de derechos; el fortalecimiento de las instituciones; y la reestructuración, normalización y mejoramiento en nuestra política exterior. Son tres temas en donde yo no puedo encontrar puntos de coincidencia con Rodolfo Hernández.

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P. A raíz de su reflexión ya no colectiva sino individual, ¿qué piensa hacer en los días que faltan para la segunda vuelta presidencial?

R. Esta no es una decisión que pueda terminar en un voto en blanco o en una posición de equidistancia frente a las dos opciones. Si no estoy suscribiéndome a la decisión del partido, que sugiere que nuestro programa está más cercano de Rodolfo Hernández, es necesaria y obligatoriamente porque siento que las cosas que a mí me interesan son temas en donde las posibilidades de avanzar son más grandes en la campaña de Gustavo Petro. ¿Eso qué quiere decir? Básicamente, que yo voy a votar por Petro.

P. ¿Y eso qué significa?

R. Que estoy lejos de pensar que el tratamiento que se le ha dado a esos tres temas en la campaña de Petro es ideal. Hay muchas deficiencias. Tengo todavía problemas con el programa en materia de mujeres. No lo he escuchado hablar tanto como quisiera del tema de política exterior. Sé que quiere normalizar relaciones con Venezuela, pero no sé cuál es su plan para hacerlo. Su compromiso con las instituciones dista de ser absoluto, pero por lo menos es mayor que en el caso de Rodolfo Hernández. Con grandes reparos, voy a votar por él.

P. Hace cuatro años acompañó a Petro en la segunda vuelta que lo enfrentó al presidente Iván Duque.

R. En esa ocasión tenía muchos menos dilemas de los que tengo hoy al decir que voy a votarlo. En ese entonces sentía que era un proyecto progresista un poco más genuino, y mucho más separado de miembros de la clase política tradicional que no han sido beneficiosos para este país. Tengo que confesar que eso me preocupa.

P. La lista al Senado del Nuevo Liberalismo era una apuesta decidida por las mujeres y las regiones, a usted la acompañaron lideres afrocolombianas del Pacífico como Mábel Lara y Yolanda Perea, que ya se sumaron a la candidatura de Petro y Francia Márquez. ¿Ese no era a priori el proyecto más afín con el ideario del Nuevo Liberalismo?

R. Desde mi punto de vista sí, por eso me separo de la decisión del partido. Puedo entender las preocupaciones que tiene la colectividad. Este es un partido que es en esencia liberal, entonces no existe ninguna razón para pensar que todos hagamos el cálculo de la misma forma, ni que nos dé el mismo resultado. Respeto muchísimo la decisión de Juan Manuel, no planeo irme del Nuevo Liberalismo ni mucho menos. Fue la única forma que pude encontrar para resolver este dilema.

P. Usted ha escrito un libro (Parar para avanzar, Planeta) sobre las protestas encabezadas por los jóvenes. ¿Es Petro el que mejor ha sabido interpretar el malestar que se ha traducido en el estallido social?

R. Sí, aunque el estallido social tenía dos dimensiones. La posibilidad que ofrece Petro de tener una verdadera reforma social y económica en este país es fundamental para la gente que salió a protestar. Es la persona que encarna con más credibilidad la necesidad de esa reforma. Ahora, el otro lado hacia donde iba la protesta era a enviar un mensaje sobre el hastío terrible que tiene la gente con la clase política de este país. Esa parte la ha sabido representar mejor Rodolfo Hernández. Entre otras, porque le resulta muy difícil a Petro mandar mensajes sobre la transformación que busca darle a la clase política tradicional cuando dentro de su campaña tiene a la clase política tradicional.

P. ¿Hay figuras del centro político que han subestimado los riesgos de un Gobierno de Rodolfo Hernández?

R. Creo que sí. Parte de lo que pasa es que la campaña de Petro hizo un trabajo muy eficiente a la hora de atacar al centro político, efectivamente logró convertirlo en una fuerza minoritaria, pero produjo un daño grande y mucho resentimiento. Es una cosa que uno no puede subestimar. El centro está agraviado, y no es una bobada sentimentaloide. El problema de ese agravio es que genera una preocupación legítima, que yo comparto, sobre si esa forma de hacer campaña se va a traducir en una forma de lidiar con la oposición en caso de que lleguen a ser Gobierno. Ojalá desde la campaña de Petro estén escuchando, porque esa forma de hacer política no le sirve a ellos electoralmente ni le sirve a este país para construir democracia.

P. ¿Qué le parece la propuesta de Hernández de cerrar embajadas y misiones diplomáticas?

R. Ese decreto es un desastre. He construido mi carrera académica estudiando el tema de la política exterior colombiana y no podría bajo ninguna circunstancia aprobar lo que sugiere. Es tremendamente inconveniente, un golpe durísimo para una política exterior que ya está aporreada por culpa de los desastres que hizo el actual Gobierno. Es un proyecto que se basa sobre un engaño, pierde de vista que la Cancillería tiene un porcentaje mínimo del 0,1% del presupuesto nacional para su funcionamiento. Ahí no se invierte nada desde hace muchísimo tiempo, están operando básicamente con las uñas. Cerrar embajadas es algo que ya había intentado Álvaro Uribe hace mucho tiempo, en algo se parecen.

P. Más allá de los apoyos de segunda vuelta, ¿qué lecciones le dejó esa fallida campaña al Senado?

R. El proceso de aprendizaje más interesante de esa campaña giró alrededor del proceso de construcción de partido. Uno no puede aspirar a tener una democracia sólida sin partidos políticos. Le sigo cuestionando mucho a los líderes a los que me he acercado, entre ellos a Sergio Fajardo, que no se hayan tomado el trabajo de construir partido. Es una tarea en la que planeo seguir enfrascada, estoy absolutamente convencida de su necesidad.

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Santiago Torrado
Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.

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