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Reportaje:36ª jornada de Liga

Un Barça de lo más normal

Guardiola no perdona las multas a un equipo que no pierde de vista la realidad

Jordi Quixano

Para Guardiola, técnico del Barça, era prioritario instaurar unas normas. No sólo quería erradicar la complacencia y la desidia que existía en el vestuario anterior con Frank Rijkaard, sino que con la marcha de Ronaldinho y Deco, entre otros, quiso dar una vuelta definitiva de tuerca. Lo primero fue hacer jornadas intensas, al estilo del Milan en Milanello, el Chelsea en Cobham o el Tottenham en Chigwell; se trataba de que los futbolistas llegaran a primera hora de la mañana para desayunar en compañía y comieran, después del entrenamiento, en el restaurante del estadio. "Todo será mejor en la ciudad deportiva", auguró Guardiola hace unos meses. "Y no hay nadie descontento con el cambio", esgrimen ahora desde el vestuario. Se ha creado un grupo que, encima, es de lo más normal.

No es raro que parte de la plantilla como con el cuerpo técnico o los masajistas

Guardiola inició ayer el entrenamiento con una breve charla con Puyol a un lado del césped. Entonces, aparecieron Gudjohnsen y Alves, un poco sofocados pero con la risa en la boca, y un poco más rezagados, Messi y Touré. Un minuto más tarde, aparecieron en escena Xavi y Eto'o. A lo que Guardiola respondió señalándose el reloj de la muñeca. "Tendremos que rascarnos el bolsillo", admitió Touré. La multa no será como la precedente, cuando todo el equipo llegó tarde cinco minutos al campo -que no al recinto- y la reprimenda del técnico se zanjó con 600 euros. Esta multa rondará los 100 euros, que se destinarán, como las demás sanciones, a una ONG. No se sabe cuál, por más que en el club tengan carpetas llenas de peticiones de ONG, atraídas cuando se hizo pública la intención del Barça.

Cuando el Barça celebró el título de Copa, en el hotel de Mestalla parecía que hubiera una boda más que un equipo de fútbol; estaban las familias, correteaban los niños y todo era de lo más normal. Así es el equipo, con Iniesta como paradigma de la normalidad, incapaz de crear aversión en el Bernabéu o en otros estadios. A nadie extraña que Bojan estudie esta semana sus exámenes de 2º de bachillerato, que Márquez lleve a su novia (la actriz Jaydy Mitchell) a los entrenamientos, que Piqué se apuntara a un curso de guitarra, que Busquets estudie INEF o que Pinto se matricule en un curso de técnico de sonido. Tampoco es raro que coman o cenen juntos parte de la plantilla con el técnico, con los auxiliares o con los masajistas. Por más éxitos que tengan y con la posibilidad del triplete (Copa, Liga y Liga de Campeones) a la vuelta de la esquina, la plantilla se refugia en la realidad cotidiana.

Pero ayer, una noticia dio que hablar: la candidatura de Florentino Pérez para asumir de nuevo la presidencia del Madrid encontró eco en el Barça. "Le agradecería que no se dedicara a distorsionar o intentar desestabilizar al club", señaló Joan Laporta, presidente azulgrana, "porque no lo conseguirá y no le merece la pena". A Johan Cruyff, sin embargo, le gustaría que el Madrid regresara a la élite futbolística. "Cuando hay dos o más equipos arriba, hay competición", aseveró; "y si Florentino puede hacerlo, encantado".

Cruyff, técnico de Guardiola en la época del dream team, no quiso ponerse medallas en este proyecto. "Pep ha puesto a todo el mundo en fila y eso se ve en el rendimiento". Y aclaró su relación con el Barça. "Cuando tiene alguna duda [Guardiola], hablamos de la duda", aseguró; "doy mi opinión, no consejos. Y luego ellos hacen lo que quieren. Los que trabajan cada día en el club tienen el peso del triunfo".

Los jugadores del Barça, ayer durante el entrenamiento.
Los jugadores del Barça, ayer durante el entrenamiento.EFE

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