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Reportaje:MÚSICA

Pablo Guerrero, en plenitud

Cantautor de culto, acaso a su pesar, el mítico trovador de Esparragosa de Lares (Badajoz, 1946) regresa con Plata. Son doce canciones líricas e intimistas en las que su añosa voz desgrana versos apasionados sobre la condición femenina y otras manifestaciones del amor, arropado por un sonido plenamente contemporáneo.

Tarde de otoño en un café del Madrid periférico. En el rincón, el extremeño Pablo Guerrero, apura una taza con esa estampa suya tan valleinclanesca: rostro afilado, mirada pudorosa y barba entrecana que amarillea por efecto de una nicotina de la que ningún productor musical ha logrado apartarle. Un amigo le ha dicho que su nuevo disco, Plata (Dro), resulta quijotesco "porque habla de amor, magia y aventura", pero es el primero de los ingredientes el que, sin duda, prevalece en la fórmula definitiva. "El amor al que se referían los místicos existe. Todos hemos sentido la plenitud, siquiera en aquel instante en que nos enamoramos por primera vez", argumenta el trovador y poeta.

Plata acaricia al oyente con un poemario arrebatado y encendido, versos de belleza y hondura como ya casi no se escuchan en la canción de autor peninsular. "Quise buscar sonidos y climas pequeños, ambientes transparentes y austeros que sirvieran para arropar mis palabras. En ese sentido, ahora me siento más como un poeta que canta", asiente Guerrero. Y matiza: "He escrito pensando no sólo en el amor en pareja. También en el que siente una madre hacia un hijo, la niña por su muñeca o una viejecita por el gato. Todo eso es lo suficientemente importante como para no frivolizar".

Lejanos quedan los tiempos en los que cultivaba una canción más social y comprometida, desde su primera grabación, Amapolas y espigas (1969) a la pieza por la que aún hoy más le siguen preguntando, A cántaros (1972). "Fueron sólo unos pocos singles que ahora encuentro muy cándidos", admite. "En realidad, nunca me han gustado los discos politizados o reivindicativos. Ahora creo más en la evolución que en la revolución. El hombre terminará encontrando su esencia. Quizá suceda dentro de 5.000 años, pero sucederá. Y es el artista, sobre todo el poeta, quien más debe comprometerse en la lucha por esos cambios".

Creador minoritario pero de adhesiones inquebrantables, Pablo Guerrero ha podido reunir a un muy notable plantel de amigos para esta nueva entrega discográfica. Produce Luis Mendo (Suburbano), los arreglos son gentileza de Nacho Sáenz de Tejada; aportan sus voces Luz, Olga Román y Olga Manzano, y en la nómina de instrumentistas figuran Eduardo Laguillo, Luis Camino, Billy Villegas o Javier Palancar. "Me da pánico que me perciban como un autor de culto", protesta Guerrero. "El malditismo me horroriza. No escribo para minorías, sino para todo aquel que quiera escucharme, con independencia de generaciones, ideologías o clases sociales".

Llega el momento, pues, de aguzar el oído y prestar atención al poeta de voz singularísima. "En Plata he cantado sin trucos, con la voz tal y como es ahora: o sea, desgastada por el tiempo", admite. Y concluye: "También he pretendido que alguna canción merezca la consideración de bonita. Una canción es hermosa si intenta hacerse esencial; si es honesta y a la vez sencilla; si huye de lo pretencioso y resulta trascendente sin parecerlo. Y que a nadie se le olvide que lo bonito, a veces, puede hacer daño".

Pablo Guerrero presenta Plata el próximo 21 de octubre en la sala Galileo Galilei de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de octubre de 2005