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Rodolfo Hernández, el candidato presidencial que prometía luchar contra la corrupción, condenado a 64 meses de cárcel por celebración indebida de contratos

El contrincante político de Gustavo Petro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2022 podrá pagar la pena en su casa. Anuncia una apelación

Rodolfo Hernández discurso
Rodolfo Hernández en Miami (Florida), en junio de 2022.MARCO BELLO (REUTERS)
Valentina Parada Lugo

Rodolfo Hernández, el más fuerte contrincante de Gustavo Petro en las elecciones presidenciales de 2022, ingeniero y fundador del partido Liga de Gobernantes Anticorrupción, ha sido condenado este jueves a 64 meses de prisión por el delito de celebración indebida de contratos, en un caso de corrupción protagonizado por su hijo y que ocurrió cuando era alcalde de Bucaramanga (Santander). La lucha contra la corrupción fue, justamente, la bandera más fuerte de su fallida campaña para la Presidencia de Colombia.

El juez del caso, que falló en primera instancia, aclaró que el político podría pagar la pena en su casa, por el mecanismo de prisión domiciliaria, gracias a varios motivos, incluyendo su diagnóstico médico de cáncer terminal. La sanción también incluye una multa por 66,66 salarios mínimos mensuales legales, que equivale a poco más de 86 millones de pesos (unos 22.000 dólares). Además, le inhabilita para ejercer cargos públicos durante 80 meses. Hernández ya había sido inhabilitado en abril pasado por la Procuraduría General, pero por 10 años y por otro motivo: el haber influido en 2019 en la campaña a la alcaldía de Juan Carlos Cárdenas, su candidato a sucederlo en ese cargo.

La decisión de condenar al empresario y político santandereano ya se había conocido el 14 de marzo de este año, pero estaba pendiente la definición de las sanciones. La justicia encontró que es responsable de las irregularidades en una contratación pública relacionada con el cambio de esquema de la recolección de basuras en Bucaramanga, cuando él era alcalde. La compañía Vitalogic, por cuyo nombre se suele referenciar el caso, buscaba ganar un contrato con el municipio y, en paralelo, había contratado a Luis Carlos Hernández, uno de los hijos del entonces alcalde. La justicia encontró que el alcalde intercedió en su favor, aunque la contratación finalmente se anuló por cuenta del escándalo desatado desde entonces.

Hernández siempre ha defendido su inocencia. Ha alegado que ignoraba que su hijo Luis Carlos había pactado una comisión a cambio de que Vitalogic obtuviera el contrato. También ha argumentado que no intervino ni ejerció presión para que la empresa ganara la licitación. Sin embargo, la Fiscalía presentó material probatorio como pantallazos de conversaciones en las que, según ellos, se prueba que sí buscó beneficiar a Vitalogic, así como la existencia de reuniones entre el entonces alcalde y las cabezas de la empresa.

El ingeniero se pronunció sobre su condena y, a través de su cuenta de X, reiteró que es inocente y calificó como “injusta” su sentencia. “A los detractores les conviene mostrarme como corrupto, para igualarme a la ratonera que ha gobernado y gobierna a Colombia, a ellos nunca les pasa nada. Nunca me robé un peso, nunca tuve interés indebido, acudiré a todas las instancias judiciales para demostrar mi inocencia”.

Además, hizo referencia a su discurso de lucha anticorrupción, que ha sido bandera en su corta carrera política. “Colombia no puede dejar de soñar con sacar a patadas a los ladrones que hoy nos siguen gobernando, tenemos un país rico con un pueblo pobre, por culpa de los politiqueros bandidos”, escribió.

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Apartes de la audiencia en la que se reveló la condena, en marzo, le dieron la vuelta al país porque, antes de que el juez dictara sentencia, el ingeniero rompió en llanto y se refirió a su estado de salud. “Tengo cáncer terminal. De todo pensaba, menos terminar procesado por cosas que yo no hice”. En medio de la diligencia, agradeció al juez por permitirle ser atendido por un médico.

Una corta vida política

Hernández, un millonario empresario de la construcción de 78 años, que ha dedicado su vida a los negocios y las empresas, no hizo una larga carrera política. Con décadas de relaciones con los políticos locales como contratista público, y tras un breve paso por el concejo de su natal Piedecuesta en su juventud, regresó a las lides electorales a la alcaldía de Bucaramanga de 2015, como un outsider opositor a esa clase política local. Como alcalde se destacó por su conexión directa con la ciudadanía, en buena medida vía redes sociales, sus choques contra los políticos locales —incluyendo la famosa cachetada que dio en un video en vivo de Facebook al concejal opositor John Claros— y un manejo estricto de las finanzas de la quinta ciudad de Colombia. Gracias a ello, salió con un 85 % de popularidad entre la ciudadanía y logró dejar un sucesor en el cargo.

Ese impulso y esa manera de hacer política lejos de las estructuras tradicionales lo llevaron en 2021 a proyectar su candidatura presidencial, que al comienzo de la campaña apenas alcanzaba un 3% de intención de voto, concentrada en su natal Santander. Ese desconocido para el país terminó pisándole los talones al hoy jefe de Estado y ganando el cupo a la segunda vuelta frente a políticos más conocidos, como el hoy alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, o el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.

En la segunda vuelta, la derecha colombiana, los gremios y una parte del sector alternativo apoyaron a Hernández. Con la imagen de antipolítico y las banderas anticorrupción, se ganó la confianza de 10,5 millones de votantes en la segunda vuelta presidencial, rozando la victoria por apenas 700.000 votos de diferencia. Dos años después, tras un breve paso por el Senado de la República, hoy es otro político que termina condenado por corrupción.

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Valentina Parada Lugo
Periodista de EL PAÍS en Colombia y estudiante de la maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional. Trabajó en El Espectador en la Unidad Investigativa y en las secciones de paz y política. Ganadora del Premio Simón Bolívar en 2019 y 2022.
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