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martes, 19 de abril de 2005

Hamilton, dos años sin correr

El ciclista de EE UU, suspendido por dopaje con transfusión sanguínea en la última Vuelta

Tyler Hamilton, de 34 años, comentaba esta semana pasada en el diario Los Angeles Times que su control antidopaje positivo por transfusión sanguínea en la pasada Vuelta a España, la primera en la historia de la lucha contra el dopaje, le había costado hasta el momento unos 700.00 dólares contando el lucro cesante -Hamilton fue despedido el 25 de noviembre pasado de su equipo, el suizo Phonak, que la pasada campaña dirigió Álvaro Pino- y los gastos que acarreaba su defensa.

A ese coste económico el ciclista deberá añadir desde anoche, siete meses después de su positivo, una suspensión de dos años, la máxima que permite el reglamento, impuesta por la Agencia Antidopaje de EE UU (USADA), después de que una comisión arbitral le encontrara culpable de dopaje. Hamilton no podrá volver a competir hasta el 17 de abril de 2007. Atrás quedan la medalla de oro que logró en la prueba de contrareloj de los últimos JJ OO, así como una etapa en el Tour de 2003 y otra en el Giro de 2002, años en que fue cuarto y segundo, respectivamente, en la general de ambas rondas, así como los cinco años (1996-2001) que militó en el US Postal de Armstrong, los dos en el CSC (2002-2003) y hasta llegar al Phonak.

Tyler Hamilton, que es el primer deportista sancionado desde que en julio pasado se pusiera a punto un método para detectar el dopaje sanguíneo, puede, sin embargo, alegrarse de mantener en su palmarés la medalla de oro olímpica. En el análisis practicado tras la prueba, en la citometría de flujo efectuada a una muestra de su sangre, también se detectaron anticuerpos de sangre de otra persona, pero el caso se invalidó, ya que inadvertidamente se congeló la muestra posteriormente y no pudo efectuarse el contraanálisis que confirmara el resultado.

La prueba principal -el análisis que mostraba la presencia de células de otra persona en su sangre- se vio reforzada ante el Comité de Arbitraje por las pruebas circunstanciales aportadas por la Unión Ciclista Internacional (UCI), que recordó que el pasado 10 de junio de 2004 ya envió una carta a Hamilton alertándole de que, debido a los anómalos resultados de los análisis sanguíneos a que se había sometido, era un deportista sospechoso al que controlarían muy estrechamente. Concretamente la UCI se refería a un hematocrito del 49,7% en la víspera del Tour de Romandía (el tope permitido es el 50%), a finales de abril de 2004, acompañado de un coeficiente de 132,9 (máximo permitido, 133) en la ecuación que relaciona reticulocitos (glóbulos rojos inmaduros, menores cuando hay manipulación) y hemoglobina (carga de oxígeno de los glóbulos rojos).

Según todos los expertos, el resultado del análisis de Hamilton sólo podría dejar de responder a una transfusión sanguínea si se debía a alguna de cuatro causas diferentes: trasplante de médula, enfermedad, gemelo desaparecido y quimerismo. Dado que las dos parecen poco consecuentes con la práctica del ciclismo a nivel profesional, Hamilton, que contó en su defensa con el experto en genética del MIT de Harvard -una de las universidades más prestigiosas del mundo- David Housman, se acogió a las dos últimas. Aunque reconoció que no tiene hermanos gemelos y que no tiene pruebas de que su feto conviviera en el útero materno con otro feto que vivió entre 10 y 12 semanas y luego murió, Hamilton planteó que, como apoyaba Housman, ese caso se da en uno de cada tres embarazos y que pudo perfectamente haberle pasado a él.

Según Housman, tal como prueban los estudios efectuados con niños gemelos enfermos de leucemia, entre los dos fetos pudo haber trasvase de células madre que se mantendrían en su organismo toda la vida. Los expertos del Comité de Arbitraje le respondieron que eso no es tan probable como dice y que en algunos análisis no se le ha observado tal mezcla de células.

Más extraño es aún el fenómeno del quimerismo -un humano o cualquier otro animal tiene dos poblaciones de células genéticamente diferentes-, que fue el último clavo al que se agarró Hamilton. De este fenómeno sólo se han conocido 100 casos en la historia y, en lo que a Hamilton se refiere, la existencia de análisis en los que sólo se observa un tipo de células, no ayudó a su tesis. La quimera tampoco cuajó.

Hamilton, en una etapa de la última Vuelta a España. / EFE

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