Un icono español en Polonia

Fernando Menis firma el nuevo auditorio de Torun, un edificio-roca acorde con la topografía de la ciudad medieval

¿Cómo levantar otro icono en una ciudad medieval Patrimonio Mundial? ¿Cómo asegurar que el nuevo auditorio soporte el paso del tiempo con el mismo estoicismo que la plaza mayor de la ciudad de Nicolás Copérnico lleva siete siglos desplegando? El arquitecto Fernando Menis (1951) solucionó esas dos cuestiones recurriendo a un edificio topográfico, una construcción vistosa que no molesta porque parece surgida del suelo, casi un accidente geográfico.

La construcción de 22.000 metros cuadrados acoge distintos usos

Trabajar la arquitectura como si fuera paisaje, como si fuera roca, es la especialidad de este tinerfeño autor del Centro Magma (2005), el Estadio Insular de Atletismo (2007) o la reciente Iglesia del Santísimo Redentor, en San Cristóbal de La Laguna. Al igual que el Auditorio Jordanki de Torun, a orillas del río Vístula y al norte de Polonia, todos esos edificios son tan escultóricos como telúricos, recuerdan apilamientos de piedras de grandes dimensiones y parecen más un lugar que un inmueble.

¿Cómo llega alguien con un sello tan volcánico a un pueblecito medieval polaco? La historia que hay detrás de este auditorio sería inconcebible hace sólo una década. Habla de normalidad y hábito de trabajar por el mundo, la misma que llevó al estudio barcelonés Barozzi & Veiga a levantar la Filarmónica de Szczecin por la que obtuvieron el Premio Mies van der Rohe. Refleja un sistema de trabajo alejado de las antiguas jerarquías. Desde que Artengo, Menis y Pastrana —el estudio con el que este arquitecto trabajó durante dos décadas— se disolviera en 2005, Menis pasa mucho más tiempo en el extranjero que en España. Este otoño, ha inaugurado una plaza en Suiza mientras en China construye también varios proyectos. Muchos de ellos pueden verse en la muestra Razón y emoción en los años difíciles, expuesta en la Fundación Caja Canarias de Santa Cruz. Entre todos, el Jordanki de Torun es el que mayor dedicación ha requerido.

El espacio tiene un sistema acústico que se adapta según el tipo de música

Fue la arquitecta polaca Karolina Mysiak, empleada en el estudio de Menis, la que insistió en que se presentaran al concurso. Su jefe la escuchó. Tras ganarlo, más de 60 profesionales han compartido un trabajo complejo que, a pesar de contar con salas de cámara y principal, además de salas de ensayo, vestíbulo y camerinos, no es un auditorio al uso. Está preparado para todo. Incluso para conciertos de pop o rock, ya que las butacas se retiran y la sala puede acoger a 2.000 espectadores.

Techo flexible

Por eso Menis explica que, “más allá de la burocracia”, en este proyecto de 22.000 metros construidos y 52 millones de euros de presupuesto, el reto de lograr una acústica variable ha marcado un hito en su trayectoria. “Hemos diseñado un techo flexible que puede disminuir drásticamente el volumen de la sala cuando es necesario. Eso modifica sus cualidades acústicas y permite la máxima flexibilidad en el uso del espacio”. Se necesitan dos horas para mover las piezas de hormigón mezclado con ladrillo rojo reciclado de Polonia y cenizas volcánicas. Esas piezas con forma y peso de roca —entre 11 y 20 toneladas— y sujetas mediante cinco puntos de anclaje modifican su altura y alteran el volumen de la sala cuando un sistema de motores con poleas las mueve. Eso modifica el tiempo de reverberación de 1,8 a 1,2 segundos. Menis asegura que para diseñar ese espacio cambiante la experiencia en la construcción del Magma en Adeje, al sur de Tenerife, fue clave.

El último fue en diciembre, cuando se inauguró el auditorio con el estreno de una pieza compuesta especialmente por Piotr Moss, discípulo de Krzistof Pendereck. En el interior, las rocas funcionaron como paneles acústicos. En el exterior, la nueva montaña se ha hecho un hueco junto a la muralla de la ciudad.