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El sector eólico achaca a Industria la pérdida de 18.000 empleos

Las normas para frenar la especulación en renovables paralizan el negocio

La Asociación Empresarial Eóli-ca (AEE) está que trina con el Ministerio de Industria. Más en concreto, con el secretario de Estado de Energía, Pedro Marín. A éste atribuye la decisión de modificar, en mayo de 2009, el marco regulatorio de las energías renovables para frenar la especulación en sectores inmaduros. Ese mes de mayo, un nuevo Real Decreto, el 6/2009, creó un "Registro de PreAsignación de retribución central" [una lista para filtrar las peticiones de subvención y frenar la especulación] y quitó las competencias de autorización de los parques eólicos a las comunidades autónomas. El cambio, señala la AEE, ha estrangulado el desarrollo del sector eólico y ha dejado fuera de cupo de instalación ocho gigavatios.

El ministerio cree que la nueva regulación asegura la estabilidad
Las empresas quieren recuperar el ritmo de los años 2004 a 2008

Resultado, según el presidente de AEE, José Donoso: 18.000 empleos perdidos en el sector entre puestos directos -más de 5.000- e indirectos. "Un shock regulatorio". Así define Donoso, director de desarrollo sectorial de la empresa Gamesa, y reelegido por dos años al frente de la asociación, el momento por el que atraviesa la actividad eólica. Según explica, en términos de empleo, está afectado el 25% del sector.

Plantas paralizadas, promociones en el aire y, sobre todo, incomprensión administrativa hacia un sector que oficialmente sigue siendo punta de lanza industrial para el país. Los datos que esgrime Donoso en defensa del sector, son rotundos. En 2009, la energía eólica (18.320 megavatios de potencia instalada) se consolidó como la tercera tecnología del sistema, tras los ciclos combinados. Cubrió el 14,3% de la demanda eléctrica y produjo 36.188 gigavatios por hora (78.364 GW las centrales de gas). A cambio, las empresas eólicas recibirán este año en primas alrededor de 1.200 millones de euros, el 20,3% del total previsto para las renovables.

Pero tras la pugna ministerio-empresas, normal en un contexto de caída de la demanda eléctrica, recesión y replanteamiento de planes hay más, mucho más. Así lo creen en el sector de las renovables, que atribuyen a las grandes compañías energéticas un indisimulado interés por frenar al sector y rentabilizar instalaciones cuyo funcionamiento -caso de las centrales de gas- ha caído a la mitad de horas en 2009.

¿Qué responde Industria? Un portavoz del ministerio niega la mayor. No hay paralización alguna. Incluso a pesar de la caída de la demanda energética, la apuesta del Gobierno por las renovables es mayor que nunca. "No sólo no lo hemos parado, sino que lo hemos asegurado para los próximos años a un ritmo alto y estable".

Gracias a los cambios regulatorios, señala el ministerio, el Gobierno ha conseguido otro objetivo en el sector: la estabilidad.

Siempre según Industria, en 2006, 2007 y 2008 la potencia eólica instalada fue de 1.595, 3.508 y 1.609 MW, respectivamente. Una serie con muchos saltos. En cambio, gracias a la nueva regulación se garantiza que el ritmo de instalación de la energía eólica será de 1.700 MW anuales hasta 2012. Sin vaivenes. Una cifra estable y algo superior a la media histórica del sector desde su despegue en el año 2000 (que es de 1.684 MW).

Frente a los números del Ministerio de Industria, la AEE propone recuperar el ritmo de instalación del periodo 2004-2008, adelantar la instalación de los 800 megavatios previstos en 2011 a este año (y los 900 previstos para 2012 a 2011), así como la inscripción inmediata en el nuevo registro de los parques con acta de puesta en funcionamiento anterior al 30 de abril de 2010 y no registrados. Y como gran remate: un nuevo plan de energías renovables para el periodo 2011-2020 que incluya 40.000 megavatios eólicos en tierra y 5.000 marinos.

¿Irreal? Al examinar el presente y el futuro del sector, Donoso, el reelegido presidente de AEE cita la conocida sentencia de Gandhi: "Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan". Puede ser una simple cuestión de modestia, pero olvida el final de la cita: "Entonces ganas".

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