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Los problemas del sector financiero

La banca alerta de un corte del crédito

El Banco de España desoye las quejas del sector e implanta una contabilidad más severa con los morosos, que frenará los préstamos a empresas

Íñigo de Barrón

Malos tiempos para las empresas que necesiten créditos. A los conocidos problemas de falta de liquidez para bancos y cajas, se añade ahora una nueva y más exigente normativa para los préstamos. La semana próxima el Banco de España tiene previsto hacerla oficial. Según los bancos, causará un encarecimiento y un corte del crédito. El motivo, según las entidades, es que se volverán más selectivos para conceder préstamos sin garantías reales: sin poner inmuebles, dinero o acciones como avales. Habitualmente estos créditos son los que piden las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las sociedades de mayor tamaño, así como los que se destinan al consumo (coches, viajes, electrodomésticos, etcétera).

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Las cajas, que tienen menos negocio de empresas y consumo, no consideran que la nueva normativa les perjudique especialmente.

"No cabe duda de que el Banco de España separa radicalmente los créditos con y sin garantías reales, y penaliza estos últimos, que son los que piden las empresas. A partir de ahora, subirán los precios de los préstamos empresariales por el peligro de impago", dice Joaquín Maudos, miembro del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas IVIE y profesor de la Universidad de Valencia.

La razón del endurecimiento de las condiciones hay que buscarla en el acortamiento del calendario de los créditos impagados. Cuando un cliente no devuelve el dinero prestado, la entidad tiene que ir sacando de su beneficio la parte que le ha dejado a deber y acumularla en una cuenta. Es lo que se denomina provisionar un crédito.

Hasta ahora, el banco o la caja "tenía entre 24 y 72 meses para realizar la provisión desde que se calificaba de dudoso", es decir, desde que pasaban 90 días sin atender el pago, como decía el Banco de España en una nota. Estos largos plazos "daban la oportunidad de negociar una salida con la empresa que estaba pasando un momento de apuro, si de verdad era un buen cliente; ahora, con menos tiempo, es más difícil buscar una salida. Por eso, a partir de ahora los bancos se pensarán más a quién dejan el dinero porque saben que hay menos capacidad de maniobra si llegan los problemas, algo habitual en un momento como este", comenta el responsable comercial de una entidad financiera que pide mantener el anonimato. Nadie ha calculado con precisión en cuánto pueden caer los créditos, ya que la norma todavía no está funcionando.

"Para cubrir los préstamos morosos, el nuevo proyecto de circular unifica los diferentes calendarios de provisiones en uno solo, que garantiza la cobertura total del riesgo una vez transcurridos 12 meses. Con ello se recorta sustancialmente el periodo de tiempo para provisionar los préstamos", apunta el supervisor. Es decir, si antes el plazo era de 24 o 72 meses para quitar parte de los beneficios y tapar el agujero dejado por un moroso, ahora son 12. Es cierto que no se provisiona todo de golpe: a los seis meses del impago se coloca el 25% del préstamo moroso; entre seis y nueve, el 50%; entre nueve y 12, el 75% y, al superar el año, el 100%. "Es difícil encontrar un calendario perfecto en provisiones, pero este sistema perjudica a las empresas porque en un año casi no hay tiempo para renegociar una deuda. Sobre todo si es una empresa mediana o grande, con varias entidades implicadas", dice Íñigo Vega, analista de Iberian Equities.

Los bancos han pedido al supervisor que sea más flexible en esta norma. De hecho, a algunos de ellos les solicitó simulaciones para ver el efecto que tendría si acortaba el plazo hasta 18 meses. Tras entregarles los resultados, la sorpresa fue grande cuando vieron que la nueva circular establecía el año como plazo máximo para provisionar el crédito impagado. El 26 de mayo pasado, el Banco de España anunció que sometía a consultas el nuevo texto. El plazo ya ha terminado y, según fuentes de toda solvencia, no habrá modificaciones de importancia sobre el texto inicial.

Cuando presentó las nuevas reglas de juego, el organismo que dirige Miguel Ángel Fernández Ordóñez explicó que, si bien se endurecía el calendario de provisiones, también aliviaba otras normas, que eran un clamor en el sector desde hacía años. En este sentido, acabó con la obligación de provisionar el 100% de un crédito aunque tuviera como garantía un piso o una oficina. Es decir, dio valor a estas garantías -con una escala en la que valen más las viviendas y menos los solares- para restar esfuerzo en las provisiones.

"No cabe duda de que esos cambios nos favorecen", dice el responsable de normativa de un banco mediano. "Sin embargo, tienen dos efectos perversos: por un lado, estaremos más dispuestos a prestar al que ponga inmuebles como garantías y no al que tenga más capacidad de devolución del préstamo. Por otro lado, los bancos podemos acabar quedándonos con muchos inmuebles y, si ocurre, se cerrará más el grifo del crédito para cortar esta tendencia".

¿Qué busca el Banco de España con este movimiento? Las entidades coinciden en señalar que el objetivo es que se hagan más fuertes, al contar con más dotaciones. Este factor se debería valorar mucho por los mercados en un momento como este, cuando todos dudan de todos y no se prestan ni un euro.

"Es cierto que se reforzarán los bancos, pero el momento elegido por el supervisor no es el más adecuado porque puede debilitar la economía", apunta Maudos. Sin embargo, este profesor alaba el cambio por el que se gravan progresivamente las cargas por quedarse inmuebles en el balance. "Es una buena forma de que salgan los pisos de la banca al mercado a precios más bajos y se racionalice el mercado", dice.

Los bancos también han pedido otros cambios al supervisor: que no se tome como referencia el valor de escritura para los bienes hipotecados y que no se infravaloren las viviendas que no son residencia habitual solo por este hecho. "El piso no vale menos, aunque haya mayor riesgo de impago si no es la primera vivienda", dicen en el sector.

Desde las entidades se insiste en la inoportunidad de la mayor severidad en las provisiones. "Esta norma alimenta el bucle maldito: más dotaciones, menos créditos, menos crecimiento económico, menos ingresos financieros, más morosidad, y, otra vez, más provisiones". Los ejecutivos más directos creen que el Banco de España solo mira por la fortaleza del sector, pero eso no es lo que más interesa ahora a una economía en recuperación "y tampoco al Gobierno", apuntan otros. "Parece que no se han puesto de acuerdo y cada uno vela por sus intereses", añaden.

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Sobre la firma

Íñigo de Barrón
Es corresponsal financiero de EL PAÍS y lleva casi dos décadas cubriendo la evolución del sistema bancario y las crisis que lo han transformado. Es autor de El hundimiento de la banca y en su cuenta de Twitter afirma que "saber de economía hace más fuertes a los ciudadanos". Antes trabajó en Expansión, Actualidad Económica, Europa Press y Deia.

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